La última junta de accionistas del Club Hípico estuvo precedida de una silenciosa polémica. Tras la reunión en que se renovó la directiva, a cuya cabeza quedó Carlos Heller –hijo de Liliana Solari–, los socios se juntaron en forma extraordinaria para discutir una serie de cambios a los estatutos. Sin embargo, en los días previos […]

  • 4 mayo, 2007

La última junta de accionistas del Club Hípico estuvo precedida de una silenciosa polémica. Tras la reunión en que se renovó la directiva, a cuya cabeza quedó Carlos Heller –hijo de Liliana Solari–, los socios se juntaron en forma extraordinaria para discutir una serie de cambios a los estatutos. Sin embargo, en los días previos al encuentro, que se realizó en el edificio de Blanco Encalada, algunos empresarios del sector hicieron saber en voz baja su disconformidad por algunos puntos de la tabla.

Uno de ellos, en particular, se refería a la propuesta de entregar atribuciones al directorio para comprar, vender y transferir bienes muebles e inmuebles, lo que no gustó a algunos dueños de conocidos haras, entre ellos los ligados a las hermanas Solari. La disconformidad, dice una fuente cercana, venía dada por el hecho de que los terrenos del Club Hípico que podrían someterse a un hipotético proceso de venta serían precisamente aquellos destinados a las pesebreras que los haras utilizan, y que se ubican entre las calles Rondizzoni y Blanco Encalada.

Finalmente, el punto fue aprobado por unanimidad, pero dejando en claro que cualquier decisión sobre todo o parte de los predios donde están las canchas de carreras y de entrenamiento, el edificio, el sector de corrales y las demás instalaciones será materia de junta extraordinaria, mientras que para el resto de los bienes se requerirá acuerdo de a lo menos seis directores.