El creador holandés desembarcó en Cerrillos con su exposición Algoritmos del viento, que incluye sus célebres esculturas cinéticas, mejor conocidas como strandbeests. Con un pie en la creación artística y otro en la física y en las matemáticas, Jansen se explica en conversación con Capital.
Por: Pablo Marín

  • 26 abril, 2018
Fotos: Verónica Ortíz

No menos de 300 personas diarias, en promedio, ha estado acogiendo desde el 14 de abril el Centro Nacional de Arte Contemporáneo Cerrillos. ¿La razón? Por primera vez desembarcó en Chile la obra del holandés Theo Jansen (70), cuya celebridad se explica en buena parte por dos razones: lleva décadas experimentando a partir de su doble interés en el arte y en la ciencia, y es el creador de los strandbeests (en neerlandés, “animales de playa”), criaturas que parecen caminar gracias al viento y que conjugan teoría evolutiva y conciencia medioambiental.

El reconocimiento internacional prodigado a Jansen, que incluye su aparición en un episodio de Los Simpson, podría hacer esperar un rock star de las artes. Pero no es tal cosa lo que sugiere el señor reposado, de ojos azules y cabello de cano, que se allanó a conversar con Capital en las oficinas de la Fundación Mar Adentro (corresponsable de esta venida). Un hombre que, en su cuarta visita a Chile, no alza particularmente la voz ni se despacha frases especialmente sentenciosas, pero que parece sorprenderse con lo que encuentra y con lo que descubre.

-Fuera de contemplar y eventualmente admirar los strandbeests, ¿qué podemos aprender de ellos? ¿Cómo definiría el aspecto educacional de la muestra?

-Los chicos de hoy, particularmente, están muy metidos en sus iPads y en el mundo virtual. Pero a veces pasa que hay escuelas que visitan mi estudio y ahí me doy cuenta de que a los chicos les gusta hacer cosas con las manos. Podría ser que los strandbeests provoquen de algún modo que ellos sepan qué es lo que me mueve, y que se vean estimulados a hacer cosas con sus propias manos. Pensando en el futuro, es importante que tengamos gente capaz de usar sus manos.

-Más allá de los dedos que tocan las pantallas…

-Claro. Además, creo que necesitamos gente con inteligencia para tratar con los objetos. Un gásfiter necesita saber cuál es la resistencia de una cañería, y así pasa en otro tipo de cosas, como las matemáticas, cuyo uso no despierta ya mayor interés. Tal vez los strandbeests puedan rescatar ese interés. Lo que pasa, también, es que la imagen de las matemáticas y de la física… (pausa)… los niños no quieren ser un nerd y quizá los strandbeests consigan que nos deshagamos de esa imagen ñoña de las matemáticas y de la física. De hecho, eso es lo que espero. Por mientras, veo a los niños ocupados con los strandbeests y parecen disfrutarlo, lo que es parte del aprendizaje. Disfrutar algo ya es algo.

-Ver sus criaturas moverse por una playa suscita un sentimiento de asombro. ¿Qué tan importante es esta parte de la experiencia: sentir algo distinto?

-Existen muchas cosas en el mundo que te hacen exclamar, “¡Ooh!”. Y cada vez que se da ese tipo de sensación, uno se da cuenta de que está vivo. Hay muchos momentos en que hay que llenar la agenda o en que te ves forzado a ser parte de la sociedad y a cumplir con tus deberes, trabajar, pagar tus deudas. Hay mucha gente con demasiadas preocupaciones en este mundo y las preocupaciones, en mi opinión, echan a perder la mayor parte de la diversión y de la felicidad que hay en la vida. Naturalmente, no se puede vivir sin preocupaciones. Yo mismo las tengo. Pero a veces necesitas esos momentos en que solo cabe disfrutar la felicidad esencial de estar en esta tierra, olvidando las deudas y las preocupaciones. Porque, en realidad, lo esencial es que existimos y que nos sorprende que existamos: nos damos cuenta de que, con todo, es un privilegio estar aquí.

-¿Cómo opera eso al asumir un punto de vista medioambiental? El uso de determinados materiales, ¿qué nos dice acerca de sus inquietudes a este respecto?

-Una cuestión esencial respecto del medioambiente es que hay que darle a la gente una buena razón para cuidar la Tierra. ¿Por qué deberíamos encargarnos del futuro? El futuro es muy abstracto: podemos pensar que va a morir gente por el cambio climático, pero no es algo que realmente seamos capaces de imaginar. Es algo que puedo racionalizar pero que no siento, porque es demasiado abstracto… Yo respeto la naturaleza, las cosas hermosas que tenemos, y creo que los strandbeests reflejan en cierta forma esa admiración: son el resultado de una larga historia evolutiva que nos tiene donde estamos, como gente inteligente, gente que ama, que disfruta. Al hacer que el proceso comience con los strandbeests, tomo conciencia de toda esa larga historia, pero de una manera nueva.

-¿Qué busca con estas obras: recrear un mundo o inventar uno nuevo?

