En su undécima versión, el ranking de las 100 mayores empresas del país distingue nuevamente a las mejores de ellas para invertir. Se trata de un puñado de compañías que sus propias cifras o el mercado identifican como las de mayor creación de valor, las preferidas y de mejor relación con los inversionistas y, por cierto, las de mayor rentabilidad bursátil.

Se trata de un reconocimiento que tiene una génesis fundamentalmente estadística. Hay detrás de él un arduo trabajo de cifras y depuración de datos. Nuestro reporte, de hecho, consigna notas metodológicas, a fin de asegurar que no se cometen ni errores ni arbitrariedades. Es más, incluso, el en cierta forma cualitativo premio a los mejores “investor relation” se basa en una rigurosa encuesta a los agentes del mercado.

Pero a no confundirse. Muchas de las mejores empresas para invertir que hoy distinguimos son las mismas que, coincidentemente, llevan años disputando los primeros lugares y las mismas que con extraordinaria frecuencia también sobresalen en muchas otras mediciones de calidad de gobiernos corporativos, sustentabilidad, calidad de servicio, RSE y reputación corporativa, entre otros.

Junto a Santander GBM, nuestros históricos socios en este ranking, en revista Capital estamos seguros de que aquello no es casualidad, como tampoco lo están en varias instituciones (como la red Pacto Global ligada a las Naciones Unidas) que han constatado a nivel mundial la altísima correlación que existe entre valorización de las empresas y mejores políticas corporativas y de relación con sus grupos de interés.

Y es que la forma de hacer empresa ha evolucionado en el tiempo, como lo han hecho tantas otras expresiones del quehacer humano organizado. La maximización de la utilidad (a cualquier precio, dirían algunos) del accionista es algo que las compañías más maduras, de mayor trayectoria y de mayor escala, superaron hace mucho. No es que no busquen un legítimo retorno a la inversión hecha y acorde al riesgo asumido. Para nada. Por cierto que lo hacen, pero con una visión de largo plazo, amoldada a un entorno (regulatorio, político y social) más denso y exigente y en el convencimiento de que hacer empresa es una carrera de fondo y no una de velocidad.

Hace ya bastante rato corren tiempos en que el devenir de las empresas progresa por un derrotero que les ha impuesto y en donde se han autoimpuesto mayores exigencias. Un entorno que hasta hoy no las ha inhibido a la hora de invertir, crear empleos y riqueza, porque sus conductores saben que de eso se trata el juego del progreso. La historia humana, en donde la empresa se inscribe probablemente como la institución más innovadora y eficaz en la generación de progreso y prosperidad de la sociedad, así lo demuestra y por eso en Capital y Santander GBM no nos quedamos cortos a la hora de distinguirlas e incentivarlas a seguir creando valor y a seguir siendo las mejores empresas para invertir en Chile. •••