• 19 agosto, 2016

Por: Eugenio Tironi

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Por fin salió la esperada encuesta CEP. Gruesamente lo que muestra es a una ciudadanía algo deprimida, altamente crítica de la política y los políticos y que se inclina por seguridad y liderazgos probados.

En efecto, todos los indicadores que dicen relación con expectativas, sean generales o personales, marcan a la baja. Cunde la sensación de decadencia. Cierto que el grado de satisfacción de las personas con su propia vida sigue siendo alto (59%), aunque igual declina; pero al momento de preguntarle a los encuestados cuán satisfecho está con su vida el prójimo, la imagen es muy negativa, lo que tiene indudablemente algo de proyección. Raya para la suma, el estado de ánimo del país es malo, a pesar que no se vive propiamente una crisis en ninguna dimensión, las cosas objetivamente se mantienen en su cauce y la vida cotidiana de la gente no se ve particularmente alterada. Con todo, el ánimo es malo, del verbo malo.

¿A qué se debe ese ánimo tan negativo? El horizonte económico afecta, no hay duda. Pero afecta aún más la inseguridad como efecto de la delincuencia. Pero esto lo sabíamos y al respecto la encuesta CEP no ofrece novedades. La novedad está a mi juicio en el salto que da la corrupción, la cual se ve alojada en todo el sistema político, incluyendo los municipios. Es algo de lo que los candidatos en las próximas elecciones deberían tomar nota: el combate a la corrupción parece haber llegado al nivel comunal. Otra novedad es la prioridad que se le da al tema pensiones. Aunque significativa —incluso superior a la gratuidad—, está casi igualado con nueva constitución.

No se sabe cuál es el huevo y cuál es la gallina, pero probablemente hay una estrecha relación entre la atmósfera depresiva que revela la encuesta y la desastrosa evaluación que recibe el gobierno. La gente no le encuentra nada bueno. Tiendo a creer, sin embargo, que el gobierno es el pato de la boda; esto es, que se le castiga por pecados que no siempre son propios; por pecados que se imputan más bien a la clase política y a las elites en general. Prueba de esto es un dato curioso: que al pedirle a los encuestados que pongan nota a los gobiernos anteriores (Aylwin, Frei, Lagos, Bachelet y Piñera), ninguno llega siquiera al cinquito. O sea, en lugar de idealizar a los gobiernos anteriores, se le juzga críticamente, pues se les asocia, a todos, a lo que hoy es objeto de condena: la política y los políticos. No es raro, por lo mismo, que 4 de 10 encuestados se declare renuente a votar en las próximas elecciones.

¿Estamos ante una re-inclinación del país hacia la derecha? El asunto es ambiguo. En materia de identidad, la gente se sigue inclinando más hacia la centro-izquierda. De hecho, esta identificación casi dobla a la de centro-derecha. En la condena al gobierno actual, sin embargo, hay implícita una condena a la izquierda, que es el espacio donde los encuestados localizan a la Presidenta Bachelet y su administración. A esto hay que agregar que cuando se les pregunta sobre un Presidente futuro, lo quisieran más a la derecha que la actual. Sin embargo, cuando se trata de juzgar a las figuras públicas, de las siete que tienen más evaluaciones positivas que negativas, seis están de la Nueva Mayoría a la izquierda.

Lo que hay, quizás, es más que un torcimiento hacia la derecha, una inclinación hacia la autoridad. Lo revela, de un lado, la menor simpatía hacia las marchas y tomas estudiantiles. Y del otro, el tipo de atributos que se esperan en un futuro Presidente de la República: honestidad, liderazgo, equipos, objetivos claros, preparación. Lo que explica algo que, hasta ahora, no tenía mayor explicación: por qué la población comienza a polarizarse alrededor de dos figuras ultra probadas: Sebastián Piñera y Ricardo Lagos.

Tal como se suponía, la encuesta CEP dispara la carrera presidencial, con Piñera y Lagos como los front-runners. Es difícil que sean expulsados de esta posición por otros competidores, pues sus figuras responden a ciertas corrientes sociológicas más profundas que sacuden al país, como son las demandas de seguridad, honestidad y autoridad para salir de estos tiempos de depresión.