Populares en los 90, el Transantiago sirvió de excusa para restar mérito a su gestión en el gobierno. Son los tecnócratas de la Concertación. Los mismos que crecieron al alero de Boeninger, despertando la suspicacia de los políticos tradicionales.

  • 2 abril, 2008

 

Populares en los 90, el Transantiago sirvió de excusa para restar mérito a su gestión en el gobierno. Son los tecnócratas de la Concertación. Los mismos que crecieron al alero de Boeninger, despertando la suspicacia de los políticos tradicionales. Por Lorena Rubio.

 

En los años 90 se decía que los técnicos de la Concertación eran parte esencial del proceso de “crecimiento con equidad”. En esa época eran llamados los “rescatistas”, la “elite del Estado” y su perfil de profesionales expertos en temas de gestión o en algún sector en particular, como la banca o los medios de comunicación, los convertía en figuras apetecidas por las administraciones de esos años. La mayoría de ellos venían de hacer posgrados en el extranjero y unos pocos desembarcaban recién desde el mundo privado.

En esa década la receta del oficialismo combinaba en partes relativamente iguales los principios partidarios con la misma cuota de criterios técnicos. Algo diametralmente opuesto a lo que ocurre hoy, cuando las “dos almas” de la Concertación (socialdemócratas y liberales) parecen disputando palmo a palmo las decisiones estratégicas que se toman en el seno del gobierno.

Dicen que en los 90, el “padre” de esta mezcla entre tecnocracia y política fue el ex ministro y senador Edgardo Boeninger (DC). Los miembros de esta casta lo reconocen como su mentor y a su alero crecieron los principales técnicos-progre. “Profesionales como Eduardo Bitran, Jorge Rosenblut, Jorge Marshall y yo, fuimos discípulos de Boeninger, que siempre nos alentaba a ver las consecuencias políticas de determinado proyecto o iniciativa, pero también su factibilidad técnica y económica”, recuerda el director ejecutivo de TVN, y renombrado tecnócrata oficialista, Daniel Fernández (PPD). Otro “semillero” de técnicos concertacionistas fue el Ministerio de Hacienda, mientras fue encabezado por Alejandro Foxley, en el gobierno de Patricio Aylwin.

Uno de los principales “caídos” a causa del
Transantiago es el gerente general de
BancoEstado, José Manuel Mena, quien debió
renunciar por su rol como presidente del AFT.

 
Fueron los años de auge. Hoy las cosas cambiaron y aunque su popularidad venía en baja desde antes, el Transantiago se convirtió en un hito difícil de superar. “El cambio en el sistema de transportes puso en duda las virtudes de esa elite de Estado”, afirma el director del Instituto de Investigación de Ciencias Sociales (Icso) de la Universidad Diego Portales, Javier Couso. Para el académico de la UDP, el actual descrédito de los técnicos tiene como uno de sus motivos principales “el actual desorden político que impera y la excesiva predominancia que tuvieron en el lapso 1995-2005”.

Un importante profesional que trabajó con Boeninger en los 90, y que hoy está en el mundo privado, dice que “no es justo” culpar sólo a los técnicos, porque en el Transantiago “fallaron técnicos y políticos”. Añade que la única diferencia con la política es la manera de analizar la realidad.

Uno de los principales“caídos” a causa del Transantiagoes el gerente general de BancoEstado, José Manuel Mena, quien debió renunciar por su rol como presidente el AFT.

 
Coincide en ello el PPD Jorge Rosenblut, quien califica a los técnicos como “rigóricos”, es decir, personas que analizan las cosas con profundidad, rigor y seriedad, tomando en cuenta todas las variables que inciden en ellas, así como sus consecuencias. Para él, la tendencia de la política mundial va precisamente en el sentido de elevar figuras “rigóricas” a la categoría de líderes nacionales. Según el presidente de Chilectra, el ascenso de Barack Obama y Hillary Clinton como candidatos presidenciales en Estados Unidos, o el triunfo de Sarkozy en Francia demuestran que los políticos de la vieja guardia están en retirada.

Como sea, en lo que el mundo político esta de acuerdo es que los técnicos hoy están “magullados” y que dejaron de ser los primeros “elegidos” para sacar adelante las reparticiones públicas.

