Rocío Espinoza, Directora Fundación Amulén.

  • 28 mayo, 2020

Mientras las autoridades se ocupan de la pandemia que nos afecta, con medidas de salud, sociales y económicas nunca antes vividas como país, es momento de empezar a mirar y ocuparnos de la próxima crisis que nos afectará: el desempleo y el hambre.

El gobierno central y las municipalidades coordinan sin descanso la ayuda de emergencia para los sectores más vulnerables y, al mismo tiempo, varias organizaciones sin fines de lucro estamos llamadas a poner atención en la siguiente etapa -post pandemia- y los tremendos efectos que vivirá la población. Se estima que la pobreza aumentará en al menos un 2%, lo que es la ante sala de tiempos en extremo difíciles.

Esto se agudiza además por un contexto de sequía que no da tregua y que ostenta impresionantes records, afectando con más fuerza a los sectores más vulnerables que viven en la ruralidad. A abril de 2020 vemos que desde Antofagasta hasta Punta Arenas hay déficit de precipitaciones en comparación con el promedio histórico (1981-2010). Vemos con preocupación comunas como Temuco y Talca, donde la epidemia está vigente, con casos activos, y en donde las lluvias no alcanzan los mismos niveles del 2019 a la fecha (-68% y -58% respectivamente).

El 47% de la población rural no cuenta con abastecimiento de agua potable formal. Esta carencia los afecta en varias dimensiones: económica, salud, educación y equidad de género. Nos preocupa la invisibilidad del mundo rural en cuanto a la actual pandemia y también al futuro más cercano

Si las autoridades hoy están distribuyendo kits de emergencia, desde nuestra parte tenemos que pensar en kits de herramientas, para que los chilenos que hoy tienen menos recursos y han sido afectados por el Covid-19 puedan levantarse cuando la tormenta sanitaria pase. Hambre y desempleo son palabras que hoy se escuchan cada vez más fuerte y LA forma de superarlas será entregando herramientas.

Hoy, más que nunca, vemos el agua como una herramienta clave para la superación de la pobreza, a través de actividades de fomento para beneficiar a comunidades carentes y a la microagricultura en zonas rurales que no deben morir. Para esto, implementaremos innovaciones para asegurar que cada hogar cuente con agua y disponga de más litros para mantener la higiene, pero por sobre todo, para que puedan superar la pandemia del hambre y desempleo, que inevitablemente los moverá hacia la pobreza de la que con tanto esfuerzo muchos lograron salir.