No pasó mucho tiempo para encontrarme con el machismo en una industria mayoritariamente dirigida por hombres. Sentí muchas veces que mi estilo femenino era confundido con debilidad o falta de inteligencia. Esto me llevó a ser de las más aplicadas y rigurosas, sobre todo con los números.
Por Soledad Ovando, directora ejecutiva de Asociación de Emprendedores de Chile (Asech)

  • 19 julio, 2019

Diez años atrás, recibí una carta de Mujeres Empresarias, diciendo que había sido elegida cómo la Ejecutiva del Año. Al principio no le tomé el peso, luego me dio pudor y no quería contarle a nadie. Finalmente la compartí con mi grupo más cercano y mi familia. Me costó decir que me estaban eligiendo porque de verdad yo era “la mejor”.

Probablemente una reacción tan propia de las mujeres. Uno siente que está haciendo lo que tiene que hacer y cuando te reconocen públicamente te ruboriza. Piensas “no me lo merezco”, porque lo conseguido es fruto del trabajo de todo un equipo, y no visualizas la importancia de tu liderazgo en ello.

Ingresé al mundo financiero porque me motivó el trabajo con los microempresarios. En esos años, se trataba de hacer algo que nadie había hecho antes desde un banco: crear un programa de financiamiento a microempresarios masivo, cercano y de calidad. Un propósito transformacional en la sociedad chilena.

No pasó mucho tiempo para encontrarme con el machismo en una industria mayoritariamente dirigida por hombres. Sentí muchas veces que mi estilo femenino era confundido con debilidad o falta de inteligencia. Esto me llevó a ser de las más aplicadas y rigurosas, sobre todo con los números.

Cuando me tocó asumir la gerencia general de BEME, tuve miedo. La experiencia me había enseñado que la disciplina era en silencio. En un mundo tan racional, mi estilo de liderazgo, era visto como algo casi “hippie”. Tenía que esforzarme el doble para tener los mejores resultados, era la única forma de ser validada. Tanto así, que una vez un jefe me dijo: “no entiendo cómo lo que haces, pero te resulta”.

Hace unos meses, decidí dejar el banco. Me retiré orgullosa de lo que conseguimos y agradecida del equipo y la institución en la que estuve casi 24 años. Me motivó un nuevo propósito: hacer de Chile el Mejor país para emprender del Mundo. Por ello hoy estoy en Asech. Quiero poner al servicio de ello lo aprendido en mis años en la industria financiera y hacerlo con la convicción de que el estilo de liderazgo femenino es un gran aporte a las organizaciones y uno de los factores del éxito.

Mirando en retrospectiva, este reconocimiento fue un punto de inflexión. Me ayudó a ver cosas de mi misma que no había valorado. Los logros hasta ese momento habían sido sin dejar de ser femenina. Construir equipos basados en un propósito como motor del desempeño y donde el cariño y las emociones marcaban la relación, era el camino correcto.

Hablar de las discriminaciones que sufrimos las mujeres en altos cargos directivos dejó de ser tabú para mi. Me sentí valiente y segura. Hoy camino por la vida laboral orgullosa de ser mujer, me reconozco feminista sin complejos. Humildemente ofrezco mi experiencia para motivar a otras a creer que si es posible tener éxito y apoyo los cambios estructurales