Hace cuatro años los socios de Territoria, con sólo 0,5% de un sueño en el bolsillo, se embarcaron en el proyecto que hoy toma forma aceleradamente en Isidora 3.000 y que promete marcar un hito inmobiliario. Fuimos a recorrer este edificio y vimos que entre sus robustas vigas, su fierro forjado y sus alhajas se infiltra una historia digna de ser contada. Por Roberto Sapag; fotos, Verónica Ortíz y Gabriel Pérez.

  • 30 abril, 2008

Hace cuatro años los socios de Territoria, con sólo 0,5% de un sueño en el bolsillo, se embarcaron en el proyecto que hoy toma forma aceleradamente en Isidora 3.000 y que promete marcar un hito inmobiliario. Fuimos a recorrer este edificio y vimos que entre sus robustas vigas, su fierro forjado y sus alhajas se infiltra una historia digna de ser contada. Por Roberto Sapag; fotos, Verónica Ortíz y Gabriel Pérez.

 

 

En el mundo de los negocios hay veces, como en el póker, en que debe hacerse una apuesta fuerte sin tener total certeza de ganar el juego. Exactamente eso fue lo que enfrentaron hace pocos años los socios principales de Territoria Jorge Marín Correa, Ana Sainz de Vicuña, Ignacio Salazar y Francisco Rencoret, mientras pujaban por adquirir el inmejorable terreno que enfrenta la Plaza Perú sobre Isidora Goyenechea.

Llevaban meses bregando para comprar las casi ¡100 propiedades! necesarias para iniciar su proyecto y las cosas se estaban empantanando. No pocos rivales intentaban meter su cuña y un pequeño grupo de propietarios aún no se subía al acuerdo. Ignacio Salazar, quien monitoreaba de cerca el proceso, hizo ver el reto a sus socios: había que dar un golpe de timón y adquirir un paquete importante de departamentos, cruzando en ese acto la línea del “no retorno”… Hubo acuerdo, compraron una parte de los departamentos y mandaron una señal potente a los propietarios. El atrevimiento no fue en vano y finalmente prosperaron en un acuerdo que estiman fue conveniente para ambas partes. Para ellos, porque se hicieron de un paño de lujo. Para los propietarios, porque recibieron en promedio entre 3 y 4 veces el valor de cada vivienda.

Ese día crítico, similar al que muchos hombres de negocios han tenido no una, sino varias veces en la vida, marcó un hito para esta empresa y promete también marcar un referente de similar tipo en el mapa inmobiliario de El Golf. Sí, porque en ese lugar hoy toma forma un edificio que no aspira a marcar el record nacional de altura, pero sí el de estilo y lujo.

Hablamos de Isidora 3.000, que ya está en pie y que a fines de este año operará en plenitud, con su concepto de uso mixto de alto estándar. Fuimos al lugar y lo recorrimos de punta a cabo, comprobando que en su diseño y construcción no se ha dejado nada al azar.

 

 

 

Cosas del destino

 

 

Es curioso, pero la historia de este edificio se inició en una llamada que le hiciera un amigo a Francisco Rencoret. Su amigo le preguntó si sabía de alguien que pudiera interesarse en “medio departamento” que un conocido poseía en el desvencijado edificio que enfrentaba la Plaza Perú. Rencoret respondió que lo pensaría, sin sospechar que al rato algo le haría click en la cabeza. Pimponeó el tema con su socio Ignacio Salazar, lo sondearon con más personas, y un buen día decidieron lanzarse a la piscina sin saber cuánta agua tenía.

Fue así como se hicieron de 0,5% de un sueño: el de levantar un edificio de alto estándar, que integrara un hotel de primera, con residencias, oficinas, centro de eventos, gimnasio y spa, restaurantes y retail.

Los casi 10 años que Rencoret había trabajado en Estados Unidos y Londres le decían que la tendencia de los edificios de mixed use se seguiría imponiendo a pasos agigantados en las principales metrópolis y que Chile ya estaba maduro como para apostar por algo así. El fenómeno es global, explica Rencoret (de lo cual da cuenta la experiencia de Millenium Partners en distintas latitudes), y se sustenta en fuerzas poderosas como el deseo de crecientes capas de personas de retornar a la vida urbana y evitarse vivir arriba del automóvil.
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Fue entonces que confluyeron los astros, y la oportunidad del medio departamento en Isidora pasó a ser la semilla de “algo grande”.