 

 

 

Casos y causas

 

 

René Cortázar (DC, ex ministro del Trabajo, ex director ejecutivo de TVN y actual ministro de Transportes) es todo un icono en la materia. Sus logros políticos y empresariales lo posicionaron con éxito en el mundo privado. Asumió un rol destacado en Icare y ocupó un sillón en varios directorios de sociedades anónimas.

Por lo mismo sorprendió que aceptara uno de los retos más críticos de su carrera como ingeniero comercial: sacar adelante el Transantiago, exponiéndose al escrutinio de todos los sectores y a la posibilidad de fracasar en el intento. ¿Su fortaleza? El respaldo político de La Moneda y de la directiva de su partido.

Más magullado en estos momentos aparece el presidente ejecutivo de Codelco José Pablo Arellano (DC), a quien se le reconoce un exitoso paso por la Dirección de Presupuestos (1990-1996), Ministerio de Educación (1996-2000) y Fundación Chile. Hoy no sólo enfrenta los cuestionamientos de la derecha –que formó una comisión investigadora por el alza de costos en la minera– sino también de sus propios pares de la Concertación. Camilo Escalona, el presidente del PS, lo acusó de ser el “responsable” de la crisis generada con los subcontratistas de la estatal. Por la relevancia que tiene Codelco la gestión de Arellano se ha convertido en el símbolo de las críticas a los tecnócratas.

El PPD Eduardo Bitran también gestionó la Fundación Chile durante casi una década –con reconocido éxito–, pero en los últimos meses ha enfrentado una serie de críticas por su gestión en el Ministerio de Obras Públicas (MOP). Bitran es otra víctima de las esquirlas del Transantiago, porque en su calidad de coordinador del comité de ministros del plan de transportes, no supo “anticiparse ni ser proactivo respecto a la crisis que generaría este cambió”, como concluyó la comisión investigadora de la Cámara de Diputados. Otro técnico en problemas a causa del Transantiago es el gerente general de BancoEstado, José Manuel Mena (simpatizante DC) quien deja su cargo a fin de mes, tras doce años en la entidad estatal, a causa de su labor como presidente del Administrador Financiero del Transantiago (AFT).

 

 

 

La defensa

 

 

Pero los técnicos no están de brazos cruzados y pretenden defenderse con dientes y uñas ante lo que consideran como acusaciones injustas y motivadas por criterios estrictamente políticos.

El primero en abrir los fuegos es Mena, para quien su salida de BancoEstado fue sólo una forma de calmar los ánimos en medio de un clima donde de uno y otro lado pedían cabezas por las responsabilidades de la puesta en marcha del sistema diseñado durante el gobierno de Ricardo Lagos. Según él, ha faltado respaldo de quienes ejercen cargos políticos.

“A los técnicos se les hace difícil hacer bien su trabajo si no cuentan con el respaldo adecuado”, sostiene el ex presidente del AFT. El ejecutivo –a quien todos sindican como uno de los personajes clave en la modernización e internacionalización de BancoEstado– explica que “La Moneda siempre mostró una lejanía respecto a lo que estábamos haciendo en el banco”. Según Mena, la contracara de esta cierta indiferencia fue que la plana mayor de la entidad estatal contó con plena autonomía para emprender los cambios que se necesitaban. A esta independencia para trabajar se suma el hecho de ser una de las empresas autónomas del Estado que se autofinancia y genera ganancias.

Si bien es cauto a la hora de explicarse la razón de su salida, el ejecutivo entrega una clave. “Durante mucho tiempo debimos lidiar con las peticiones de políticos que nos pedían solucionar la situación financiera de alguna empresa en particular o ayudar a un amigo en desgracia”, explica.

 

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Mena se identifica plenamente con el concepto de técnico concertacionista. Asegura que en los 90, después de un período de transición democrática, se necesitaba a profesionales competentes que se hicieran cargo de la gran cantidad de empresas que estaban en manos del Estado. “En ese tiempo no había demasiados expertos en temas como la banca, por ejemplo, sobre todo a nivel gerencial”, recuerda. Menciona su caso y el de Máximo Pacheco, quien llegó a Codelco desde el hoy desaparecido Banco de Talca. La otra vertiente de la que se nutrió el grupo de los actuales tecnócratas del oficialismo, agrega Mena, fue el mundo académico, “quienes con el tiempo se fueron especializando”. Como ejemplo de este tipo de tecnócrata menciona al actual vicepresidente de BancoEstado, Jorge Marshall.

