Amado por unos, odiado por otros, pero sin lugar a dudas una figura fundamental de la cultura pop del siglo veinte. El hombre detrás de El Asombroso Hombre-Araña y de muchos de los personajes de Marvel Comics. Con ustedes, el “creador de monos” más importante del planeta.

  • 5 julio, 2012

Amado por unos, odiado por otros, pero sin lugar a dudas una figura fundamental de la cultura pop del siglo veinte. El hombre detrás de El Asombroso Hombre-Araña y de muchos de los personajes de Marvel Comics. Con ustedes, el “creador de monos” más importante del planeta. Por francisco ortega

Sucedió en un episodio de una popular historieta, allá por 1967. Una joven se acerca a Spider-Man después de que el Hombre Araña la ha salvado de unos malhechores que la tenían bien arrinconada en un callejón. Lo mira y le dice: “eres increíble”. Spidey sonríe dentro de la máscara y responde: “no, increíble es Hulk. Yo soy asombroso”.

El detalle no es trivial. Todo en Marvel (una de las grandes editoriales del cómic, comprada por Disney  en 4 mil millones de dólares en 2009) está adornado con adjetivos portentosos: el “invencible” Iron Man, el “poderoso” Thor, los “imposibles” X-Men y así, en una larga lista de la más pura y genuina mitología popular del siglo veinte; en cuya firma aparecía siempre la identidad de un solo tipo, un canoso de bigote y anteojos que respondía al nombre de Stan Lee. Pero, claro, como lo suyo era la grandilocuencia, su adjetivo calificativo iba en ese ritmo; no era Stan Lee a secas, sino su excelencia o el excelente (o como quiera traducirse Excelsior) Stan Lee.

Nada en esta historia es gratuito. Lee fue el primer guionista de historietas en convertirse en superestrella y en hacer de su identidad una marca registrada. Sus personajes tenían su sello, una personalidad propia, una identidad que en los sesenta hizo de Marvel la alternativa “clase media trabajadora” al entonces monopolio superheroico de DC Comics.

Amado por los lectores, figura a la par de un ídolo de rock, Stan Lee no ha estado fuera de la polémica. Camaradas suyos como Steve Ditko y el gran Jack Kirby lo acusaron de quedarse con la autoría de creaciones colectivas, y eso ha alimentado la idea  popular entre los comiqueros acerca de que hay que escoger un equipo, un bando: si no puedes ser al mismo tiempo del Colo y de la U, tampoco puedes ser fan de Lee y de Kirby, el otro nombre que cimentó la construcción mítica de cómics. Absurdo, porque aunque hay mucho de cierto en este debate, tampoco hay que pasar por alto que fue Lee quien realmente ideó los conceptos de todo un universo superheroico. También, que gracias a su trabajo el artista de cómics logro dignidad en su trabajo, reconocimiento público (a partir de acreditaciones de su labor en las páginas iniciales, tal como en el cine o la TV), mejores contratos y la posibilidad de recibir regalías si un personaje suyo pasaba a otro formato.

Digan lo que digan, y ante la proliferación de otros nombres claves en el cómic, como Alan Moore y Will Eisner, lo cierto es que a nivel de industria, Stan Lee es con ventaja el nombre más importante del negocio de la historieta norteamericana y un creador pop que a estas alturas está al mismo nivel, si no más arriba, que Walt Disney. De hecho, con la mayoría de los grandes artistas muertos, Lee es hoy, en julio de 2012, el “creador de monos” más importante del planeta.

Capitán Marvel
Stanley Martin Lieber o Stan Lee, como se ha hecho llamar la mayor parte de su vida, cumple 90 años en diciembre próximo y la industria del cómic se prepara a celebrarlo como la estrella que es. Más aun porque gracias a sus creaciones, el 2012 ha sido un año espléndido para Marvel/Disney después de que Vengadores y una nueva versión del Hombre Araña arrasaran no sólo con la taquilla, sino también entre los críticos, que las aplaudieron.

Los superhéroes están de moda, gustan a grandes y a chicos, sobrepasan barreras del sexo y hoy están incluso en colecciones de alta costura. El legado de Lee ha llegado para quedarse y, aunque en rigor este señor no inventó a este tipo de personajes (honor que corresponde a Jerry Siegel y Joe Shuster quienes crearon a Superman en 1938), la forma en que hoy los conocemos es mérito y legado suyos. El ejercicio es simple: si revisamos las diez películas más taquilleras de la historia, cinco están basadas en creaciones que llevan su nombre. Y si aquí apuntamos al cine es porque hace rato que este negocio (que lo es) dejó las revistas para pasar a administrar personajes y contenidos para cine y videojuegos, las dos industrias más rentables del entertainment.

Su carrera empezó a los 18 años, cuando ingresó a Timely, una de las tantas editoriales norteamericanas de historietas de finales de los años 30, a trabajar como ayudante de redacción. Con aspiraciones de escritor, Lee tuvo su primera oportunidad en 1941 cuando se le permitió escribir un par de números de Capitán América (un personaje que, por cierto, muchos años después traería de regreso en una nueva encarnación).

A partir de este primer trabajo narrativo, Lee comenzó a “freelancear” en diversas productoras de comics, especializándose en relatos de romance y aventura juvenil, muy populares en la década de los 50 cuando, tras la persecución del senador Joseph McCarthy los géneros de terror, aventuras y superhéroes pasaron casi a la clandestinidad. Eran mal vistos, acusados de pervertir a los niños y de promover la violencia e incluso la homosexualidad. Al llegar los años 60, los superhéroes, representados por DC Comics, estaban viviendo sus estertores; las ventas de Superman y Batman andaban por el suelo y no eran pocos los que auguraban el fin de estos personajes enmascarados. Hasta que apareció Marvel.

