Se ha hablado mucho de la “precarización” de las relaciones laborales con motivo de la llegada de nuevas formas de trabajo

  • 28 febrero, 2019

Por: Enrique Uribe

Se ha hablado mucho de la “precarización” de las relaciones laborales con motivo de la llegada de nuevas formas de trabajo, a través de plataformas tecnológicas como Uber, Cabify o los diversos servicios de reparto a domicilio que han surgido en los últimos años. Cada una de ellas se aleja de las rígidas normas que prescribe el Código del Trabajo.

Dicho cuerpo legal define a un trabajador dependiente como aquella persona que presta servicios a un empleador bajo un vínculo de subordinación y dependencia, quien se obliga a pagar por aquello una remuneración determinada.

Este vínculo no está definido por el Código del Trabajo, pero los Tribunales de Justicia y la Dirección del Trabajo, a través de la jurisprudencia judicial y administrativa, han establecido determinados elementos que, de existir, generan una relación laboral y, por lo tanto, un contrato de trabajo, con los derechos y obligaciones propios de esa relación jurídica.

Entre estos elementos –no excluyentes entre ellos– está la obligatoriedad de asistencia, el cumplimiento de un horario, la supervisión y la instrucción de cómo realizar una labor determinada. No obstante lo anterior, la existencia o inexistencia de una relación laboral debe analizarse en cada caso.

En cuanto a las relaciones que se generan entre la aplicación –o la empresa de plataforma tecnológica– y quienes prestan servicios a través de esta, no quedarían afectos a un contrato de trabajo, ya que, generalmente, se trata de relaciones esporádicas, sin horario específico ni obligación de asistencia.

Esta libertad entusiasma a quienes realizan esta labor, especialmente universitarios, quienes pueden trabajar cuando sus estudios lo permitan. Una excelente oportunidad también para quienes han perdido su trabajo.

Se dice que estas prestaciones serían más dinámicas en el futuro y que ello obligaría a revisar las normas para que el trabajo se realice de manera protegida, pero es el propio Código del Trabajo el que los deja fuera de su normativa.

Entonces, ¿son las nuevas aplicaciones las responsables de la precarización del trabajo? Definitivamente no, pues en Chile existe un trabajo precario dado por aquellos trabajadores independientes que no cuentan con cobertura de salud y seguridad alguna.

Esta discusión se traslada entonces en cómo solucionar y proteger no solo a quienes se desempeñan en estas “apps”, sino que a los miles de trabajadores independientes de nuestro país. Lo importante no es que se encuentren sujetos a las normas del Código del Trabajo, pues rigidizaría y haría imposible su desempeño, sino que estén cubiertos frente a accidentes del trabajo, enfermedades profesionales y que parte de su ingreso se destine a cubrir contingencias de seguridad social y salud.

Ya entró en vigencia la ley que regula las cotizaciones previsionales de los independientes a honorarios, pero aún queda extender la protección para tener una jubilación digna en el futuro a toda persona que trabaje de manera liberal.

La masificación de estas aplicaciones permitiría ejercer un mayor control sobre la materia, a diferencia de lo que ha ocurrido, hasta ahora, con trabajadores por cuenta propia como choferes de taxis tradicionales o radiotaxis, jardineros y dueños de quioscos, cuya situación de precariedad previsional no ha sido abordada.

Es clave no llegar al extremo de regular su actividad por medio del Código del Trabajo, ya que ello podría dejarlos con costos que no les permitirían competir y con una rigidez que, en la mayoría de los casos, es resistida por quienes ejercen esta clase de funciones.