La sección clásica de la Feria del Disco en Ahumada: uno de los últimos bastiones donde comprar buena música docta, amenazado por el ruido y el reggaeton.

  • 13 noviembre, 2008


La sección clásica de la Feria del Disco en Ahumada: uno de los últimos bastiones donde comprar buena música docta, amenazado por el ruido y el reggaeton.

 

La sección clásica de la Feria del Disco en Ahumada: uno de los últimos bastiones donde comprar buena música docta, amenazado por el ruido y el reggaeton. Por Joel Poblete.

En estos tiempos en que cada vez están más masificadas la descarga y copia de música, queda claro que una de las principales perjudicadas ha sido la industria discográfica especializada en el repertorio docto. Y aunque las nuevas posibilidades que brinda la tecnología son cada vez más convenientes, democráticas y eficaces, al menos en esta área es imposible evitar la nostalgia por los viejos tiempos, cuando uno podía pasarse horas en una tienda decidiendo qué comprar, fascinado por la variedad de registros e intérpretes. Ya hace mucho que desaparecieron las disquerías especializadas, como la Astor, o la recordada sección de música selecta que en su fugaz existencia tuvieron las tiendas Spec, de los años 90. Al menos, por suerte aún existe Todoclásico, con su local en el Pueblo del Inglés y en el lobby del Municipal en los días de funciones, y es destacable la exquisita selección que ofrece Kind of Blue; pero además de eso da pena ver la situación del que para muchos siempre fue un lugar emblemático en esta materia, en pleno centro: la sección respectiva en la Feria del Disco de Ahumada, en el segundo piso.

Mientras otras tiendas de la cadena parecen funcionar con piloto automático en lo que se refiere a este tipo de productos, siempre en la tienda ubicada a una cuadra de la Plaza de Armas uno se encontraba con un oasis, con un personal al menos un poco más especializado que en otras secciones, donde habitualmente el melómano solía estar mejor informado que los vendedores (eso no ha cambiado demasiado en la actualidad, lamentablemente). Aunque aún sigue siendo generosa en cuanto a valiosas importaciones de sellos europeos –permitiendo acercarse a rarezas y obras menos populares y difundidas–, y pese a que el auge de los DVD doctos le otorga más fuerza y dinamismo, da un poco de tristeza y hasta rabia ver su estado actual o, al menos, a lo que ha sido reducida.

No se trata de la atención, porque siquiera su dependiente principal sigue siendo amable, eficiente y bien preparado. Pero llama la atención cómo la sección ha sido víctima de los distintos cambios que el concepto de Feriamix trajo consigo: en un principio, cuando se diversificaron los productos ampliándose a libros y accesorios, siguió siendo un salón aparte, amplio y más aislado acústicamente, pero en los últimos meses nuevas modificaciones la han dejado en peores condiciones, abandonada al cada vez más imparable avance del ruido y la música basura.

Es verdad que hay que respetar todos los estilos musicales, pero en este caso es la falta de consideración hacia el cliente lo que sorprende: aunque existe la posibilidad de escuchar los discos con audífonos, dan ganas de salir huyendo cuando al bullicio de los músicos callejeros que llega desde el exterior se une el sonido del reggaeton que machaca una y otra vez desde el primer piso de la tienda, aplastando y dejando en segundo plano la voz de Pavarotti o una sinfonía dirigida por Karajan que se oyen arriba. Es increíble cómo no se pensó en alguna forma de aislar el sonido, para que los seguidores de uno y otro tipo de música queden igualmente contentos.

Puede que parezca un detalle irrelevante y que los ritmos de moda son los que mantienen viva y generan ganancias a la inestable industria de discos, pero eso no significa que haya que sacrificar y castigar los oídos de quienes acuden a la tienda buscando algo distinto y deben sufrir una verdadera tortura sonora. En tal caso, uno termina pensando que aunque todavía es posible ver a los mismos fanáticos de la música docta que hace 20 años compraban en la tienda, cada vez más personas preferirán descargar desde sus casas, sin reggaeton de por medio. Y la sección clásica de Ahumada será sólo un saludo a la bandera, que desaparecerá pronto si los responsables de la cadena siguen demostrando un desinterés y falta de respeto tales hacia sus usuarios.