Estuvimos, otra vez, en el lanzamiento de la nuevas cosechas de Casablanca de la más exigente de las cepas. Todavía hay mucho dulzor, pero se notan avances como para ponerse optimistas. Por Marcelo Soto

  • 9 septiembre, 2011

Estuvimos, otra vez, en el lanzamiento de la nuevas cosechas de Casablanca de la más exigente de las cepas. Todavía hay mucho dulzor, pero se notan avances como para ponerse optimistas. Por Marcelo Soto

Ya viene siendo una costumbre que cada año la Asociación de Empresarios Vitivinícolas de Casablanca muestre las nuevas cosechas de pinot noir, una de las variedades más difíciles y más apreciadas por el consumidor; sobre todo, después de que la película Entre copas la pusiera de moda entre el público masivo.

El ejercicio permite apreciar los pasos y tropiezos, los avances y dudas que incluye todo proceso de aprendizaje. Porque elaborar pinot noir de calidad debe ser una de las tareas más difíciles que puede enfrentar un enólogo; y más todavía si se trata de una cepa en la cual la experiencia no pasa de los cinco a los ocho años.

En ocasiones anteriores nos llamaron la atención el exceso de alcohol y barrica nueva y la sobre maduración, que siguen siendo problemas visibles, aunque se aprecia una tendencia –más en palabras que en hechos- hacia vinos más frescos, con maderas menos protagónicas, si bien en casi todos el dulzor aparece al final de boca, dejando un recuerdo que puede ser empalagoso en el peor de los casos.

Hay una batería de vinos de rica fruta fresca, amables y gratos de beber, a precios convenientes, como Duette de Indómita, Quintay Q y Viña Mar. Pero el que se llevó los aplausos fue Refugio Montsecano, de la viña El Refugio, un proyecto familiar del fotógrafo Julio Donoso. Este es un vino sumamente delicado y delicioso, con una verticalidad que ataca al paladar con mucho estilo y personalidad.

En el rango de vinos más ambiciosos y de cuerpos más potentes destacaron Ocio, de Cono Sur; Edición Limitada de Morandé, Eq de Matetic y, sobre todo Signos de origen, de Emiliana. La cata contó con la presencia de los enólogos, que podrían dividirse entre dos prácticas: los que piensan que la intervención debe ser mínima para que la variedad hable (usando incluso levaduras naturales) y los que aún experimentan y sobre extraen en busca de concentración.

Estas tendencias son reflejo de la historia del pinot noir en Chile, que debe tener poco más de una década. Hace poco, conversando con Viviana Navarrete, de viña Leyda, decía: “a los enólogos les costó entender la variedad. Tiempo atrás se trabajaba full remontaje, súper extractados, con poca identidad y muy tánicos. Hace 5 años empezó a cambiar el estilo, pero todavía estamos en deuda. Aprendimos que no hay que meter tanta madera, que hay que cosecharlo fresco, pero no es fácil. Cuesta que las semillas maduren y si cosechabas temprano los vinos estaban verdes. Y si uno esperaba se convertían en mermelada. Es muy difícil el punto de equilibrio”.

Ahora, si me preguntan, el mejor vino de la noche fue uno que llegó casi de contrabando: Montsecano 2010, el gran pinot que Julio Donoso junto al legendario enólogo Andre Ostertag –y otros socios, como Javier de la Fuente- lleva a cabo en Casablanca. Este vino descolló, sin estar del todo listo. Impresionante. Si lo consiguen, compren unas cuantas botellas. No se arrepentirán.

Refugio Montsecano 2010. Viña El Refugio. $9.900

Si quieren saber de qué se trata la famosa verticalidad, prueben este vino, que no llena la boca de forma golosa (como un bombón relleno de mermelada), sino que ataca al paladar con una acidez que golpea directamente los extremos. Una sensación vibrante, rabiosamente roja y a la vez tan fácil de beber como si fuese jugo de frambuesas. Exquisito.

Edición limitada uvas orgánicas 2009. $ 11.500

La madera tiene un valor protagónico ahora, pero no alcanza a restarle personalidad a este vino en el que se nota la mano de Pablo y Macarena Morandé. Casi una declaración de principios. Lo que sorprende es la acidez alta, de una viveza que salta en la boca. El alcohol se siente, pero el resultado no deja de ser equilibrado y, sobre todo muy personal. Gran vino.
Reserva Especial 2010. Viña Mar. $6.600

Ojo con este vino. Por ese precio es difícil encontrar un buen acercamiento a la cepa, y desde una perspectiva fresca y sabrosa. Usan barricas de 500 litros, apenas el 15% nueva, y por eso la madera se sienten perfectamente integrada. En boca se siente la madurez y un ligero dulzor, pero la suma es positiva. Para el aperitivo o para un almuerzo ligero de pescado.

Quintay Q 2010. Viña Quintay
$ 9.990

Un pinot bien hecho, equilibrado, con notas a frutillas, y un toque fl oral y especiado. Después de algunas cosechas muy extractivas, este 2010 destaca positivamente por su delicadeza y frescor. Muy rico. Un excelente apronte a lo que puede ofrecer el pinot noir chileno tratado de manera correcta, sin tanta intervención.

Duette 2010. Viña Indomita. $9.900

Otro pinot de buena factura y sin excesos. El enólogo Roberto Carrera cuenta que antes hacían experimentación, pero que han dado un giro y ahora buscan casi no hacer nada en la bodega. Un vino intuitivo, que gana simpatías por su franqueza y falta de pretensiones. El compañero perfecto de un mediodía soleado de primavera.

Ocio 2009. Cono Sur. $40.000

A diferencia de anteriores añadas, este pinot se va por el lado más rojo y fresco, pero en boca tiene un fi nal dulce y un estilo confi tado. Para los que gustan de vinos sabrosos, de esos que ameritan una comida sofi sticada, esta es una buena opción. Las alternativas gastronómicas son tan variadas como la amplitud de su boca, casi golosa.

Signos de Origen 2010. Viñedos Emiliana $11.990

Rico vino, lleno de fruta roja. Es de un estilo maduro, pero no pasado. En boca, sobre todo, resalta el frescor que tiene, nada dulce como otros ejemplares de Casablanca. Fue fermentado con levaduras naturales, lo que seguramente le da ese toque natural, terroso. El alcohol todavía está un poco alto, pero presenta un buen equilibrio.

EQ 2010. Matetic. San Antonio. $22.800

Este es un vino de esos que parecen diseñados para ser disfrutados con comida. Aunque tiene un cuerpo considerable, es menos extractivo que otras añadas y se nota un descenso en el uso de la barrica nueva. Aromas a frambuesa, mora y ciruela. Sabroso y goloso, pero con una acidez que refresca el paladar. Un vino para una gran comida.