Ignacio Salazar cuenta que cuando recibieron esa casual llamada “no teníamos el tamaño suficiente como para lanzarnos en algo de este calibre”, no obstante que ya tenían un track record en el sector (como, por ejemplo, el edificio de Isidora 3.250 y el de Mapfre). Hasta ahí habían operado con la lógica de convocar a distintos socios según el tamaño del proyecto (entre los cuales destaca Jorge Marín, amigo de la infancia de Salazar), pero siempre en proyectos de 7.000 a 20.000 metros cuadrados de superficie útil… nada como Isidora 3.000 que suma 100.000 m2 brutos, de los cuales 50.000 son útiles.

A fines de 2003 se constituyeron como Territoria, con Marín, Sainz de Vicuña y ellos dos como socios principales con participaciones paritarias. “La verdad es que, a partir de Isidora 3.000, con Francisco decidimos dejar nuestras respectivas actividades profesionales para asumir roles directos y exclusivos en este ambicioso proyecto, así como en los que vendrían”, dice Salazar… Los amalgamaban más de 10 años haciendo cosas juntos, así que no les costó mucho dar el paso.

De ahí en adelante, cada uno se desarrolló según sus fortalezas personales. Rencoret jugaría un papel crucial en la gestión arquitectónica, en el diseño y la visión del concepto de uso mixto que se aplicaría en Isidora. A él, también, le cabría un rol estratégico en reclutar a ofi cinas internacionales de renombre como Handel Architects de Nueva York, al arquitecto de interiores Tony Chi, y al paisajista Gilberto Elkis, de Brasil.

Por su parte, Ignacio Salazar ha jugado un papel complementario clave. Fue él quien construyó las confianzas (apoyado por Jorge González) con los propietarios de departamentos; fue él quien supo superar las intentonas de algunos especuladores que les salieron al paso y quien ha estructurado aspectos clave como el financiero, ya que este proyecto supone una inversión de 120 millones de dólares.

 

Ambientes sofisticados hay en casi todos los rincones
del edificio. A la izquierda, la piscina panorámica en el
piso 23 la cual, como se ve, está prácticamente terminada.
Arriba, el Atrium, una impresionante exhibición y
tienda de vinos que será operada por Mundo del Vino. Abajo, un
aspecto del edificio, visto desde la calle privada.

 

 

 

Pensando en grande

 

 

Desde un principio los socios de Territoria dicen que tuvieron claro que debían hacer algo que fuera un hito. Conceden que en el camino las cosas fueron cambiando y que hoy el resultado no es tal cual visualizaron el edificio a la partida. No obstante, aclaran que el material genético de su primera propuesta sigue activo. Por eso, en Isidora 3.000 están tomando posiciones marcas emblemáticas en el mundo del lujo, y que darán forman al mix de productos contenidos en el edificio.

Lo que más llama la atención, por cierto, es la presencia de W, que instalará aquí su hotel cinco estrellas W Santiago, con 196 habitaciones. El establecimiento es el primero de esta conocida cadena que se instala en Sudamérica y lo hace bajo la figura de un joint venture para explotar en forma conjunta el hotel, pacto que establece que la operación del lugar queda encomendada a Starwood Hotels & Resorts Worldwide.

La imagen digital muestra un aspecto del penthouse.
Un espacio que, con terrazas y un potencial
altillo, podría sumar más de 1.300 metros cuadrados.

Tuvimos la oportunidad de recorrer varias de las habitaciones en faena y en realidad hay detalles (y otros no tan detalles) que sorprenden. Las terrazas, las transparencias entre espacios, la altura de las habitaciones, etc. provocan sensaciones especiales. Sume a eso que W es, con sus 21 hoteles operativos a nivel mundial y una tasa de crecimiento anual de 22%, un polo magnético para el resto de la ciudad, por el estilo y el ambiente de sus bares y restaurantes. Baste decir que en el cuarto piso estará el Living Room & Destination Bar del hotel, operado por Gerber Group, de Scott y Rander Gerber; este último, el marido de Cindy Crawford.

Por el lado del retail, no nos fue tan bien en cuando a desembargar las marcas con las que se están negociando, pero algo averiguamos. Estará en Isidora 3.000 Mundo del Vino con una descomunal tienda al alero de un atrium de 30 metros de alto repleto de botellas de vino. La tienda, que dejará su actual ubicación en Isidora, se cambiará con maletas y petacas e instalará en este edificio lo que promete ser el local más grande de este tipo en la región.