Rosenblut también tiene una explicación para lo que está ocurriendo. Según el ex subsecretario de Telecomunicaciones y de la Presidencia de Frei, el actual desamparo de los técnicos de la Concertación tiene que ver con la falta de respaldo político-institucional, algo que sí existía en la década de los 90. “Para hacer una buena gestión es absolutamente necesario tener el respaldo político y contar con la libertad de acción necesaria”, acota. Algo en lo que también está de acuerdo Daniel Fernández, quien ejemplifica con su propia historia como gerente general de Enap, en el gobierno de Lagos. “Siento que tuve la libertad y el respaldo de la administración Lagos para emprender las reformas que eran necesarias para consolidar a esta empresa en Chile y en los mercados internacionales”, sostiene el director ejecutivo de TVN.

También hay personalidades del ámbito político que defienden a los tecnócratas del oficialismo. Para el gerente Pro Inversión del actual gobierno, Carlos Mladinic (DC), hay algunos cargos ejecutivos en las empresas públicas que no funcionan coordinadamente con sus directorios “y eso quita libertad de acción”. Para Mladinic, el mejor ejemplo es Codelco, compañía a la que define como una verdadera “camisa de fuerza” en términos de su estructura.

 

 

 

 

De vuelta al equilibrio

 

 

 

¿Cómo se llegó al punto en el que los que eran considerados verdaderos “elegidos”, hoy están en el ojo de las críticas de buena parte del oficialismo? El director de Codelco –entre otras empresas– Nicolás Majluf, afirma que las condiciones sociales de este momento son diametralmente opuestas a las de los 90.

Según el académico del Departamento de Ingeniería Industrial de la UC, durante la década pasada existía un “acuerdo social más definido en torno a determinadas tareas y no existía el clima de efervescencia de hoy”. Añade que el actual crispamiento de la actividad política hace más difícil que los tecnócratas puedan hacer sus tareas sin interferencias. Por ello, plantea la necesidad de recuperar los equilibrios entre técnicos y políticos para encontrar soluciones consensuadas a los problemas económicos y sociales.

 

 

 

Los principales técnicos de la Concertación reconocen como su mentor al ex secretario general de la Presidencia (1990-1994) y ex senador, Edgardo Boeninger (DC). El es, para muchos, la mezcla perfecta entre técnocrata y político

 

 

 

Para Javier Couso, parte importante de la desconfianza hacia los tecnócratas que se vive en la actualidad es responsabilidad de ellos mismos. “La tecnocracia entró en crisis en Chile, al menos en la versión exagerada que predominó desde mediados de los noventa hasta 2005. Me refiero al tipo de tecnocracia que tendía a monopolizar las discusiones sobre políticas públicas”, señala.

De hecho, añade el académico, es una tendencia mundial que la población desconfíe de los técnicos cuando ellos exceden su órbita natural de competencia, lo que expresa en el refrán anglosajón que dice: “La economía es demasiado importante para dejársela sólo a los economistas”.

Según el académico de la UDP, las cosas deberían equilibrarse cuando las fuerzas políticas se ordenen y las cosas vuelvan a su cauce natural. Ello por cuanto, tarde o temprano, la clase dirigente debe entender que no se pueden dejar todas las decisiones a los políticos –y tampoco a los técnicos– sino que debe ser una fórmula equilibrada.

Carlos Mladinic es de la misma tesis. En su opinión, “hay que dejar de seguir viendo a las personas como si estuvieran partidas por la mitad: los técnicos de la Concertación son expertos en algo, pero todos tienen sensibilidad política”. Para él, hay personas como el canciller Alejandro Foxley que encarnan esa doble condición: “nadie puede dudar de sus méritos técnicos, pero él también fue presidente de la DC”, acota.

 

 

 

¿Hay recambio?

