Por: María José Gutiérrez Ilustración: Ignacio Schiefelbein 27.700 m2 de terreno subdivididos en tres lotes. Uno con dos torres de 6 pisos y 130 oficinas, 3 subterráneos, minibodegas y 12 locales comerciales. Otro de 10.000 m2 con 36 departamentos de lujo. Y un tercero de 7.200 metros cuadrados, con centro médico, supermercado y strip center […]

  • 17 agosto, 2017

Por: María José Gutiérrez
Ilustración: Ignacio Schiefelbein

27.700 m2 de terreno subdivididos en tres lotes. Uno con dos torres de 6 pisos y 130 oficinas, 3 subterráneos, minibodegas y 12 locales comerciales. Otro de 10.000 m2 con 36 departamentos de lujo. Y un tercero de 7.200 metros cuadrados, con centro médico, supermercado y strip center de dos pisos. Todo esto ubicado en el último paño comercial urbanizado de La Dehesa. Eso fue lo que encandiló a diversos inversionistas, que hoy, tras la quiebra de Fernández Wood, viven las consecuencias. Aquí contamos tres capítulos de los damnificados del frustrado proyecto estrella de la inmobiliaria.

Capítulo 1: Inocencia robada

Rodrigo Landea (37) y Juan Pablo Roselló (36) siempre soñaron con emprender juntos. Mientras uno estudiaba un MBA y el otro un LLM en Estados Unidos pimponearon distintas alternativas de negocios. Hasta que dieron en el clavo: desarrollar un negocio de minibodegas (o self storage), algo que en Estados Unidos estaba cobrando fuerza y que en Chile recién partía. De vuelta en Chile sumaron al proyecto a Matías Peró (37), gerente de bodegas San Francisco y amigo de ambos, y pusieron manos a la obra. Era 2015.

Aterrizaron en la mesa de Fernández Wood (FW) por Martín Krauss. El antiguo dueño de la óptica Rotter & Krauss y conocido de Roselló era cercano a Rodrigo Gana, entonces gerente general corporativo. Krauss había desarrollado algunos proyectos con la empresa y sabía que tenían una iniciativa en carpeta donde podrían entrar con las bodegas.

En la reunión donde participó Alejandro Videla, gerente general de Vertical –la inmobiliaria que tiene FW con Aconcagua para el desarrollo de oficinas–; Francisco Suric, gerente general de Activos y Rentas, y Gana, los ejecutivos de FW les cuentan que tienen un proyecto en La Dehesa que contará con departamentos, stripcenter y oficinas.

Y que en éstas últimas tienen pensado habilitar minibodegas en 7.700 metros cuadrados del subterráneo. Les dicen que ellos no tienen experiencia en ese tipo de proyectos, así que podrían desarrollarlo en conjunto. La fórmula: a través de una sociedad a medias, Ubox, donde Landea, Roselló y Peró se encargarían de la operación.

En noviembre de 2015, el proyecto toma forma. Videla les dice que la plata debe estar en la cuenta corriente de FW Corp antes del 24 de diciembre. Y les sugiere que, en vez de hacer la compra directa del terreno a la Constructora Pie Andino (CPA) –sociedad a cargo del proyecto de oficinas, donde participaba FW y Aconcagua en partes iguales–, lo hicieran a través de una cesión de promesa con Fernández Wood Desarrollos 2 (FWD2) y que ésta, a su vez, tendría la promesa con CPA.

Así, el 24 de diciembre Ubox firmó la cesión de promesa y se comprometió a desembolsar un adelanto de 13.000 UF. De ésas, 6.500 UF las pagaría FW y las 6.500 UF restantes Capital Storage SpA, la sociedad de los tres amigos.

La póliza

Tras la salida de Rodrigo Gana, Bernardo Domínguez, sobrino de Juan Eduardo Errázuriz, asumió como gerente general de FW Corp y José Tomás Errázuriz Domínguez como gerente de Administración y Finanzas. Landea tenía una relación especial con los nuevos ejecutivos: su mujer tenía un vínculo familiar con ambos.

El 13 de enero de 2016 se hizo efectivo el pago de las 13 mil UF de Ubox a FWD2, con un cheque firmado por Landea y Domínguez que nunca ingresaría a CPA.
En marzo de 2016, a través de terceros, los socios de Capital Storage tomaron conocimiento de posibles complicaciones financieras en que se encontraba la constructora. Empezaron a preocuparse: ya se había efectuado el pago de las 6.500 UF, sin garantía. En el directorio de Ubox de abril de ese año, Domínguez les reconoció que efectivamente la compañía estaba pasando por un momento difícil, pero que se solucionaría y que harían lo necesario por salir adelante, que estuvieran tranquilos.