También darán vida a la oferta comercial un café Juan Valdez, un Gourmet Market, un gimnasio O2 en 2.200 m2; y tiendas de autos, tecnología y vestuario masculino que, por no estar cerrados los contratos, sólo lo invitamos a imaginar. La idea, dice Rencoret, es ofrecer una opción en retail que se sitúe entre las casitas de Alonso de Córdova y el mall.

El edificio contempla además 43 residencias entre los pisos 12 y 19, las cuales contarán con el mismo modelo de servicio Whatever/Whenever del W Hotel y su concepto de conserjería worlwide. Visitamos una de ellas ya alhajada y recorrimos el faraónico penthouse del piso 19, que tendrá nada menos que 710 m2, a los que se suman unos 294 de terrazas y la posibilidad de un altillo de 345 metros, ya que el lugar tiene un alto de piso a techo de 6 metros.

Las viviendas tendrán un acceso exclusivo por una calle privada, al igual que el hotel, y cuentan con atributos tecnológicos y de estilo que no pasan inadvertidos. Además, disponen de servicios anexos y complementarios, como lounge y piezas de servicio que, en la práctica, liberan espacio a cada unidad.

Entre los pisos 12 y 28 de la torre principal, en tanto, se desplegarán oficinas, con plantas libres. Nos dijeron que varios family offices, bancos de inversiones internacionales y matrices de multinacionales están en conversaciones para trasladarse a este lugar.

También el edificio tendrá un centro de convenciones en el tercer subterráneo y que, a full capacidad, podría albergar más de 1.000 personas. Según Salazar y Rencoret, será una alternativa interesante para eventos que necesitan realizarse más centralmente y para los cuales los salones de hotel convencional no dan abasto.

En realidad, son muchos más los rincones y entretenciones que albergará este proyecto entre su nivel -9 y el piso 31, que es coronado por un helipuerto. También son muchos más los atributos de diseño y decoración que tienen el aval del destacado arquitecto de interiores Tony Chi (mundialmente conocido), y del paisajista Gilberto Elkis. Sí, son muchos los atributos, pero no tantos como para no formular una pregunta ineludible desde el punto de vista urbano: ¿la infraestructura vial del sector dará abasto para este y los otros edificios que se levantan en la zona?

Rencoret y Salazar responden casi al unísono, señalando que en ese sector se está invirtiendo en torno a los 1.000 millones de dólares en infraestructura, en accesos y vías de salida. Que hay puentes, túneles, carreteras urbanas ya terminadas y otras por venir; que se viene la Costanera Sur y que se acabará la rotonda, etc. En fin, para ellos el tema está claro y creen que no hay espacio a los alarmismos: “este será el sector mejor conectado de la ciudad, eso te lo doy firmado”, dice Rencoret.

Y añade a renglón seguido: “mira, no podíamos equivocarnos en esto. Estamos haciendo historia con este edificio. Este no es un producto de uso mixto masivo. Acá todos los atributos del mix se establecieron en la cota alta del estándar para dar con la exclusividad, porque vimos que en Chile había una sociedad carente de experiencias inmobiliarias. Por eso acudimos a los mejores y estoy convencido de que Gary Handel y Tony Chi lograron su propósito. Gary hizo el cuerpo de este edificio y Tony, Tony hizo el alma”.
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Los socios de Territoria

 

 

Jorge Marín C.

De profesión administrador de empresas, es uno de los más activos representantes de la familia Marín, que controla CGE junto al grupo Almería (familias Hornauer, Aspillaga y Reitz, junto a los Pérez Cruz). A través de Inversiones Hemaco participa en diferentes inversiones familiares, actuando como director en CMPC, Security y Detroit.

 

 


Ana Sainz de Vicuña B.

Empresaria española con muchos vínculos familiares y de negocios con América latina. Economista agraria de la Universidad de Reading en Inglaterra, integra hoy el directorio de la Corporación Financiera Guadalmar en España, la rama de inversiones de su familia. Ana Sainz trabajó 18 años en Merrill Lynch de España, en diferentes responsabilidades.

 

 

Francisco Rencoret G.

Arquitecto con un master en esa profesión de la Universidad de Cornell, en Estados Unidos. Se desempeñó varios años en el exterior en la oficina de arquitectos de Kohn, Pedersen, Fox Architects en Nueva York y Londres. Antes de su incursión en Territoria fue socio de DyR, empresa de desarrollo inmobiliario con proyectos en el sector El Golf.

 


Ignacio Salazar V.

Abogado UC con master en Derecho de la McGill Universityde Canadá. Antes de fundar Territoria fue socio del estudio jurídico Pérez de Arce, De la Fuente y Salazar.