Tras varios años en Canal 13,
el comentarista deportivo Claudio Palma acaba de volver al CDF para reencontrarse con el fútbol local. Aquí repasa su carrera, su pelea por el rating con Pedro Carcuro y las fórmulas que lo llevaron a transformarse en el relator de fútbol número uno de Chile.

  • 28 febrero, 2019

Foto por: Julio Castro

Muy pocos rostros de televisión, porque Claudio Palma (49) lo es, tienen una historia como la suya para contar. Hablamos de un tipo nacido y criado en Puente Alto, que tras algún tímido intento por convertirse en futbolista profesional –como arquero– comenzó un largo periplo primero en radio y después en televisión. “Partí en radio en 1987. Estuve en la desaparecida Yungay, después pasé a una más grande como Corporación y luego llegué a radio Portales, donde estaba Eduardo Bonvallet, quien cuando se pasó a Radio Nacional me llevó con él”, cuenta Palma.

Lo que no dice es que al menos en las primeras radios en que trabajó estuvo a cargo de cubrir el fútbol amateur y ocupaba el puesto de tercer relator. Por lo mismo, en más de una ocasión le tocó viajar en bus a lugares como Calama, El Salvador o Puerto Montt para estar ahí un par de horas relatando un partido y luego volver a Santiago, otra vez en bus. Además, durante mucho tiempo combinó su trabajo en radio –los fines de semana– con otras labores que lo ayudaban a ganarse la vida. Así fue que pasó por varios emprendimientos, como un local de pollos asados y un almacén en Puente Alto, además de un puesto de venta de jeans en un mercado persa. Más adelante vendrían algunas pasadas por la tele, pero siempre de manera casi anónima. “Bonvallet me llevó a La Red para hacer los partidos de Chile en las eliminatorias de Francia 98, pero marcábamos dos puntos y lo que le interesaba a la gente era el comentario de Eduardo, que lo hacía después del partido y la gente se cambiaba a La Red desde los otros canales”, explica.

Después vino su paso por SKY, una empresa estadounidense que comenzó a transmitir los partidos de fútbol chileno hacia fines de la década del noventa, y luego saltó al naciente Canal del Fútbol (CDF) a relatar partidos. Pero siempre como una voz, sin que nadie conociera su rostro, algo que poco a poco comenzaría a cambiar. En paralelo a su trabajo relató el Mundial Alemania 2006 –desde Chile– para Mega y en 2010 viajó a Sudáfrica para transmitir in situ el campeonato para toda Latinoamérica a través de Direct TV. Más tarde estuvo a punto de saltar a la televisión abierta, pero sus negociaciones con Chilevisión no fructificaron. “Me pareció una falta de respeto lo que me estaban ofreciendo, así que me paré y me fui”, dice Palma y agrega: “Me invitaron a almorzar Mario Conca y Pablo Morales (directivos de la época en el canal), pero tú cachai que muchas veces cuando te llaman de la televisión abierta es como si te estuvieran haciendo un favor, porque te dicen que te va a ver tanta gente. Entonces me estaban ofreciendo hacer las clasificatorias, pero boleteando. Al final, les dije que no me interesaba”.

Un par de años más tarde llegaría por fin a la televisión abierta, a Canal 13 (y en paralelo a la señal de pago Fox Sports), donde completaría un exitoso ciclo que lo llevó a relatar los logros de la selección de Vidal, Medel, Alexis y compañía, en hitos como el Mundial de Brasil 2014, la Copa América 2015 y la Centenario al año siguiente en Estados Unidos. Ahora, es la flamante incorporación del grupo Turner, que lo tendrá relatando partidos del campeonato nacional para el CDF, las eliminatorias mundialistas para Qatar en Chilevisión y –tal vez– algún programa en la semana. Además, este mes debuta en una transmisión diaria sobre fútbol en radio Futuro. Sin duda alguna, las cosas han cambiado para Claudio Palma.

