Matea, ordenada, arriesgada y atractiva. Así es Josefina Montenegro, la Superintendenta de Quiebras que está dando de quÉ hablar en el mundo legal y económico con una reforma que por primera vez en 30 años, cambiará la manera cómo se liquidan las empresas.

  • 29 febrero, 2012

Matea, ordenada, arriesgada y atractiva. Así es Josefina Montenegro, la Superintendenta de Quiebras que está dando de quÉ hablar en el mundo legal y económico con una reforma que por primera vez en 30 años, cambiará la manera cómo se liquidan las empresas. Por María José Salas; foto, Gabriel Pérez.

Josefina Montenegro no quiso esperar. El mismo día en que pisó su nueva oficina en Huérfanos 626, donde está la Superintendencia de Quiebras, agendó una reunión con el entonces ministro de Economía, Juan Andrés Fontaine, para echar a andar la reforma que traía en su cabeza desde que aceptó su nuevo cargo público.

Así, desde su segundo día a bordo de la superintendencia empezó a trabajar en la modificación de la Ley de Quiebras, una tarea que durante 30 años ha estado estancada.

“Todos saben, sobre todo los abogados, que la Ley de Quiebras lleva 30 años tratando de ser modificada y no se ha logrado; se han hecho sólo cambios pequeños”, comenta la abogada de 35 años.

Por eso, cuenta, sólo aceptó su nuevo desafío en la administración pública una vez que tuvo la certeza de que podría realizar los cambios que tenía en mente.

Ya lleva casi dos años a cargo de la superintendencia y no ha pasado desapercibida. Tanto por su trabajo como por su impronta. Josefina Montenegro es una mujer atractiva. Siempre anda impecable, de punta en blanco, y subraya que es fanática de la ropa. De figura alta y delgada, pelo negro azabache y ojos pardos, de lejos puede parecer una mujer lejana y muy seria, pero quienes la conocen destacan su cálido trato y su trabajo en equipo. “Es una persona muy humana. Es mi jefa, pero me siento muy amiga de ella, también. Además, creo que modernizó totalmente la Superintendencia, porque la sacó a la luz”, dice Alejandra Anguita, jefa del Departamento Jurídico de la Superintendencia, quien reconoce que de todas maneras les ha sacado trote en los meses que lleva a cargo de esa repartición.

Uno de los sellos de Montenegro en la Superintendencia ha sido intentar disminuir cuanto sea posible los tiempos de duración de las quiebras, que en promedio llegan hasta cuatro años.

Uno de los sellos de Montenegro en la Superintendencia ha sido su intento de disminuir cuanto sea posible los tiempos de duración de las quiebras, que en promedio llegan hasta cuatro años, circunstancias que ha sido criticada por informes internacionales. Para eso, creó equipos de trabajo que fiscalizan la administración de las empresas como se vio, por ejemplo, en el caso de la quiebra de la central termoeléctrica Campanario.

Ahora, su próximo objetivo es hacer un cambio radical en la ley, que incluso tendrá otro nombre: Ley de Reorganización y Liquidación de Empresas. El énfasis de esta iniciativa, que está ad portas de entrar al Congreso para su discusión, se marca en evitar la quiebra de empresas. ¿Cómo? Haciendo que el mismo deudor pueda presentar propuestas a sus acreedores a fin de saldar sus obligaciones. De esta manera, se intenta reorganizar la empresa para enfrentar los problemas de liquidez, y si después de ese proceso se concluye en que no es viable, ahí recién empieza la liquidación de activos.

Nelson Contador, profesor de Derecho Comercial de la Universidad de Chile, y que ha trabajado con la abogada en el cambio de la ley, destaca su preocupación por simplificar los temas complejos para que la gente los entienda. “Pide redactar un precepto en forma sencilla, porque la idea es que todos entiendan la norma, no sólo los especialistas”, explica el jurista.

Infocap, Claro y Nueva York
Matea, profesional y muy dedicada, desde que era estudiante del colegio Villa María y después en la Escuela de Derecho de la Universidad Católica, resaltó por su notas. De hecho, se ubicó entre el 5% superior de su generación en la universidad y fue la primera en dar el examen de grado en 2001, año en que se tituló. “No por matea, sino por esta obsesión de no dejar para mañana lo que puedes hacer hoy”, se excusa.

