Una mirada al hombre, al empresario y a los ideales y valores que guiaron su vida.

  • 29 octubre, 2008

 

 

Por siempre Claro
testimonio de Patricia Arancibia

Ricardo Claro Valdés
testimonio de Fernando Chomali
Palabra de hombre
sus frases en Capital

Visionario y emprendedor
testimonio de Eugenio Heiremans

 

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POR SIEMPRE CLARO

 

Católico, emprendedor, generoso y amante de la cultura y la historia. Una semblanza distinta, personal y –más que seguro– incompleta, de un personaje que dejará huella en el tiempo. Un hombre sin ambigüedades ni lugares comunes. Por Patricia Arancibia Clavel.

Tengo pudor de escribir sobre don Ricardo y no puedo ocultar que su muerte me ha afectado profundamente. No fui su amiga ni mucho menos, pero habíamos logrado tener una muy buena sintonía, que fue creciendo con el tiempo.

No recuerdo exactamente cuándo lo conocí, pero debe de haber sido en los 90. Estábamos con Gonzalo Vial y Alvaro Góngora escribiendo la biografía de Jorge Alessandri y su testimonio como amigo y miembro activo del comando que había estado detrás de su candidatura presidencial nos pareció importante para nuestro trabajo. Llegué a sus ofi cinas de Hendaya con cierto temor reverencial. A esas alturas era un empresario de gran prestigio, poco dado a que le hicieran perder tiempo y con fama de ser muy pesado y cortante.

Lo primero que me llamó la atención fueron su caballerosidad y amor por el arte. Orgulloso, nos enseñó uno a uno los cuadros de Alberto Orrego Luco que colgaban de las paredes del sobrio comedor donde nos invitó a almorzar. La conversación fue suelta y entretenida. Era un conocedor exhaustivo de la historia de Chile y tenía una memoria espectacular. Si bien no era de risa fácil, sus ojos se le “achinaban” cuando recordaba una anécdota simpática o, por el contrario, ponía “cara de juez del crimen” (como él mismo me confesó en una reciente entrevista con Capital) cuando se refería a hechos y situaciones que le molestaban.

Quizá pocas personas lo sepan, pero en esa oportunidad nos contó que Alessandri quería que él fuera su ministro de Hacienda; también, sobre sus conversaciones con algunos personeros de la Democracia Cristiana para evitar que el Congreso Pleno diera el pase para que Salvador Allende se sentara en el sillón presidencial y el sentimiento antimilitarista de don Jorge.

A la salida de ese almuerzo, quedé con la sensación de que don Ricardo especulaba un poco con la imagen de hombre hosco y adusto que le colgaban y que, por el contrario, –pero cuando quería– detrás se escondía una persona cálida y agradable.


Hombre exigente

Pasaron los años y me tocó varias veces recurrir a él como “mecenas”. Como me confesó en la última entrevista en profundidad que tuve la oportunidad de hacerle hace un par de meses, cada día tenía menos apego por el dinero.

Agradecía a Dios el hecho de tener algo de fortuna porque ello le posibilitaba ayudar a ciertas causas y obras, “hasta que duela”. Muchos son los que pueden dar fe de ello. En mi caso, apoyó casi todas las aventuras historiográfi cas que le presenté, no sólo porque estaba enamorado de la historia sino porque siempre estuvo convencido de que Chile podía salir del subdesarrollo si se invertía en cultura y en educación.

Generoso, recuerdo que un 28 de diciembre del año 2004 me llamó por teléfono y me dijo: “Patricia, usted me pidió hace unos meses que la ayudara en su proyecto de rescate de la memoria histórica. Me he demorado en contestarle, pero mis empresas este año han dado buenos dividendos. ¿Cuánta plata necesita?” Le contesté si acaso era una broma por ser el día de los inocentes, se rió a carcajadas y al día siguiente me mandó un cheque ustantivo que yo ingresé a los fondos de la universidad donde en ese momento trabajaba.

Tremendamente exigente consigo y con los demás, don Ricardo era una persona muy estudiosa y disciplinada. Pese a que tenía 73 años, llegaba siempre temprano a la ofi cina y se retiraba cuando había cumplido las tareas planifi cadas, que –por ser varias y múltiples– casi siempre era tarde. “Aprendí desde chico a llevar una vida muy ordenada –me dijo en aquella última entrevista– y desde entonces tengo disciplina”. Aparte de su trabajo diario, dedicaba entre cuatro y seis horas todos los sábados a estudiar y analizar la información que le llegaba por distintos conductos, la mayoría de las veces en su querida casa de Zapallar. Se sentía orgulloso de ese training de trabajo que le permitía estar siempre al día. En verdad, era un apasionado de la información y no le gustaba que alguien lo sorprendiera con alguna noticia que él no conociera, lo que le signifi caba revisar unos volúmenes nada despreciables de material que le proporcionaba, tres o cuatro veces al día, Ricardo Matte, uno de sus asesores económicos más cercanos.