Nace el rostro

-Recuerdo que cuando te entrevisté a fines de 2006, recién estabas apareciendo en pantalla en un programa del CDF.

-Sí, es que en esos tiempos había un gerente que sostenía que los relatores no debíamos aparecer en pantalla. Según él había que mantener como el misterio de la radio, donde no se conoce a la persona que habla. Al final era una situación extraña porque uno como que estaba y no estaba. Aunque ahora yo, en las charlas que hago –realiza discursos motivacionales para distintas empresas– digo que siempre he estado en pantalla. De hecho, estuve diez años en la pantalla de DICOM (ríe). Pero claro, estuve mucho tiempo en off. Y era raro, no porque uno tuviera unas ganas locas de aparecer en pantalla, pero es que al final es uno el que mantiene con su relato la transmisión de un partido de fútbol.

-Recuerdo también que un productor del CDF me dijo que tú serías el próximo número uno del relato en Chile y ahora que han pasado doce años desde esa entrevista podemos decir que sí sucedió. De hecho, fuiste el que jubiló a Pedro Carcuro. ¿Cómo se siente eso?

-Primero, me parece un poco injusto, porque siempre me preguntan por Carcuro y por quién es el número uno. Algo que no pasa, por ejemplo, con los rostros de televisión, que lo más bien cohabitan en canales. Ahora, en el caso puntual de lo que me preguntas, creo yo que es algo de ciclos. En la vida y en lo profesional. Y la coyuntura me llevó a mí del cable, donde gocé de una suerte de anonimato que me sirvió mucho para crecer, a la televisión abierta, a Canal 13, y eso fue un gran golpe.

-Y ahí le ganas a Carcuro.

-Claro. Yo llegué a un área deportiva que ya estaba trabajando bien formada hacía años. Y ahí se da la coyuntura que nos vamos a hacer la Copa América de 2011 a Argentina y me toca enfrentar a Carcuro, lo que es algo bien especial. Yo lo escuché desde niño prácticamente y me tocó luego ganarle en el rating en esa Copa América. Y yo tampoco me manejaba tanto con el rating, porque venía de diecisiete años en el cable, donde uno termina la pega, y lo haga bien o mal, se va después para la casa y no pasa nada.

-¿Fue fuerte estar ahora con el rating encima?

-Sí, y lo asimilé después. Recuerdo que el canal hizo unos estudios de audiencias y el resultado final fue que perderíamos por algunos puntos con TVN, básicamente porque las mujeres y la tercera edad no me conocían. Entonces el canal hizo una muy buena campaña para tratar de revertir esto. Me llevaron a programas del canal orientados a ese público en que estaba flaqueando y recuerdo que hasta tuve que mover la colita por ahí en un matinal. Pero aún así fue una sorpresa, porque nos fuimos a Argentina sin expectativas de ganar. De hecho, recuerdo que en el primer partido de esa copa estábamos en el estadio de La Plata y pasaron por el lado nuestro Pedro Carcuro y Rodrigo Goldberg, que estaba en TVN. Y lo le dije a Aldo (Schiappacasse): “Hasta por pinta nos ganan”, y nos reímos. Y al final ganamos desde ese primer partido.

-Antes de Canal 13 ya te habías hecho un nombre en el CDF, eras el titular de ahí, ¿no te había cambiado ya la vida un poco en ese momento?

-La verdad es que no mucho. Claro, te ubican más en la calle, pero mientras estás en el cable la gente que te ubica se circunscribe a los más futboleros, que igual son un grupo acotado. Siempre digo que esa es la medida justa para ser conocido, porque todo es aún buena onda, te saludan, te avisan que hay una mesa desocupada en un restaurante. Todo tranquilo, sin atados.

-Y eso cambia estando en televisión abierta.

-Bueno, ahora te conoce todo el mundo. Aunque la mala onda viene de las redes sociales, que antes no existían y que son una gran mentira.