-No quiero imitar lo que ya hay ni tampoco a los dinosaurios. Quiero descubrir mis propias reglas para sobrevivir, como si estuviera dando inicio a un nuevo proceso de evolución. Ahora, esto no es lo que llaman diseño inteligente, donde uno es el dios que crea los animales. No funciona así, porque normalmente mis ideas no resultan. Habitualmente, fallan. Pero hay cosas en ellas y en su experiencia que me van diciendo qué hacer. Y hay cosas que se salen del plan original y que van creando mutaciones a partir de las cuales voy construyendo. Por lo tanto, no es un camino que va directamente del punto “A” al punto “B”. Es una senda mucho más caprichosa en la que no puedes saber dónde te diriges, donde, de hecho, son los animales los que me conducen y no al revés. Al final, me sorprende lo hermosos que llegan a ser. Pero yo no busqué la belleza: ellos se hicieron bellos a sí mismos. Todo eso me ha sorprendido. Creo que la conexión entre forma y función surgió en ellos por sí sola, así como la belleza que se da en todo el reino animal: si miras un conejo o un caballo, de algún modo estás leyendo la larga historia evolutiva que llevó a esos resultados.

-¿Cómo describiría el nexo entre ciencia y arte en su propia experiencia? ¿Cómo ha evolucionado?

-No fue una conexión consciente. Simplemente, ocurrió así, dado que siempre estuve interesado en la física y en las matemáticas. No hubo un plan. Pasó que, cuando escribía, era acerca de estos temas y, cuando pintaba, la física estaba en el fondo. Está en mi naturaleza ver las cosas con distintas perspectivas. No solo me refiero a las matemáticas y el arte, sino que también pienso en la ironía, en el humor: tal vez usted no lo haya notado, pero hay humor en mi obra. Y quizá literatura también.
No obstante, es difícil describir lo que uno hace como artista. Hay gente que busca escalar en el mundo del arte, por ejemplo, pero ese no es mi plan. Tal vez lo mío se parezca más a lo que hace un mago. Mi plan es sorprender a la gente normal, no tanto al mundo del arte.

-¿Se siente más cerca de los artistas o de los científicos?

-Hay gente de ambos mundos por la que siento una gran atracción, pero también hay muchos que me dan alergia. Hay artistas que creen que el arte es el mundo y no ven más allá de su propio círculo, y lo mismo pasa con algunos científicos en las universidades.

-Y cuando lo invitan a las charlas TED, ¿invitan al artista y al científico?

-Estas charlas son un buen ejemplo de gente sin límites respecto de lo que esperan de sus invitados. Me parece que en este punto los estadounidenses son menos prejuiciosos que los europeos. En Europa prevalece más la lógica de “perteneces a mi mundo o estás fuera”. Cuando me invitaron a las charlas TED, no invitaron a un artista ni a un científico, sino a una persona interesante. Me imagino que tenían la ilusión de que yo fuera una persona interesante.

-¿Le llama la atención el modo en que la gente aplaude y se sorprende en instancias como esas?

-Sí. También fue sorpresivo para mí: me divierto tanto creando estas cosas y haciendo mi trabajo, que en algún punto esa diversión se contagia. Da la impresión de que los niños y el resto de la gente –aunque no especialmente la gente del arte– se me unen en este goce de hacer cosas. Cuando ven los strandbeests moviéndose, hay en las personas una sonrisa que parece decir “cómo lo hizo”. Y no sé cómo lo hice: supongo que tuve la suerte de que estos animales se muevan de la forma en que lo hacen. En otro tiempo, igualmente, me preguntaba por qué la gente me creía famoso y me tomó un buen rato advertir que muchos habían visto películas futuristas que, de algún modo, diseminaron los strandbeests por el planeta. Y que internet, en los 90, había llegado justo a tiempo para mostrarles mi mundo a todos.

-Después de aparecer en un episodio de Los Simpson, debe ser difícil no asumir cierta fama.

-Fue un proceso extraño…

-En el que prestó su voz.

-Sí, y me pagaron por eso. Fue raro, porque solo tuve que ir a un estudio en Ámsterdam y cantar una canción de Navidad, sin advertir el impacto que algo así podía tener a nivel mundial. El caso es que cuando esto escala hasta un cierto nivel, llega un punto en el que ya no puedes parar. Me parece injusto, porque no soy distinto de quien era hace diez años. Pero así están las cosas.

-Hay quien dice que el arte no es verdadero ni falso. Que simplemente ocurre. ¿Cuál es su mirada?

-Es tan mágico y tan místico que haya gente que vea cosas que yo mismo no advertí que había hecho. El hecho de que haya una especie de creación inconsciente, hace que las cosas sean más interesantes para la gente. Por cierto, eso me intriga: ¿cómo pude hacer eso? Lo que pasa con el arte es algo que no puedes definir. Es como cuando escuchas música y no puedes definir por qué algo es hermoso. La primera vez que escuché Satisfaction, por ejemplo, fue algo completamente loco (imita el riff característico de la canción de los Rolling Stones). No era nada, si lo piensas, pero aun así, es capaz de influir en ti. Ahora, pasa con Einstein que uno puede probar que sus teorías funcionan; con Messi, se puede advertir por qué es tan bueno. Pero en el arte no se puede definir por qué algo es o parece ser bueno. Alguien dirá que un artista rico es bueno porque se paga dinero por sus obras. Hay una lógica en eso, pero obviamente no es cierto: hay muchos artistas pobres que son grandiosos, para mí. Ningún ranking va a funcionar nunca en el arte. Por supuesto, estamos llenos de listas y de rankings: yo mismo fui elegido “artista del año” en mi país, lo que me pone muy orgulloso. Pero ¿qué quiere decir eso?