 

 

 

Un punto que inquieta a reconocidos técnicos oficialistas es la falta de una generación de recambio, que ocupe, en caso de un hipotético nuevo gobierno de la Concertación, los espacios dejados por los actuales tecnócratas, aunque varios de ellos son relativamente jóvenes.

Los tecnócratas “históricos” no ven un espacio –como lo fue la SegPres de Boeninger o el Ministerio de Hacienda de Foxley– que sirva de semillero para formar a nuevos técnicos y gestores. Lo que sí aprecian es una nueva generación de economistas que serán el sustento ideológico en caso de una nueva administración y que se está formando en think tanks, como Expansiva o en las distintas gerencias del Banco Central.

Mladinic discrepa de esta postura y asegura que la mejor prueba en contrario es la carrera que ha hecho el ex coordinador de asesores de Hacienda y actual ministro de Energía, Marcelo Tokman (PPD). “El es un técnico que fue adquiriendo expertise en sus negociaciones con el Parlamento y se convirtió en ministro”, afirma el gerente Pro Inversión de Bachelet.

 

 

 

ARELLANO, EN EL MEDIO DE LA TORMENTA


No ha sido fácil la gestión de José Pablo Arellano como presidente ejecutivo de Codelco. De todos los denominados técnicos del oficialismo, con la excepción de su amigo y correligionario, René Cortázar –el que, al parecer, está capeando la parte más complicada del “temporal” Transantiago–, Arellano es quien más contingencias ha enfrentado desde su aterrizaje en las oficinas centrales de la minera estatal, en pleno corazón de Santiago. Ello en un escenario de altos precios del cobre.

Su primer impasse fue el derrame en el tranque de relaves Carén de El Teniente, ocurrido sólo un par de días después de que asumiera como máximo ejecutivo de la cuprífera. En julio del año pasado –a sólo cuatro meses de haber llegado a la presidencia– se produjo un derrumbe en Chuquicamata que gatilló una importante caída de la producción. Después vendrían una serie de negociaciones colectivas con las divisiones de la estatal, la más compleja de las cuales fue con los trabajadores de Codelco Norte.

Sigamos. En julio y agosto de este año debió enfrentar las protestas de los subcontratistas de la minera –sin duda la situación más difícil de su administración– que incluyó quemas de camiones y detenidos, y que derivó en una abierta disputa con la Dirección del Trabajo que ya llegó a la justicia. Todo en medio de un escenario de cuestionamientos por el incremento en los costos de la estatal y una serie de comisiones investigadoras que lo tienen en el Congreso de Valparaíso más de lo que quisiera. De hecho, a Capital comentó la frase dicha por uno de sus ejecutivos: “producimos cobre en los ratos libres”.

¿Cuánto hay de contingencias esperadas y cuánto de défi cit en el manejo político? De partida, a Arellano le disgusta la diferenciación entre tecnócratas y no tecnócratas. Según él, ha habido ministros muy exitosos desde el punto de vista técnico que provenían del ámbito político, así como personas de gran capacidad técnica que ejercen responsabilidades eminentemente políticas. “En realidad, en la gestión pública moderna se necesita combinar ambas capacidades para tener éxito”, sostiene.

En segundo lugar, este doctor en Economía de Harvard defiende los logros de su gestión y asegura que no ha sentido “falta de respaldo” en ningún minuto. Punto que es avalado por el apoyo que dio la presidenta Bachelet a la decisión de Codelco de impugnar en los tribunales un dictamen que obliga a la firma a contratar cerca de 5.000 trabajadores externos.

Sin embargo, hay voces en la Concertación que han criticado a la empresa por lo que califican como “un feudo de la DC” y que algunos de sus máximos ejecutivos no provengan del mundo minero. Nicolás Majluf, miembro del directorio de la estatal, asegura que “no es fácil dirigir Codelco: hay que manejar un complejo frente interno y además mantener los nexos políticos en el exterior”.

¿Cuáles son sus principales logros, según el propio Arellano? Obtener excedentes históricos, haber focalizado el plan de inversiones y tener presupuestados proyectos millonarios que alcanzarán “sumas históricas” para la minera. Y, algo especialmente relevante para él, modernizar los estándares de gestión. Habrá que ver si el chico maravilla de los 90 sale airoso de su prueba más difícil.