-¿Por qué?

-Porque en las redes sociales te matan, matan a todos. Pero te juro que yo en treinta años de carrera, nadie en la calle me ha parado para gritarme algo o para quejarse. Al contrario, nunca nada malo, todo bueno. Entonces uno lee las redes sociales y termina pensando que se trata de un mundo paralelo. Pero volviendo a lo de la televisión abierta, lo más fuerte para uno es cuando relata a la selección, porque se trata de un producto muy potente. Imagínate que para la Copa América de Estados Unidos tuvimos partidos con peaks de 62 puntos. O sea, te estaba viendo todo Chile. Y cuando uno se pone a pensar en eso, se da cuenta de que es algo fuerte, muy distinto a lo que uno hacía antes en el cable.  Además, cuando sabes que junto a tu equipo eres líder en transmisiones deportivas, indudablemente que hay otro peso. Y por lo mismo, cada vez que ganábamos una transmisión, después me iba de la cabina, sin hacer aspavientos. Entendí que para gente que llevaba años ganando en el rating, perder era terrible.

-Como Pedro Carcuro.

-Mira. Un día Milton Millas, que es muy amigo de Pedro Carcuro, me dice: “Lo tienes enfermo, se enfermó de verdad”. Yo le dije que no era para tanto, pero al final uno con esas cosas entiende la real magnitud de todo esto en lo que está metido.

-Pero también así como nuestra generación, la que pasó ya los cuarenta, tiene asociado al deporte el relato de Carcuro; hacia abajo hay una generación que le pasa lo mismo, pero con tu relato.

-Claro que lo entiendo. Y es así, sobre todo con la suerte que tuve, porque no te olvides que con mi llegada a la televisión abierta lo que más me toca relatar es a esta selección chilena tan exitosa, mientras Pedro relató durante décadas a puras selecciones malas. Me tocó la suerte de ser el relator de esta generación dorada.

-Te pilló la llegada a la televisión abierta con harto carrete en el cuerpo.

-Sí, yo llegué viejo a la abierta, así que la vida no me cambió tanto. Y aunque cuando llegué al Canal 13 me mandaron a hacerme ropa con Sergio Arias, no me creí el cuento. Es que ya tenía cuarenta años. Capaz que si me pasaba a los veinte me habría creído el cuento y hasta pensaba que era bonito.

Color, estilo y apodos

-¿Cómo construiste tu estilo de relato?

-Yo no tenía una voz que me acompañara mucho, así que me pasé muchas noches viendo a relatores argentinos y uruguayos, sus estilos, qué tomar de ellos. Pero lo más importante es encontrar tu color de voz.

-¿Color de voz?

-Sí, yo le digo a los más jóvenes: busca tu color de voz, tu tono de voz. Porque eso es lo que te va a identificar para siempre, eso es lo que va a hacer que te reconozcan inmediatamente. Después ponle un estilo, autodenomínate lo que quieras, pero antes trabaja el color de la voz y ya vendrá lo demás. Por ejemplo, Bonvallet también me dijo que aprovechara que tenía humor, y que le pusiera cuotas de humor a mi relato. El cambiar los tonos de voz y el usar los apodos de los jugadores también funcionó. Fíjate que me di cuenta de que a los jugadores les gustaban los apodos y en los aviones me mandaban papelitos con sobrenombres de otros compañeros. Incluso hubo un jugador de Cobreloa que me llamó a la pieza del hotel y me dijo: quiero que me bautices. No era muy bueno, y él creía que si le ponía un apodo se iba a hacer más conocido. Con todas estas historias me di cuenta de que mi pega gustaba y que se estaba sociabilizando bien.   

-Eres un relator actual, vigente, pero también tienes tus cositas medio nostálgicas, como de relato antiguo.

