• 6 mayo, 2011



A los empresarios que me leen los invito a sumarse. Aquí hay un espacio concreto para ser artífices -desde sus realidades- de la mejora de nuestro sistema educativo.


Las dos últimas campañas presidenciales dan cuenta de que la educación se instaló como un eje central de gobierno. De manera transversal, en el discurso político se hace evidente la relevancia que tiene para el desarrollo del país contar con una fuerza de trabajo más, mejor y equitativamente educada. Ya nadie se atrevería a poner en duda que esto tiene claros beneficios en términos de productividad, equidad y movilidad social. Todo esto es parte de un proceso de toma de conciencia en el que ya llevamos más de 20 años. Desde 1990 a la fecha se realizó una serie de reformas en el sector educacional: evaluación e incentivos a profesores, jornada escolar completa, subvención preferencial, etc. La evidencia disponible da cuenta de efectos pequeños asociados a las distintas intervenciones. Sin embargo, el conjunto de las mismas estaría entregando ciertas señales positivas respecto del rendimiento académico de nuestros alumnos. En efecto, en 2000, cuando Chile participó en la prueba internacional PISA, el rendimiento de nuestros alumnos estuvo por debajo de lo esperado al relacionarlo con el ingreso per cápita. En otras palabras: dado el nivel de ingreso per cápita del país en 2000, los alumnos chilenos rendían por debajo de su valor esperado y lo mismo ocurría con el resto de los países de América latina. Sin embargo, en la misma medición del año 2009, Chile mostró una de las mejoras más significativas entre los países participantes, alcanzando un rendimiento acorde con el esperado según nuestro ingreso per cápita. Lo cual no está nada mal; sobre todo, si consideramos que tenemos una distribución muy desigual de los ingresos y de los resultados educacionales.

Por otra parte, los resultados de la última prueba SIMCE muestran un patrón similar. Los rendimientos académicos, en especial de escuelas municipales, mejoraron respecto de mediciones previas. La evidencia preliminar sugiere que las escuelas que se vieron favorecidas participaron de la subvención preferencial. Una mezcla de presión por mejores resultados, interés de la comunidad en su conjunto y apoyo humano y financiero habrían facilitado esta mejora de resultados.

El camino recorrido es alentador, pero insuficiente. Chile requiere mejorar su capital humano para obtener ganancias de productividad que favorezcan la innovación, la equidad y el crecimiento económico. Por ello, es importante no sólo mantener sino apurar el ritmo con buenas políticas educacionales. Para ello, la sociedad en su conjunto debiera tener como norte la educación de nuestros niños. Acá todos los actores tienen cabida: profesores, alumnos, empresarios, ONGs, etc. Dentro del mundo privado, quisiera destacar la labor de Enseña Chile, que incorpora a profesionales de excelencia como profesores en salas de clases con alumnos vulnerables y con la misión de hacer transformaciones significativas desde la sala.

El impacto de estos profesionales en el sistema tiene diferentes dimensiones, incluidas algunas que aún no se han medido, como el incremento que se evidencia en postulaciones a carreras universitarias entre los alumnos y el aumento de la autoconfianza y metas personales que hay detrás de eso. Pero el último SIMCE dio luces del impacto que este programa ejerce a nivel académico, y ello lo ilustran muy bien los 54 puntos de aumento en matemáticas del 2º medio de la escuela rural Tierra de Esperanza de Neltume, región de Los Ríos. Estos resultados se dieron en similitud de condiciones con los de otras escuelas similares y en ellos la única diferencia significativa entre una medición y otra es la presencia de Catherine Sepúlveda, ingeniera civil de la generación Enseña Chile 2010. Notable.

La otra particularidad de estas iniciativas es la diversidad de impactos que generan. Los que tienen que ver con el aprendizaje de los niños y sus motivaciones son más evidentes; pero también hay que considerar la forma en que el cambio de mirada de estos profesionales impacta más tarde en sus ámbitos laborales. Un periodista, un ingeniero o un científico que hayan pasado por salas de clases en entornos vulnerables necesariamente incorporan visiones enriquecidas a cualquier ámbito. Son visiones que necesita un país para alcanzar el desarrollo.

Y para influir en entornos diversos, estos programas requieren del apoyo de actores sociales diversos. Este proyecto en particular necesita contar con la validación del mundo empresarial, y ello implica que la experiencia complementaria de pasar 2 años liderando una sala de clases sea valorada en el mercado laboral, tal y como es valorada en Estados Unidos, donde Teach for America –modelo que inspiró a Enseña Chile– es reconocido como uno de los 10 mejores lugares para iniciar una carrera profesional con proyección de largo plazo.

A los empresarios que me leen los invito a sumarse. Aquí hay un espacio concreto para ser artífices –desde sus realidades– de la mejora de nuestro sistema educativo y, de paso, la oportunidad de captar profesionales de excelencia, con capacidad de liderazgo a toda prueba y con la visión que necesita Chile para ser tierra de esperanza.