Y, efectivamente, ese lema corre para todo lo que hace en su vida. Luego de cumplir su práctica profesional, fue elegida la mejor practicante del año. Eso llevó a que la Universidad Alberto Hurtado e Infocap pusieran una lupa tras sus pasos y la buscaran para que fuera la encargada de crear la primera clínica jurídica gratuita. “La experiencia fue increíble, fue un esfuerzo tremendo. Partimos dentro de una mediagua en Infocap y trajimos a los estudiantes de cuarto y quinto años de la Alberto Hurtado para que hicieran su práctica profesional ahí. La verdad, partimos como asistentes sociales, más que nada éramos oreja, las personas tenían muchos problemas y sólo algunos se podían traducir en acciones legales”, cuenta Josefina.

Paralelamente, trabajó en el estudio Claro & Cía. en el área de estructuraciones y financiamiento de proyectos. Jorge Martín, socio de ese estudio, la recuerda muy trabajadora, ordenada y estudiosa. Una mujer que disfruta los desafíos y que no hace el quite a las situaciones difíciles. “Cuando se fue de Claro, me dejó una copia en CD, de todos los documentos de los negocios en que trabajamos juntos, uno por cada negocio. Nadie se lo pidió y no tenía por qué hacerlo. Nadie más que se haya ido de la oficina lo ha hecho. Ese detalle te demuestra cómo es”, afirma Martín.

Después de trabajar dos años en Claro y en la clínica jurídica, Josefina tomó sus maletas y se fue a estudiar a Nueva York. Siempre tuvo la inquietud de aprender afuera. Cuando estaba en el colegio quería hacer la carrera completa en Salamanca, pero no pudo por un tema de edad. Así que apenas tuvo la oportunidad se fue. Ganó la beca Presidente de la República y postuló a Columbia, Berkeley y NYU. Quedó en las tres, pero se decidió por esta última. Ahí estudió un master en Derecho y otro en Business y, al terminar ambos, entró a trabajar en el estudio de Cleary, Gottlieb, Steen & Hamilton New York Office. “Fueron los mejores años de mi vida; podrían haber mejores todavía, pero los recuerdos que tengo, son inolvidables en todo sentido; vida, estudio, aprendizaje, diversidad, en todo”, recuerda la abogada.

Desde ese estudio participó en la reestructuración de las deudas soberanas de República Dominicana y Argentina, experiencia que la llevó a codearse con los mejores abogados.

Con guantes de box
Josefina Montenegro viene de una familia achoclonada. Es la segunda de cuatro hermanas, todas muy diferentes entre sí, pero muy conectadas. Tratan de juntarse los fines de semana o, si no, hablan por WhatsApp. Las cuatro estudiaron en el Villa María y desde chicas veranearon en Vichuquén, donde lo principal eran el deporte y estar acompañadas de hartas amigas.

“Lo que más admiro de Josefina es su perseverancia, su inteligencia, su capacidad de estudio y de trabajo. Es una máquina: puede pasar días y noches sin parar hasta lograr su meta”, comenta María Paz, su hermana mayor.

Otra faceta que marca a Josefina es su pasión por el deporte. Siempre muy femenina, pocos se imaginan que tras toda esa estética bien cuidada hay una mujer adicta al deporte… y hasta a los más rudos. Es por eso que el último año todos los lunes, miércoles, viernes en la noche y sábados en la mañana practica boxeo en el gimnasio Balthus con un personal trainer: se pone botas, guantes y una máscara y descarga todo el estrés de la semana. También le gusta nadar, correr, jugar tenis y en invierno, esquiar en La Parva.

De hecho, el deporte está tan presente en su vida que fue así como conoció a su marido, David Benadava. El publicista la invitó a salir varias veces. Ella se negaba, hasta que un día le propuso que mejor jugaran tenis. Fue así como partió la relación hasta que se casaron, en 2008.

Josefina quiere algún día tener hijos y formar una familia numerosa. Mientras tanto, está enfocada a full en su trabajo. Aunque tiene claro dónde iría, de tener un descanso: “si me dieran un año sabático viviría en Sydney. Es una ciudad muy acogedora, con gente deportista, alegre, cosmopolita, se come bien, se pasa bien”. Para allá se llevaría el libro con la biografía de Steve Jobs que no pudo terminar en sus vacaciones este verano, porque había que volver a trabajar.