No anda a caballo ni desenfunda revólveres, pero cuando se para frente a sus detractores puede ser peor que Clint Eastwood en el más crudo western. El polémico intelectual Thomas E. Woods vino al país y conversó con Capital –literalmente– sobre lo divino y lo humano, dejando en claro por qué se ha hecho fama de pensador políticamente incorrecto. Por Claudia Heiss; fotos, Gabriel Pérez.

  • 30 abril, 2008

No anda a caballo ni desenfunda revólveres, pero cuando se para frente a sus detractores puede ser peor que Clint Eastwood en el más crudo western. El polémico intelectual Thomas E. Woods vino al país y conversó con Capital –literalmente– sobre lo divino y lo humano, dejando en claro por qué se ha hecho fama de pensador políticamente incorrecto. Por Claudia Heiss; fotos, Gabriel Pérez.

 

 

La prensa “liberal” –palabra que en Estados Unidos, a diferencia de Chile, significa de izquierda– le ha dado con todo. El New York Times lo calificó como un académico marginal que buscaba tergiversar consensos básicos de la historia de Estados Unidos, como el valor del New Deal de Roosevelt o las conquistas del Movimiento por los Derechos Civiles en los 60. Thomas Woods, de alguna manera, reconoce que se lo ha buscado. Gran parte de su provocadora producción intelectual está motivada por un afán de contrarrestar lo que este joven historiador, formado en las mejores universidades de Estados Unidos, percibe
como la hegemonía ideológica de un sector político que desprecia la religión y las ideas conservadoras.

Conversamos con él a pocas horas de su arribo por primera vez a Chile. Invitado por la Red Cultural de El Mercurio y la Universidad Gabriela Mistral, Woods vino a exponer las teorías que desarrolla en su libro del 2005 The Church and the Market: a catholic defense of the free economy, sobre la compatibilidad entre el libre mercado y los preceptos de la Iglesia Católica.
Aunque está más cerca de los republicanos que de los demócratas –su única actividad política ha sido en apoyo al “libertario” representante republicano por Texas Ron Paul– rechaza por igual, y con vehemencia, a toda la clase política de su país. “El partido republicano es despreciable y son una gente espantosa”, sentencia.

Si hay algo curioso en su visión política es la combinación de libertarismo, doctrina que rechaza la intervención del Estado en la vida de las personas y que, en el extremo, se topa con el anarquismo, con su militante catolicismo, religión a la que se convirtió en sus años de universitario. Defensor de la misa en latín y autor de un libro que explora la contribución del catolicismo a la civilización occidental, Woods busca combinar esa filosofía política ultra liberal con ideas religiosas que dan, por el contrario, un contenido sustantivo a la idea de una “vida buena”.

 

-¿Se considera un libertario católico? Porque esas dos categorías normalmente se entienden como mutuamente excluyentes.

-Lo sé. Pero creo que así me definiría. Aunque el término libertario tiene una connotación tan negativa… porque la gente cree que quieres usar drogas o engañar a tu esposa. Pero yo soy libertario por otras razones. Creo que hay casos en que el Estado es una institución destructiva. Cuando pienso en lo despreciables que son la mayoría de los políticos estadounidenses, la idea de buscar en ellos una formación moral parece absurda. Prefiero confiar en la capacidad de la sociedad civil para autorregularse. Cuando se trata de formar el sustrato moral básico de las personas, prefiero confiar en instituciones voluntarias, como la Iglesia. No quiero que suplanten el papel que les corresponde jugar a la escuela o al barrio. Es allí donde se deben formar las visiones morales y no en los dictados del gobierno.

 


-Pero la Iglesia Católica es lo opuesto al sueño libertario: tiene una estructura rígida, una burocracia, es como un gran Estado.