-Sí, de todas maneras. Es que así soy yo. Crecí entre los 70 y 80 escuchando el relato de Pedro Carcuro. Viendo a Gildemesiter, Cornejo y Fillol. Viendo a selecciones que siempre en el último momento perdían. Es bueno que la gente sepa que la selección no partió con Arturo Vidal.

-Pero uno piensa que tus guiños al pasado no los va a entender tu público joven.

-Es que ni a los cabros ni a los medios de comunicación les interesa mucho la historia hacia atrás. Y son mis eternas discusiones con los directores. Es que al final este país es así y te sacan por viejo, no por tus capacidades. Por lo mismo, yo lo único que tengo claro es que en diez años tengo que retirarme porque si no, me van a sacar. Porque al final la tele tiene unos estándares de belleza e imagen que hacen que sea un milagro que estemos el “Guatón” Schiappacasse comentando y yo relatando.

-Igual tienes tu fanaticada joven, ¿cómo se explica eso?

-Creo que lo que me ayudó con la gente joven fue que en mi época anterior en el CDF, por ahí piratearon el Winning Eleven (un popular videojuego de fútbol) y le pusieron mi relato encima. Y eso me ayudó un montón a darme a conocer entre los jóvenes porque los CD los vendían en mil pesos y ellos jugaban escuchando mi relato.

Volver a casa

-Ahora con tu regreso al CDF volverás a los estadios chilenos a relatar cada fin de semana.

-Sí, y era algo que yo echaba de menos. Porque aunque uno no esté relatando el fútbol nacional, la pega de los fines de semana igual es ver los partidos.

-¿Te veías todo?

-Veía muchos partidos y no solo los nacionales, también de ligas como la inglesa o la española, porque en la semana relataba la Champions. Al final pasaba recluido en casa los fines de semana viendo partidos en directo y otros que dejaba grabando. Igual cuesta que a uno lo entiendan en la casa, pero así es esta pega.

-Ahora te vas a mover más.

-Sí, y me alegra porque a mí me gusta volver a las raíces, al fútbol chileno. Y lo defiendo cuando lo atacan. Además que me gusta viajar, me gusta ir a regiones y relatar en el estadio, con el público ahí mismo. Que es muy distinto a relatar en un estudio con los fonos puestos y frente a un televisor.

-Ya te tocó bastante de eso.

-Muchos años. Además que siempre será mejor estar relatando en la cancha.

-Cuando estás en una cabina de transmisión, ¿relatas sentado o de pie?

-Regularmente relato de pie. Es que para relatar uno tiene que estar a sus anchas y si estás sentado es como si no estuvieses viviendo todo el cuento. Y sobre todo en los partidos de la selección yo necesito estar cien por ciento concentrado, metido en el partido. De hecho, cuando termino de relatar un partido de la selección estoy más cansado que cuando juego fútbol. Porque como soy hincha de la selección, hay un componente emocional importante.

-Te han tocado muchas duplas en el relato.

-He trabajado con casi todos.

-¿Cómo se arma una buena dupla?

-Hay que tener mucha confianza y conversar mucho. Y tener claro que ninguno de los dos puede ser más importante que el partido y que la transmisión tiene sus momentos. Cuando todos entienden eso, la cosa resulta bien. Hay momentos para que se alargue el comentarista, otras para el informador de cancha y así. Si hay confianza para ir conversando eso, el éxito está más o menos asegurado. Y eso se dio con Aldo (Schiappacasse), porque él sabe mucho de tele, de transmisiones. Además, es un tipo que no tiene egoísmos, entonces en los primeros minutos del partido él siempre me dice “corre, corre, agarra ritmo”. Porque uno necesita a los diez minutos tener internalizados a los 22 jugadores en la cabeza. Hay tiempo para todo y para todos. Porque los problemas vienen cuando tú invades el espacio de tu compañero, pero afortunadamente con Aldo encontré una dupla que funciona. Creo que es una de las mejores duplas que he integrado.