• 12 diciembre, 2008

¿Serán los republicanos capaces de relanzar su marca, redefinir su mensaje y reorganizarse en todo el país bajo nuevos liderazgos? Tras la derrota ante Obama, en su interior se debaten dos sectores: los tradicionalistas y los reformadores.

La coalición republicana de conservadores sociales, creyentes en el gobierno limitado y en una agresiva política de defensa, se ha desmoronado con la apabullante victoria de Barack Obama en las pasadas elecciones de noviembre. Las 66 millones de personas que votaron por el senador Obama representan 4 millones más de las que votaron por el presidente Bush en 2004. Barack Obama ganó abrumadoramente entre los jóvenes de 18 a 29 años, con un 66% contra un 32% que votó por el senador McCain. Esto presenta una negativa tendencia para el Partido Republicano.

A su vez, el Grand Old Party perdió entre los votantes con estudios de posgrado y disminuyó su voto favorable entre los que tienen un título universitario. Es decir, una menor proporción de población de alta educación formal votó por el Partido Republicano. Silicon Valley, el norte tecnológico de Virginia, los suburbios de New York, Philadelphia, Chicago, y las costas oeste y noreste, principales motores de la economía americana, votaron a favor de Obama. El apoyo al Partido Republicano se ha limitado primariamente al sur y al oeste, ya que perdió todo los estados de las costas, y no ha quedado ningún representante republicano en el Congreso proveniente de la región de New England.

¿Serán los republicanos capaces de relanzar su marca, redefinir su mensaje y reorganizarse en todo el país bajo nuevos liderazgos? En las últimas semanas han surgido comentaristas, políticos, gobernadores, empresarios y cualquiera que se sintió capaz de “psicoanalizar” al Partido Republicano, dando todo tipo de opiniones y recomendaciones, que básicamente se pueden reducir a dos. Por un lado, de acuerdo a las categorías del famoso comentarista del New York Times David Brooks, los “tradicionalistas”, que creen que la reconstrucción del partido tiene que estar basada en la vuelta a los valores conservadores pregonados por referentes como los difuntos Barry Goldwater y William Buckley y llevados adelante por Ronald Reagan. Y por otro lado, los “reformadores”, que sostienen que las ideas conservadoras eran las correctas 30 años atrás, pero no se puede reducir el mensaje principal del partido a disminuir el tamaño del Estado y bajar los impuestos, sino que deben incorporar nuevos temas, como la desigualdad social y el medio ambiente, como ha hecho el líder conservador David Cameron en Inglaterra, readaptando el mensaje que llevó a Margaret Thatcher al poder.

La relación con las minorías es otro tema que el Partido Republicano tendrá que resolver. Desde Ronald Reagan, el voto ha estado disminuyendo en todos los grupos minoritarios, con el 2004 como excepción, cuando el presidente Bush logró altos niveles de apoyo entre los hispanos. El electorado afro-americano, que representa un 12,5% de la población estadounidense, se redujo de un 14% en 1980 a 4% en estas elecciones de noviembre, de acuerdo a datos elaborados por el Edison Media Research. Los latinos, del 37% al 31% (representan un 14% de la población); y los asiáticos, de un 55% a un 35%, (representan un 11% de la población).

El mensaje conservador fiscal también está deteriorado, luego de la desastrosa gestión del presidente Bush en este sentido. En 2000, Washington consumía 18,4% del producto bruto de Estados Unidos, mientras que actualmente representa un 22,5%. El país pasó de un superávit de unos 128 billones de dólares en 2000, a un déficit proyectado para el año fiscal 2009, que termina en septiembre del año que viene, de más de 700 billones. Los republicanos se enfrentan a la definición de su identidad, para lo cual tendrán que resolver las tensiones entre los diferentes grupos internos, que incluyen los moderados, los evangélicos, los millonarios, los que viven en las áreas suburbanas, los que favorecen mayor protección y defensa y los que buscan mayor aislacionismo frente al mundo.

Los gobernadores republicanos, que lideran 22 estados, presentan un frente de renovación muy interesante. El pasado mes se reunieron en Florida para analizar las elecciones y elegir a Mark Sanford, exitoso gobernador de de South Carolina, como nuevo presidente de la poderosa Republican Governors Association. Entre ellos estaban John Hoeven, de North Dakota; Jon Hunstman, de Utah; Jim Douglas, de Vermont, y Mitch Daniels, de Indiana, que ganaron ampliamente sus reelecciones el pasado 4 de noviembre.

En los próximos meses veremos en Washington y en el resto del país una realineación de liderazgos en el Partido Republicano, que tendrá que reconstruirse como fuerza opositora frente a una administración Obama que, a juzgar por su gabinete, tendrá un estilo moderado y centrista; y frente a los desafíos de incorporar a sus electores a los grupos de minorías y jóvenes que le han quitado su apoyo.