• 16 noviembre, 2010


Si reflexionáramos más sobre el impacto de nuestras accione,s viviríamos en un lugar más pacífico, amigable y justo.


El Papa Juan Pablo II postula que el trabajo es la clave de la cuestión social. Y Benedicto XVI, que el amor es un motor extraordinario para lograr el desarrollo de los pueblos. Claramente son muchas las personas, hombres y mujeres, disconformes con su trabajo, ya sea por el trato que reciben de sus superiores, por sus salarios o porque no lo ven como una fuente de crecimiento personal. Muchos, literalmente, se sienten maltratados.

A raíz de la experiencia traumática que vivieron los 33 mineros, el tema vuelve a las portadas. Se habla de “un nuevo trato laboral”. Otros solicitan una “agenda laboral más amplia” para alcanzar trabajos dignos y decentes. Todas esas medidas pueden ayudar a tomar conciencia que nos falta mucho por avanzar para que el centro del trabajo al interior de las organizaciones esté puesto en el trabajador y en su dignidad. Sin embargo, nada de ello sustituye la necesidad de que cada uno de los actores sociales nos preguntemos de qué manera colaboramos en nuestros propios ámbitos de acción para promover los cambios necesarios que permitan pasar de condiciones menos humanas a condiciones más humanas en este ámbito. Pormucho que existan leyes, agendas y códigos de éticas colgados en las paredes de cada oficina, si de manera personal no nos hacemos la pregunta, no llegaremos muy lejos. Esa es la verdad. En un interesante libro de ética en la empresa y responsabilidad social encontré un apartado titulado Reglas simples sobre la ética. Percibí que puede convertirse en un test que he titulado “test de comportamiento” y que, sin duda, puede ser de gran ayuda para saber cuál es el ambiente que se vive en la organización a la hora detomar decisiones que involucran un discernimiento ético y los marcos de comportamiento que las avalan. Además, es útil para analizar de manera más objetiva cómo nos comportamos en el momento de las decisiones.

Usted ha de preocuparse mucho si las frases que le voy a presentar forman parte del léxico de su organización en cualquiera de sus niveles cuando se trata de resolver las diversas situaciones que se presentan en el día a día de la organización. No sólo no llegará muy lejos, sino que además hará mucho daño a las personas, a usted mismo y a la sociedad entera. No olvide que el ambiente laboral y ético en la empresa es la suma de cada una de las actitudes, palabras y actos de cada uno de los que participan en ella. Es una construcción común y que marca el devenir del ambiente, en un sentido u otro. Nuestras acciones son relevantes y hasta las más mínimas influyen en la organización.

Le pregunto y me pregunto: ¿dice o ha dicho lo siguiente a la hora de actuar cuando se le presenta un dilema ético?:

“Esto lo hago ahora y nunca más”;

“Esto que voy a hacer no se lo cuentes a nadie”;

“Lo que importa son los resultados y no tanto cómo se llega al ellos”;

“Pero si todo el mundo lo hace; además, siempre lo hemos hecho así”;

“Hagamos la vista gorda”;

“Pero mira, si no es tan grave”;

“Mira, si tuviéramos que respetar todas las reglas no haríamos nunca nada”.

Estoy cierto de que mientras más esté internalizado este modo de actuar en una empresa más numerosos serán los signos de corrupción en ella y más frágil la relación de los estamentos de la organización entre sí y, además, más probable es que ocurran escándalos, accidente laborales, rencillas, actos de corrupción, etc. Este tipo de actitudes atenta contra la transparencia y siempre constituye una injusticia respecto de alguien, sean una persona, organización, la sociedad toda o el propio Estado.

Muy distinto es si usted, antes de tomar una decisión, se pregunta:

“Lo que estoy haciendo, ¿es legal, ético y conforme a las normas de conducta que yo quisiera para la sociedad en la que vivo?”

“¿Es honesto lo que estoy haciendo?”

“¿Me siento conforme con lo que estoy haciendo; le haría lo mismo a la persona que quiero?”

“Si me lo hicieran a mí, ¿qué pensaría?”

“¿Quisiera que mi familia se enterara de lo que estoy haciendo?”

“Si todas las personas actuaran como yo actúo, ¿qué mundo construiríamos?”

Quédese tranquilo si cada una de las personas que trabajan con usted se hace estás preguntas antes de actuar. Estoy cierto de que si cada uno de nosotros nos pusiéramos a reflexionar sobre el impacto de nuestras acciones, viviríamos en un lugar más pacífico, menos violento, más amigable y más justo. Los conflictos sociales son producto de acciones humanas que han dirigido la situación en un sentido y, por lo tanto, muchos son previsibles y evitables.

Estas preguntas y sus respuestas se pueden formular en cada uno de los ámbitos de nuestra vida. También los niños en la casa y en la escuela podrían hacérselas y responderlas. Seguro que nos llevamos sorpresas. En definitiva, apelo a la ética de la virtud como la mejor forma de lograr una sociedad más digna del hombre. Sólo así será posible evitar el nepotismo, el tráfico de influencias, la corrupción, la publicidad engañosa, la evasión de impuestos, el mal uso de la propiedad intelectual de documentos y programas computacionales de la mentira para lograr objetivos. Sólo así podremos pensar a Chile como a un país auténticamente desarrollado.