Días más tarde, los tres amigos les pidieron a Domínguez y Suric que se les constituyera una póliza de venta en verde que es exigida por ley. “Domínguez fue muy evasivo y los tramitó, les dijo que la situación con los bancos y compañías de seguro estaba complicada, que esperaran”, relata un cercano a la operación.

Les pidieron entonces que se les entregara una hipoteca sobre algún departamento de similar valor en algún otro proyecto del grupo como respaldo. Nunca tuvieron respuesta.
“Ahí nos preguntamos por primera vez. ¿Y si FW no cumple?”, dice Roselló.

Ellos sabían que el hoyo financiero venía de la constructora, pero creían que el resto de la empresa se salvaría. Estaban confiados de que había una relación familiar de por medio y estaba la idea de que –aunque indirectamente– detrás de FW estaba Juan Eduardo Errázuriz, y que un empresario de su envergadura no dejaría caer una compañía producto de una mala gestión, reconocen.

Entremedio, Landea, como gerente de Ubox, buscaba terrenos en La Reina y Chamisero para hacer nuevos desarrollos. Los presentaba en los directorios y Domínguez los dilataba, les decía que tenía que validarlo con el backoffice de FW y el directorio.

En julio, Capital Storage ofreció a FW comprar su participación en la sociedad para quedar liberados para desarrollar proyectos adicionales a Pie Andino, que estaba estancado. Pero Domínguez no quería vender. “Nos pedía tiempo, decía que miraba con buenos ojos el negocio de minibodegas y que creía en nosotros, que éramos gente nueva, joven y honesta y que traíamos aire fresco a la compañía, que lo necesitaba mucho”, señala Peró.

A fines de octubre de 2016, Peró y Roselló volvieron a reunirse con Domínguez, quien días antes les había dicho que disolvieran la sociedad y determinaran los montos a pagar.

El tema de la reunión era acordar el costo de salida. La opción que les propuso fue descontarles a las 6.500 UF los flujos futuros que ellos hicieran por su cuenta. La reunión terminó con gritos y golpes en la mesa. Y sin acuerdo.

El 28 de octubre, Roselló mandó un mail a Domínguez indicándole que la relación de socios se limitaría solamente al proyecto Pie Andino. Que la operación de Ubox terminaría el 30 de ese mes, y que se terminaba el contrato de trabajo con Rodrigo Landea, gerente general de la sociedad.

El 8 de noviembre, Roselló volvió a enfrentar a Domínguez: le pidió resolver la cesión de promesa, siempre y cuando les devolvieran “un precio justo”. La respuesta fue negativa.

“Nunca pensamos que esto pudiera traer como objetivo ganar tiempo mientras preparaba una solicitud de quiebra voluntaria”, dice Peró.

La cesión de promesa vencía el 30 de enero de 2017 y existía la opción de salida, en caso de que en julio de 2016 no se hubiese comenzado la faena de exploración. Aferrándose a eso, el 10 de enero Landea se reunió personalmente con José Tomás Errázuriz a plantearle la situación que enfrentaban y acordaron que ejercerían su opción de salida. El 12 de ese mes, el ejecutivo les mandó un mail a Domínguez y Errázuriz exponiéndoles los antecedentes jurídicos que le daban derecho a una solicitud de devolución de las 6.500 UF.

Tampoco recibió respuesta.

El 16 de enero, a las 7 pm, Domínguez llama a Landea y le dice que FWC presentará su solicitud de quiebra voluntaria en tribunales al día siguiente. Y que, a partir de entonces, tendrá que entenderse con el liquidador.

Capítulo 2: La repartija

Cuando los dueños de Fernández Wood compraron el terreno en octubre de 2015 lo hicieron a través de Constructora Altri, sociedad perteneciente a los mismos dueños de FW Corp, donde participaban los ocho hijos de Juan Eduardo Errázuriz, además de Vicente Aresti, Alejandro Irarrázaval y Pedro Pablo Errázuriz. “Era una sociedad antigua que hacía algunos proyectos o compraba terrenos, ya que las matrices nunca compran directamente. Pero estas sociedades no son empresas con personas y patrimonio, son sólo un RUT, y el trabajo y los recursos los ponen las matrices”, asegura una persona que participó en el proceso.

