Por: Por Julio Pellegrini, Socio de Pellegrini y Cia.

  • 10 octubre, 2019

Hace pocos días, American Airlines anunció que aumentará la frecuencia de vuelos que unen Sudamérica con Miami. Ello como reacción a que Delta diera a conocer la intención de adquirir un 20% de LATAM. Lo anterior no es menor, si se considera que Miami es la principal puerta de entrada a Norteamérica desde nuestro país, y en esa ruta LATAM con American Airlines son los únicos competidores con vuelos directos.

Según han declarado los principales accionistas y altos ejecutivos de ambas compañías, tanto la incorporación de Delta como la reacción competitiva de American Airlines han surgido como consecuencia de la decisión de la Corte Suprema, la que en mayo de este año prohibió un Joint Business Agreement entre la firma norteamericana y la aerolínea chileno-brasilera.

Los Joint Business Agreements (mejor conocidos como JBA) son un tipo de acuerdo que ha estado muy de moda en la industria aeronáutica en los últimos años. Consisten en una alianza entre distintas líneas aéreas para fijar conjuntamente las tarifas de los vuelos, sus frecuencias, número de asientos e, incluso, sus políticas comerciales. No se trata de una fusión –porque no existe traspaso de propiedad entre compañías–, sino que de un acuerdo entre empresas rivales para dejar de competir en determinadas rutas y definir conjuntamente sus precios, estrategias de marketing y demás variables competitivas. Entre 2006 y 2016, el tráfico de pasajeros en líneas aéreas controladas por JBA en el mundo aumentó de 5% a 25%.

Internacionalmente se ha discutido mucho acerca de la conveniencia de los JBA entre empresas competidoras. En un comienzo se estimaba que este tipo de acuerdos podrían tener ventajas, porque permitían el fortalecimiento de las aerolíneas en un mercado difícil y sofisticado, que se caracteriza por ser una industria de redes. Recientemente la tendencia ha sido considerarlos poco convenientes, porque la experiencia ha demostrado que no han aumentado la competencia ni han traído beneficios para los consumidores. Por el contrario, la evidencia ha confirmado que en muchos casos han redundado en aumentos de los precios de los pasajes.

La Corte Suprema fue muy asertiva al resolver que este tipo de acuerdos entre competidores no podían aprobarse en un mercado como el nuestro, que presenta altísimos niveles de concentración (especialmente en la ruta que va hacia Norteamérica), en el que no existe suficiente competencia, que se caracteriza por tener altas barreras a la entrada de nuevos competidores y en el que hay  un solo aeropuerto que opera rutas internacionales.

El mercado le dio la razón: a los pocos meses de la sentencia de la Corte Suprema, Delta –el principal competidor de American Airlines y la aerolínea más grande del mundo en vuelos trasatlánticos– decidió expandirse en nuestro país de la mano de LATAM. La actuación de Delta será a través de la propiedad de esta última (participará de un 20%) y además a través de un JBA que se acordará entre ambas aerolíneas. Sin embargo, en este caso no se trataría de una alianza entre empresas que son 100% competidoras (como ocurría con LATAM y American Airlines), sino que de compañías en que existe propiedad común (participaciones cruzadas). Claramente esta será una circunstancia que considerarán las autoridades encargadas de velar la libre competencia al momento de revisar la operación y decidir si le darán luz verde.