• 26 diciembre, 2008

 

 

Hoy existe un espacio, en los partidos actuales y en nuevos que se han formado o se seguirán formando, que debiera ser llenado con toda la fuerza de los jóvenes.

 

Sabemos que cuando el agua se estanca demasiado tiempo en algún lugar comienza a oler mal, pierde transparencia y frescura y deja de ser fuente de vida para transformarse en fuente de enfermedades. Esa es la percepción que tiene gran parte de la ciudadanía –y en especial la juventud– respecto de la actividad política. Esto es grave y tenemos que cambiarlo.

Renovar la política no es una opción, es una necesidad. O lo hacemos y despegamos hasta convertirnos en un país desarrollado, o nos resignamos a convertirnos en un país más de los que son gobernados en forma mediocre y corrupta.

Para que una nación logre el desarrollo se necesita una gran cantidad de factores que van mucho más allá de lo económico: se necesitan gobiernos de calidad, capaces de implementar las políticas que permiten el crecimiento; se necesitan seguridad jurídica, transparencia en las decisiones públicas y estabilidad. Todo eso depende de una buena política, de tener buenos políticos. Tenemos que revalorizar la política como algo importante. No podemos dejarles la política a los malos políticos, porque si lo hacemos lo vamos a pagar muy caro, como varios de nuestros vecinos latinoamericanos.

En esa misma línea, estoy convencida de que para construir un Chile de futuro son los jóvenes los que se deben entusiasmar con el servicio público. No es verdad que los jóvenes no estén ni ahí con la política. Cuando se presentan opciones de servicio concretas, los jóvenes se comprometen y se la juegan. Para muestra, basta ver a tantos que trabajan y han trabajado en Un Techo Para Chile. Creo que con lo que no están ni allí es con las peleas que no conducen a nada, con el discurso hueco que no apunta a sus necesidades reales, con la falta de sueños, con los políticos pegados en el pasado.

En los últimos años hemos visto que ha surgido una gran cantidad de organizaciones que permiten encauzar la vocación por lo político, por lo público, más allá de los partidos. Estas organizaciones no hacen sino reflotar la esperanza. La esperanza de que a mucha gente aún le importan la política y lo público. La esperanza de que si muchos hoy no participan, no es por desinterés ni desapego con lo que pasa en el país, sino que se debe simplemente a la falta de canales y a lo poco seductor que hoy en día resulta vivir la dinámica partidista tradicional.

Independientes en Red es un ejemplo; Expansiva, Educación 2020, Giro País, Atina Chile, la organización de dirigentes También Somos Chilenos, son otros. Hablamos de organizaciones que, desde ángulos y con intereses muy distintos tienen, sin embargo, algo en común: sus miembros están interesados en lo público y cada uno de ellos tiene capacidad de convocatoria.

Por este camino tenemos que seguir abriendo canales, enriqueciendo la participación, abriendo posibilidades. Pero también podemos cambiar la política desde dentro del sistema tradicional. Los partidos son esenciales para la democracia y hay que renovarlos y fortalecerlos. A modo de ejemplo, podemos ver que algunos de los grandes vencedores de la última elección municipal fueron candidatos jóvenes, diferentes, por los que la gente apostó y sus partidos también. Los partidos políticos que quieran crecer tienen que asumir este fenómeno. No pueden seguir con los mismos dirigentes y candidatos de los últimos 20 ó 30 años. Por ese camino sólo van a decaer y decaer.

En este mismo sentido, tiene que haber un cambio de discurso. El discurso político actual se ha quedado pegado en el pasado.Las dos coaliciones mayoritarias en Chile son herencia del plebiscito de 1988, y siguen atadas a una visión bipolar que no es capaz de dar cuenta de la diversidad de temas e intereses de los chilenos.

Necesitamos que se incorpore una generación de políticos que reconozca las tensiones entre libertad e igualdad, pero que luche por reconciliarlas. Una generación que se mira las caras sin resentimiento, dispuesta a trabajar codo a codo con todos los que se inscriban en la titánica empresa de cambiarle el rostro a Chile y mejorar la vida de los chilenos.

Hoy existe un espacio, en los partidos actuales y en nuevos que se han formado o se seguirán formando que debiera ser llenado con toda la fuerza de los jóvenes. Un espacio ideológico que desafía el eje tradicional de izquierda y derecha, y que pone énfasis en la profundidad de los nuevos temas y en la altura ética de las conductas.

Si influimos en generar más participación, más transparencia, más competencia y en la renovación de la política, podremos despertar nuevamente a un país que mira desde la distancia y cada vez con más apatía hacia el Estado. Podremos reencantar a una generación que está llena de ideales, podremos convocar a una inmensa mayoría que no se siente representada, podremos hacer un país mejor, más unido, más integrado y, de verdad, más democrático.