-Pero se puede ingresar y abandonar libremente la Iglesia y no hay que pagarle ningún impuesto. Incluso te puedes burlar de ella, escribir libros en su contra y aún así permanecer como miembro. Un obispo de la Iglesia puede criticar al Papa: nada le ocurre. Es muy raro que la autoridad para remover obispos se ejerza. De hecho, es una autoridad que a veces debería ejercerse con más fuerza, como en los recientes escándalos por abusos sexuales. Muchos de los obispos estadounidenses son gente asquerosa que debió ser removida apenas estos hechos salieron a la luz. Hay una autoridad que debería ejercerse y no se ejerce. En la sociedad ocurre lo contrario: los gobiernos ejercen una autoridad que no deberían tener. Los presidentes nos mandan a la guerra sin importar nuestra opinión.

 

 


“El término libertario tiene una connotación
tan negativa porque la gente cree que quieres
usar drogas o engañar a tu esposa. Pero yo
soy libertario por otras razones”

-¿Cree que la Iglesia Católica no ha manejado bien los escándalos?

 

-Es una gran mancha en la gestión del Papa Juan Pablo II. Simplemente se negaron a ver la realidad. El arzobispo de Boston, el Cardenal Law, debió haber sido sancionado y no nombrado en un buen puesto que casi pareció un ascenso. Si lo hubieran enviado como nuncio a Irán, todos habrían entendido que era un castigo,pero no fue el caso. La situación hace que no se pregunte si están chantajeando a las autoridades, o algo así. No sé, pero me parece que aquí se esconde algo tan siniestro que sería aterrador llegar a conocerlo. Sólo el Espíritu Santo me hace mantener la fe. Sé que no es muy popular criticar al Papa Juan Pablo, pero qué puedo hacer, no voy a dar excusas.

 

 

 

Políticamente incorrecto

 

Thomas E. Woods saltó a la fama en 2004 cuando su libro The politically incorrect guide to american history se convirtió en un impresionante éxito de ventas. Llegó a ser el segundo texto más vendido por el sitio web Amazon y se mantuvo 12 semanas en la lista de best sellers que publica el New York Times. Y desde ese mismo periódico vinieron las críticas más ácidas. El editor Adam Cohen publicó en enero de 2005 un editorial titulado “La diferencia entre políticamente incorrecto e históricamente errado”, señalando que Woods tergiversa los hechos para “derechizar” la historia de Estados Unidos.

 


-¿Lo tomó por sorpresa el éxito deThe politically incorrect guide to american history?

-Sí, porque yo había escrito un par de libros que vendían del orden de los miles. Así que asumí que siempre escribiría para audiencias pequeñas. Y de pronto un día se me acercó el editor de este libro con la idea, que no fue mía, y me preguntó si lo haría. Estaban planeando una serie de libros “políticamente incorrectos” y el mío sería el primero. ¡Y yo casi dije que no! Porque querían el libro en cinco meses y yo tengo familia y un trabajo de tiempo completo. Pero fue sorprendente, tuvo una increíble recepción en el público. Es un libro controvertido, fui muy atacado, pero también recibí mucho apoyo. Tuve agentes golpeando mi puerta para representarme en el futuro, surgieron otros contratos para libros bastante lucrativos, me hicieron entrevistas de prensa. Así que fue una excelente experiencia para mí.
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-El New York Times lo criticó en términos muy duros.

-Sí, pero eso sólo hizo que vendiera más copias. Muchos estadounidenses piensan que si algo no le gusta al New York Times es porque debe ser bueno. Y yo respondí bastante bien a esas críticas en mi sitio web thomasewoods.com. El Times simplemente dice: “Woods dijo esto y aquello, wow, ¿pueden creerlo?”. No interesa si pueden creerlo, el punto es si es o no verdad. Y ellos ni siquiera tratan de refutarme. Ese es un periódico que busca mantener muy restringido nuestro debate político. Están muy contentos discutiendo si el porcentaje de impuesto a las rentas superiores debe ser 35% o 34,2%, o si debemos invadir tal o cual país con tal cantidad de tropas. Les gustan esos debates porque no plantean preguntas fundamentales. Pero apenas se cuestiona si necesitamos realmente tener impuesto a la renta o si debería Estados Unidos estar invadiendo otros países, el Times simplemente no lo soporta. Y mi libro se trata de cuestionar asuntos fundamentales.