Cuestión de fe

Una de sus características más esenciales, y la que a mi juicio modeló su personalidad, fue su profunda fe religiosa. Católico, apostólico y romano, estaba convencido, por ejemplo, de que la pérdida de las raíces cristianas era uno de los peores males que estaban afectando a Occidente. En el plano personal, unía a su devoción por Santa Teresita de los Andes (presidía la Fundación que mantiene el santuario de Los Andes), un austero estilo de vida –ajeno a toda ostentación– y una conducta consecuente con los valores y principios de la Iglesia. Alguna vez me comentó que uno de los momentos que recordaba con mayor emoción fue cuando el Papa lo condecoró con la orden de San Silvestre, reconocimiento a su fi delidad y caridad para con las obras apostólicas.

Gran defensor de la familia como eje y sustento de la sociedad, usó todos los medios a su alcance para luchar contra su desintegración. Sin embargo, a pesar de sus fi rmes convicciones, o quizás debido a la solidez las mismas, era un hombre tolerante que no juzgaba intenciones sino conductas, distinguiendo personas de ideas. Conmigo siempre fue muy deferente y comprensivo, pese a que diferíamos frente a algunos temas valóricos y más de alguna vez me señaló que “la fe se busca, no llega así no más”.

Otro rasgo digno de mencionar es que le preocupaba –y mucho– el destino del país. Siempre se sintió orgulloso de ser chileno y en los distintos ámbitos en que actuó –universitario, político y empresarial– dio a conocer con claridad y sin temor su punto de vista, teniendo en cuenta los intereses nacionales por sobre los personales. Así, por ejemplo, habiéndosela jugado contra la Unidad Popular y habiendo sido partidario del gobierno militar, no dudó en criticar públicamente la gestión de Pinochet cuando estimó que a la política económica de los Chicagoboys les faltaba poner más énfasis en el plano social. No obstante, más tarde, en su afán de tener una mirada justa de las cosas, no tuvo problemas de reconocer con hidalguía, el tremendo aporte que éstos habían hecho al desarrollo del pais.


Intuición y estudio

Tal vez uno de los secretos de su éxito empresarial haya radicado en su gran intuición y capacidad para adelantarse a los acontecimientos. En el último año advirtió reiteradamente que se acercaban tiempos difíciles para la economía mundial, fundando sus apreciaciones en un análisis acabado de lo que estaba ocurriendo en el mercado hipotecario de Estados Unidos, país al que viajaba constantemente. No todos le creyeron, pero, como él mismo decía, lamentablemente los hechos le dieron la razón.

Y es que si algo le apasionaba tanto como el estar informado, era la historia y, particularmente, la económica, una especialidad que –como siempre alegaba– se suele echar de menos en la preparación de los economistas. Entonces, decía, no se trata de ser adivino, sino de darse cuenta de que los hechos económicos tienen sus ciclos, que hay que saber distinguirlos y, lo más importante, sacar lecciones para el futuro.

La otra clave consistía en rodearse de equipos emprendedores, bien preparados y de espíritu joven. El mismo confesaba que le desagradaban los “yes men”. A ello sumaba una profunda preocupación por el entorno laboral de todos sus trabajadores, manteniendo siempre una curiosa y muy cercana relación con los dirigentes gremiales de sus diversas empresas. Ello también le valió premios, como el de la Fundación Carlos Vial Espantoso a Cristalerías de Chile.

Cierto que lo que no pudo prever, sin embargo, fue la proximidad de su muerte. En el ultimo tiempo me señaló varias veces que, aunque estaba satisfecho de sus logros en la vida, le quedaban todavía muchas cosas por hacer. La última vez que conversamos fue la semana pasada. Estaba muy contento porque sentía que se estaban dando las condiciones para preparar sus memorias, tema del que habíamos conversado muchas veces, pero al que siempre había sido reacio. No se pudo y lo siento, porque su testimonio hubiera aportado muchas claves para comprender la historia de Chile reciente.

 

 

Ricardo Claro Valdés (1934-2008)

Nació en Santiago el 26 de agosto de 1934. Realizó sus estudios primarios y secundarios en el Saint George’s College.

Marcado por el fuerte sentido de la responsabilidad que le inculcó su familia, comenzó a trabajar a los 17 años como colaborador de su padre en la Bolsa de Comercio. Aunque allí surgirían sus primeros lazos con el mundo de los negocios, fue el ejercicio de las leyes lo que atrajo primero su atención, ingresando a la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, en la cual se titularía abogado en 1958.

Combinó su formación profesional con la experiencia laboral, integrando el Estudio de Abogados Claro y Cía. –sin relación con su familia-, del cual pasaría a ser socio a partir de julio de 1960. Motivado también por el desarrollo académico, se desempeñó entre 1961 y 1990 como profesor de Política Económica en la Universidad de Chile, dejando en evidencia un genuino interés por la enseñanza, que lo llevó a ejercer en otras instituciones, como académico y directivo.