Fue en 1961, cuando Martin Goodman, propietario de Timely Comics, decidió reformatear su editorial cambiándole el título a Marvel, para lo cual convocó a su viejo ayudante Stan Lee, a quien dio la misión de crear el título debut. A petición del editor, una historieta de ciencia ficción dibujada por el ya veterano Jack Kirby, uno de los artistas fundamentales del llamado noveno arte norteamericano. Lee aceptó el desafío, pero propuso mezclar la ficción con los superhéroes. Quería hacerlo de un modo distinto: ya no serían semidioses, sino personajes con conflictos reales, con personalidades fáciles de identificar para el lector medio, mucho más cerca de la gente común que de la deidad que representaban Superman o la Mujer Maravilla. Goodman dio luz verde y Stan Lee presentó a la primera familia del género de los superhéroes: Los Cuatro Fantásticos. Y con este título no sólo debutaba Marvel, sino también la llamada edad de plata de los cómics.

Duplas legendarias
Entre 1960 y 1970, las duplas creativas de Stan Lee con Jack Kirby y de Stan Lee con Steve Ditko crearon la mitología Marvel y con ella cambiaron al cómic comercial para siempre: Thor, Hulk, Iron-Man, Daredevil, X-Men, Spider-Man, Capitán América y los Vengadores son parte del legado que dio forma a la casa de las ideas, como también fue conocida la editorial, cuyo éxito pronto fue tomado por la competencia (DC Comics) que rediseñó a sus personajes para adecuarlos a las exigencias del nuevo público que Stan Lee y los suyos habían creado.

El lector de cómic ya no quería a encapuchados inalcanzables. Gracias a Marvel el superhéroe se hizo frágil, normal (dentro de su anormalidad) y sobre todo, espejo de la realidad, del día a día del adolescente que compraba las revistas. Dos títulos fueron especialmente decidores: Spider-Man, que abordó los dilemas de la pubertad, de los padres ausentes, de las drogas en los colegios y del bullying antes de que éste fuera conocido como tal; y X-Men, que con los mutantes hizo una metáfora de la discriminación racial imperante en los Estados Unidos de mediados de los sesenta. Aquí sobresalían dos personajes que parecían un reflejo de líderes que podían verse en las noticias: Charles Xavier era Martin Luther King y Magneto, Malcolm-X. Y ahí otro gran detalle del método Lee: sus villanos. Estos ya no eran seres unidimensionales, malos porque si, obsesionados con destruir o conquistar el mundo; sino que eran sujetos atormentados, con traumas infantiles, que habían sufrido persecución política. El lector, así, podía justificar o entender su actuar y eran tan o más carismáticos e identificables como los héroes y sus mallas de colores.

¿Héroe o villano?
Stan Lee es el único historietista que tiene una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood. Ha aparecido como invitado, interpretándose a sí mismo, en cuatro videojuegos, seis series de TV y diez películas, sin contar los cameos en todos los filmes (salvo X-Men 3, X-Men Origenes: Wolverine y X-Men: First Class) basados en personajes de su creación. Según Forbes, su fortuna alcanza los 30 millones de dólares, muy por encima de un comiquero promedio, incluso con similar edad y curriculum.  The History Channel creó una serie (Superhumanos) para él y en julio estrena mundialmente un documental dedicado a su carrera. Datos todos, que sumados al olvido en que casi muere su compañero Jack Kirby en 1994 y a los reclamos de su también socio Steve Ditko por la autoría de Spider-Man, han alimentado una nube negra alrededor de su figura.

Lee, en rigor, nunca creó nada sino que dio personalidad a las propuestas de su equipo de dibujantes; jamás fue un buen guionista, sino que armaba plots y luego llenaba los globos de texto que le presentaban los artistas. A pesar de que fue él quien logró que las editoriales reconocieran los nombres de sus narradores gráficos y éstos fueran identificados por lectores y fanáticos, finalmente todo lo hizo para gloria y ganancia personal. No obstante, Marvel siempre fue un conglomerado de muchos y grandes artistas, Lee se las arregló para ser el rostro más reconocible de la editorial, ingeniándosela para que las colecciones aparecieran con un enorme Stan Lee Presenta, además de contestar en persona (supuestamente) el correo de los lectores.

Y, por supuesto, nadie es totalmente ángel o enteramente demonio. Lee supo sacar provecho de su trabajo, lo que no es condenable aun cuando sus detractores se lo saquen en cara. Es verdad que el sujeto ama las cámaras, pero también a sus lectores y no sólo los respeta, sino que se cuida de mantener una continua relación con ellos, lo que no es parada ni pose, sino un rasgo bastante honesto de su personalidad, tal como lo han reconocido colegas y amigos. Entre ellos, el chileno Álvaro Arce que trabajó con él en la división de dibujos animados de Disney.

¿Y Spider-Man? Ok, es innegable que Steve Ditko vino con la idea, los poderes y el traje del personaje y que fue él quien lo presentó a Marvel. Pero Spidey no sería nada si Stan Lee no hubiese tenido la idea de hacer del personaje el primer superhéroe adolescente de la historia. Ditko proponía un vigilante oscuro, a lo Batman; Lee lo convirtió en un chico enamorado, más preocupado de su rubia vecina que de vencer al villano de turno. Pura aritmética, pero ¿quien creó le dio su carácter al Hombre Araña? Juzguen ustedes.