El peso del fisco en la economía ha pasado de 18% a 25% en cosa de pocos años. La ametralladora estatal dispara miles de cheques por minuto argumentando que en un año de crisis (y de elecciones, añadamos) está plenamente justificado. La pregunta es: después de esta fiesta a parrilla llena, ¿cuánta carne quedará en el freezer? ¿Qué margen de movimiento tendrá la próxima administración?

  • 23 junio, 2009

 

El peso del fisco en la economía ha pasado de 18% a 25% en cosa de pocos años. La ametralladora estatal dispara miles de cheques por minuto argumentando que en un año de crisis (y de elecciones, añadamos) está plenamente justificado. La pregunta es: después de esta fiesta a parrilla llena, ¿cuánta carne quedará en el freezer? ¿Qué margen de movimiento tendrá la próxima administración? Por Roberto Sapag.

 

Si fuera por las leyes de la termodinámica no habría problema, ya que –según éstas– nada se pierde ni se gana, sino que sólo se transforma. Pero esto no es la termodinámica, es macroeconomía; y cuando vemos, como ha sucedido este año, que se echa mano a una tajada enorme de los ahorros fiscales para solventar niveles altísimos de gasto, es justo preguntarse cuál es el saldo en una lógica de “ganar-perder”, en el sentido de si están llegando a dónde deben ir y en la cantidad que corresponde.

Como les gusta decir a los economistas, en este ámbito la diferencia entre hacerlo bien y no tanto estriba en el fine tuning, o sea, en la sintonía fina con que se mueve la perilla de las decisiones de política. Resultados muy distintos se pueden verificar si cuando lo que correspondía hacer era un ajuste milimétrico y lo que finalmente se hizo fue padecer una verdadera convulsión epiléptica, perilla en mano. ¿Ha ocurrido esto último?

Vamos por partes.

Mucho se ha machacado la idea de que Chile sobresale por su austeridad y disciplina fiscal, que somos un ejemplo. Y, la verdad sea dicha, al respecto no hay dos opiniones: es cierto, somos vistos como un modelo. El punto es, nuevamente, “la sintonía fina”, lo que en este caso tiene que ver con el tiempo verbal que se usa. ¿Somos o fuimos austeros?

En la anterior administración se propuso y estableció la regla fiscal del superávit estructural del 1% y durante la presente, el asunto se institucionalizó, con fondos de reserva que –entre otras cosas– nos han permitido operarnos de los nervios en tiempos de crisis.
De esas platas ya hemos echado mano a 8.000 millones de dólares en dos tandas de 4.000 millones, a los que se suman sendas emisiones de deuda.

Dado eso (y dado que por ahí un candidato presidencial invitó generosamente a gastarse todos los ahorros), las preguntas de Perogrullo son: ¿cuánta plata queda? ¿Cuánto podría durar la crisis? y, dado que no sabemos esto último, ¿hemos sido lo suficientemente prudentes? Al alero de lo que eran las cuentas alegres que se hacían previo a la crisis, no habría que preocuparse: plata hay. Sin embargo, bueno sería recordar que una parte de la plata en los fondos se está reservando para pensiones y no es dinero que se pueda llegar y gastar. Entonces, ¿cuánto nos queda? ¿10.000 millones, 12.000 millones?

Desde la academia y los centros de estudio, en especial la experta Rosanna Costa, de Libertad y Desarrollo, han advertido que el saldo de la gestión de Andrés Velasco arroja tasas de crecimiento del gasto fiscal del orden del 9% por año, guarismos que desde cualquier punto de vista son altos, en particular porque lo han sido de manera sostenida. Variables coyunturales como ingresos excepcionales y gastos excepcionales no permiten justificar lo que ya es tendencia. O sea, algo no cuadra.

En tercer lugar, y como ya señalamos, el fisco ha copado crecientes espacios en el gráfico de torta de la economía. Si antes era un 18% hoy es un 25%, porcentaje que se explica por las citadas tasas de crecimiento del gasto y que, además, justifica parte del desempeño nacional en términos de crecimiento económico (o menor decrecimiento, si se quiere, cuando se analiza el 2009).
Preguntas: ¿qué pasará el próximo año si este 25% de la economía deja de gastar a las tasas que lo ha venido haciendo? ¿Cuánto margen de movimiento le queda a la próxima administración? ¿Cómo se confeccionará la Ley de Presupuestos 2010, que podría tener que ser ejecutada por la actual oposición?

Interesante es reflexionar sobre estos puntos. Es necesario preguntarse si la otrora festejada regla fiscal puede volver a ser realidad o sólo quedará como un breve paréntesis en la historia fiscal de Chile. Preguntarse también qué ocurriría con el crecimiento si quisiéramos volver a calzar esa camisa, ya que ello supondría restarle potencia al impulso fiscal. Preguntarse, además, cuánto tendría que ser el gasto en ese cuadro.

En síntesis, y poniendo las cosas en perspectiva, es bueno comenzar a mirar cuestiones estructurales. Por qué, pese a todo lo que creíamos, el desempleo está en niveles de dos dígitos (y más, si se descuentan los planes y paliativos fiscales); por qué, al igual que en el peor año de la crisis asiática, el déficit (sí, déficit) fiscal estructural de este año será equivalente al de 1999, de -0,8% según cálculos privados que consideran el cambio metodológico que permiten recursos estructurales adicionales por 0,4% del PIB; por qué, al igual que a fines de esa década, hoy podríamos pasar de un ciclo que se ha calificado de oro a otro de plomo.