• 15 junio, 2010


Como en el fútbol, nuestro país tiene un equipo competitivo, pero no al ritmo ni con la consistencia de las naciones más aventajadas. Analizando al detalle, nos faltan defensa (una reforma a la educación) y mejorar el ataque (con la innovación como herramienta).


En el último tiempo ha tomado especial importancia el tema del fútbol, incrementado por la sensación de que tenemos un equipo para ser campeones del mundo. Pero no es lo único: también ha tomado fuerza la idea de que podemos llegar a ser un país desarrollado en el mediano plazo. Para ello debemos preocuparnos de ser más productivos y, por lo tanto, más competitivos.

Las noticias no son alentadoras. En los últimos años se han registrado caídas con respecto a la productividad total de factores (5,1% desde 2007). Dicha baja coincide con la
pérdida de competitividad (4 puestos desde 2007). Para medirla, existe el índice de competitividad global elaborado por el World Economic Forum (WEF). Este indicador está compuesto por 12 pilares que se dividen en 3 áreas. De la misma forma en que un comentarista analizaría a “la roja de todos” –partiría por la defensa, arquero incluido, para luego pasar al mediocampo y terminar con los delanteros–, al analizar la competitividad de nuestro país uno debiera analizar las distintas áreas y luego sus pilares.

Pues bien, en materia de competitividad los chilenos tenemos un plantel más bien equilibrado, sin grandes variaciones entre la defensa, el medio campo y los delanteros. Esta estabilidad nos permite estar entre los equipos de elite. ¿Y qué pasa si nos comparamos con nuestro posible rival en octavos de final: Brasil? El país “mais grande do mundo” tiene una delantera que causa temor, pero presenta ciertas debilidades en su defensa. Entonces, las bases de la competitividad carecen de consistencia.

Pero ganarle a Brasil y ser campeones del mundo requiere más competitividad. Claramente, la visión que imprima el DT es crucial, como también sirve mirar la evidencia. Cuando se analizan los datos de la encuesta del WEF, queda en evidencia que en los últimos 5 años nuestras posiciones relativas han variado muy poco. Seguimos siendo un país ordenado y que hace bien las cosas. No por nada tenemos el apodo de ser los mejores alumnos de la región.

No obstante, hemos caído en términos generales en nuestras tres líneas. En defensa (instituciones, salud y educación); en el medio campo (tenemos problemas de rigidez en el mercado laboral, algo que comparte también España, por lo que debiéramos esperar un partido más bien trabado el próximo 25) y estamos estancados en los temas de innovación. ¿Cómo podemos revertir lo anterior? Dos áreas cruciales.

En educación tenemos los mayores desafíos. En estos últimos años hemos construido un sistema que presenta progresos, aunque todos los quieran ocultar y quizás a una velocidad menor de la que todos quisiéramos. No podemos seguir perdiendo tiempo. Quizás una de las grandes virtudes de nuestra selección es su perseverancia. Y eso es exactamente lo que tenemos que aplicar aquí: seguir trabajando por una parte y, por otra, realizar cambios radicales que permitan mejorar y saltar en nuestra competitividad.

Existe una amplia literatura en este tema que entrega luces, pero lo más relevante es asumir la tarea como una bandera de lucha por el Estado de Chile. Se requieren pasión, ganas y estar dispuestos a dar la pelea, como hacen los hinchas en cada partido. Al final del día, esta es una discusión política con un fuerte componente económico.

Por último, es urgente fortalecer el ataque. La innovación es lo que nos permitirá dar el salto al desarrollo. Durante las décadas pasadas nuestro crecimiento fue cercano al 6% debido a que nos encontrábamos en una etapa de lograr estabilidad política y económica. Dicha estabilidad ya se consiguió, por lo que ahora necesitamos mejoras en eficiencia, productividad e innovación. China, India y Brasil han avanzado bastante en estas materias. Si queremos dar el salto tenemos que pensar en desarrollar y fomentar la innovación. Quizás sea hora de utilizar políticas más heterodoxas y dejar de lado la clásica discusión entre el rol del Estado y el de los privados. Esa frontera hace mucho tiempo dejó de ser una muralla china. En este punto hay un rol para el mercado, pero también para el Estado. De esta forma también podemos llegar a estar entre los 4 países que disputen la copa.