Así, Altri compraría el terreno, lo subdividiría en tres y lo vendería ganando una comisión de mercado. Un tercio sería comprado por FW y la familia Eblen para desarrollar departamentos; otro por Activos y Rentas (de FW) e IFB para desarrollar un stripcenter con supermercado, y el tercer terreno lo compraría 50% Vertical –filial de FW y Aconcagua–, 25% Martín Krauss y 25% Aconcagua de manera directa, para lo cual constituyeron la sociedad Constructora Pie Andino. En este tercio se desarrollarían edificios de oficinas de seis pisos con las minibodegas en el subterráneo.

En 2015, el proyecto de oficinas fue ofrecido a Inmobiliaria Vertical. Era una alianza casi obvia porque desde hacía algunos años que Aconcagua y FW desarrollaban proyectos de oficinas juntos a través de esta sociedad. Vista Kennedy, Vista Montemar, en Reñaca, Pastrana, eran todos proyectos que funcionaban con la gestión de Vertical y el backoffice de Fernández Wood.

A fines de ese año, Constructora Pie Andino desembolsó cerca de 46 mil UF, como anticipo de una promesa con Altri por la compra de ese lote del terreno.

Dado que Aconcagua no participaría en el negocio de las minibodegas, CPA firmó con Fernández Wood Desarrollos 2 (FWD2) una promesa de venta del subterráneo para desarrollar ese negocio.

Las oficinas, como el resto del proyecto, nunca vieron la luz. El 30 de junio pasado se venció el plazo para que Constructora Pie Andino firmara la compraventa con Altri, y como ésta no cumplió con las condiciones requeridas para el desarrollo del proyecto, Pie Andino exigió el reembolso de las 46 mil UF aportadas. Llegada la fecha, le mandó una carta a la sociedad pidiendo la restitución de los dineros por incumplimiento de contrato. No ha recibido respuesta.

Cercanos al proceso de quiebra de FW aseguran que Altri está enfrentando dificultades económicas. De hecho, verificó créditos por sobre 3.625.000 millones de pesos divididos en ocho préstamos realizados a la constructora FW entre noviembre de 2015 y enero de 2016. Sin embargo, en el mercado se especula que no la dejarán caer porque tiene en sus manos un proyecto que vale oro: el terreno.

Fuentes cercanas a Aconcagua aseguran que se enteraron de que sus socios no andaban bien a comienzos de 2016 por las publicaciones aparecidas en la prensa.

Pie Andino tampoco tiene pólizas asociadas al proyecto. “En negocios normales pides garantías. Cuando lo haces con socios, confías”, aseguran en Aconcagua. “Ahora hay que seguir adelante con la solicitud de restitución del pago”.

Capítulo 3: Los salvados

Tras la quiebra de FW, tanto la familia Montes –antigua dueña del terreno– como los liquidadores, han recibido llamadas preguntando por el paño. Es una especie de joyita, uno de los cuatro terrenos comerciales que quedan en La Dehesa y el único que ya está urbanizado, explica una persona que lo conoce.

A comienzos de 2015, la familia dueña decidió vender tres hectáreas en la zona de Pie Andino, Los Trapenses.

Patio, Rentas Falabella y Fernández Wood manifestaron su interés, y dos de ellos ofertaron. Aunque no fue la apuesta más alta –porque la otra se hizo fuera de plazo–, la inmobiliaria ligada a la familia Errázuriz y Vicente Aresti se la adjudicó. Ambos grupos ya habían hecho negocios juntos: los Montes les habían vendido un paño en la zona de Las Hualtatas donde desarrollaron un proyecto de casas de lujo hace algunos años. La experiencia había sido buena.

La negociación la hizo Francisco Suric y en el cierre participó Rodrigo Gana. El 19 de octubre de 2015, Alto Los Nogales vendió a Constructora Altri el terreno en 416.076,45 UF, equivalentes a más de 10.585 millones de pesos. El vendedor se comprometía a entregar todo el paño urbanizado. Y Altri, por su parte, se financiaría a través de Bci y HDI Seguros.

El pago se estableció en tres cuotas: la primera al contado y las otras dos en plazo a uno y dos años. Cercanos a la operación comentan que los pagos están al día.

¿Qué pasó con los otros socios?

La familia Eblen para ir de socia en el proyecto de departamentos firmó un pagaré y puso 5 mil UF de pie. Sin embargo, nunca firmó el traspaso de acciones con FW. El año pasado, demandó a la compañía y cobró judicialmente el total de los montos.

En el proyecto de stripcenter, IFB tenía una póliza de seguro por 13 mil UF que fue cobrada justo antes de la quiebra.

Martín Krauss, que había invertido 12.000 UF en CPA como socio de Vertical y Aconcagua, salió del negocio en mayo de 2016 y le fue devuelta su plata. FW compró su 25%.