 

 

“Las personas que dan charlas en las universidades son todas
de izquierda, y los escasos estudiantes conservadores se sientan
educadamente a escuchar. Pero cuando por una vez invitan a hablar a
un conservador, ¿qué ocurre? Protestas, vigilias, manifestaciones”

-¿Y cuál es la idea de escribir algo “políticamente incorrecto”? ¿No le molesta si resulta ofensivo?

 

-No pretendo hacer que la gente se sienta mal. Pero el hecho es que en Estados Unidos hay una uniformidad de opinión absolutamente sofocante, especialmente en el mundo universitario. Todas las personas que son contratadas en las universidades tienen las mismas ideas políticas y económicas. En los departamentos de Historia de universidades como Cornell, Columbia o Harvard, la relación entre demócratas y republicanos es de 35 a 1 o de 48 a 0. Esto no ocurre por accidente. Los comités de búsqueda que seleccionan a los académicos quieren el mismo producto en el mismo envoltorio. Y lo “políticamente incorrecto” es una manera de decir dejen de hacer eso. ¿No podemos tener un debate legítimo sobre la economía o los roles tradicionales de género? Las personas que dan charlas en las universidades son todas de izquierda, y los escasos estudiantes conservadores se sientan educadamente a escuchar. Pero cuando por una vez invitan a hablar a un conservador, ¿qué ocurre? Protestas, vigilias, manifestaciones. Lo políticamente incorrecto es una forma de decir: estúpidos arrogantes, ¿no les basta con que el 98% de los panelistas esté de acuerdo con ustedes, necesitan al 100%? ¿Qué clase de mentalidad totalitaria es esta? Hay gente políticamente incorrecta que es cerrada e intolerante y no tengo nada que ver con ella. Lo que intento combatir es a la gente políticamente correcta que es cerrada de mente, para recordarle que hay personas decentes que piensan distinto.

 

-Su libro How the Catholic Church built western civilization presenta los aportes de la Iglesia Católica a la ciencia y la modernidad pero, ¿no podría decirse lo mismo de cualquier gran religión donde los sacerdotes tuvieron tiempo de dedicarse a la producción intelectual?

-Resulta que la Unión Europea hace un borrador de constitución que dice que la civilización occidental viene de las antiguas Roma y Grecia y ¡ni una palabra sobre la Iglesia! Mi objetivo es mostrar que aspectos de nuestra civilización que hoy damos por sentados vienen del catolicismo; por ejemplo, la forma en que entendemos la caridad. En el caso de la economía, la mayoría cree que el libre mercado fue un invento de los librepensadores del siglo XVIII. Pero los primeros en desarrollar la idea no fueron David Ricardo ni Adam Smith, sino monjes españoles del periodo escolástico tardío, en Salamanca. Hoy nos dicen, al menos en Estados Unidos, que la Iglesia y las personas religiosas son todas medio estúpidas o atrasadas. Que no pueden aportar nada útil porque sólo creen en la fe ciega. Hay que mostrar que eso no es verdad. Que esta institución es responsable de grandes cosas. Escribí este libro para contrarrestar todos estos prejuicios, no para negar que otras religiones también han hecho sus aportes. Pero en nuestra civilización se asume que todo lo bueno viene de fuerzas no religiosas, y todo lo malo viene de la religión. Eso no es justo. Y pone a las personas religiosas injustamente a la defensiva. Se trata de hacerles justicia.

 

Ultimos libros de Thomas E. Woods
2007: Sacred then and sacred now: The return of the old latin mass
2007: 33 questions about american history you’re not supposed to ask
2005: How the Catholic Church built western civilization
2005: The Church and the Market: a catholic defense of the free economy
2004: The Church confronts modernity: catholic intellectuals and the progressive era
2004: The politically incorrect guide to american history