Su interés por la información, la inserción internacional y un gran sentido patriótico lo llevaron a participar como asesor económico del Ministerio de Relaciones Exteriores entre diciembre de 1973 y julio de 1975, con rango de embajador. No sería, por cierto, su única actividad en representación del país. Fue Embajador Extraordinario y Plenipotenciario en misión económica especial a Beijing en septiembre de 1975 y en Misión Especial en octubre de 1978, contribuyendo así a generar los lazos que posibilitarían, años más tarde, una sólida y reconocida vinculación comercial entre Chile y China. En junio de 1976 le correspondió coordinar la Sexta Asamblea de la OEA en Santiago y, años más tarde, representar al gobierno chileno como encargado del pabellón nacional en la Feria Internacional de Lisboa. Su influencia y conocimientos internacionales lo llevarían a integrar, a partir de 2006, el Consejo Asesor de la prestigiosa Brookings Institution.

En el ámbito de los negocios, adquirió en 1976 la empresa metalúrgica Elecmetal. Posteriormente, vendría la toma de control de Viña Santa Rita, Cristalerías de Chile y Compañía Sud Americana de Vapores, así como la creación y desarrollo de otras entidades, consolidando con el tiempo un grupo de empresas que ganó el reconocimiento de la sociedad por su perfil inversor de largo plazo, apertura de nuevos mercados, altos estándares éticos y óptimo clima laboral. Estas características se tradujeron en diversos premios al mejor empresario (otorgados por la Editorial Los Andes, el Instituto Profesional del Pacífico, ICARE y Asimet), Hombre Público del Año (Universidad Andrés Bello), Visión Empresarial (Asociación Chilena de Seguridad), Trayectoria Empresarial (Asexma), Fomento al Libre Comercio (AMCHAM) y, recientemente, el Premio Empresario 2008 otorgado por la Cámara de Comercio Chilena en Estados Unidos. También se interesó en la actividad gremial, siendo consejero de la Sofofa (1984-1988), miembro del Comité Ejecutivo de la Cámara Internacional de Comercio en París (2001- 2002) y presidente del Comité Nacional Chileno de la Cámara Internacional de Comercio (2003-2005).

Siempre mostró especial preocupación por las relaciones laborales y una óptima vinculación con los sindicatos de sus distintas empresas. Ese interés le llevó a recibir el Premio Carlos Vial Espantoso por Cristalerías de Chile.

Mención aparte merece su pasión por los medios de comunicación, que lo llevaría a participar como panelista en programas de radio y televisión y como columnista en La Tercera y El Mercurio, hasta constituir en 1990 la primera red privada de televisión de Chile, Megavisión. Posteriormente, tomaría el control de Ediciones Financieras S.A., sociedad editora de Diario Financiero y de Ediciones e Impresos S.A., editora de las revistas Capital y ED.

Fiel exponente de la formación integral que toda persona requiere, se interesó notablemente por la historia y la cultura, tanto chilena como universal, llegando a presidir los institutos Chileno-Norteamericano de Cultura (1987-1989) y Chileno-Austríaco de Cultura (1987-1992), integrar el Comité Museo Colonial de San Francisco (1980-2006), el Directorio de la Corporación Cultural de Santiago (Teatro Municipal), el Consejo Asesor del Presidente del Metropolitan Museum of Art de Nueva York (2002-2004), los directorios de la Fundación Mar de Chile, Museo Histórico y Militar, Fundación Chilena del Pacífico y Fundación Andes. Apoyó diversas causas benéficas (en particular, la Fundación Teresa de los Andes) y sociales. Participó en la visita al país de destacados artistas y sus obras, pero quizá la cumbre de su gestión cultural fue la inauguración del Museo Andino (Alto Jahuel) de la Fundación Claro Vial, en la cual se expone al público buena parte de una valiosa colección personal de artículos indígenas pre y post hispánicos.

Todas sus actividades estuvieron marcadas por un fuerte sentido ético y el resguardo de los valores cristianos. Como dijo en una entrevista de prensa en 1999, le importaban “más los valores que la economía”, lo que se tradujo en un fuerte compromiso con los postulados de la economía social de mercado y la defensa de valores que consideraba fundamentales para el crecimiento del país, destacando el fortalecimiento de la familia como pilar de la sociedad. La Orden de San Silvestre Papa en el grado de Comendador y la medalla de San Gregorio Magno en el Grado de Caballero, otorgadas por el Papa Juan Pablo II, dan cuenta del reconocimiento de la Iglesia a sus esfuerzos y compromiso.

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RICARDO CLARO VALDES

 

Era un hombre apasionado y esa pasión lo llevó a amar todo lo que fuese manifestación de la bondad, la inteligencia y la creatividad del hombre. Leal a sus principios, consecuente en su vivir, hizo un aporte significativo al país que perdurará por mucho tiempo y se proyectará hacia las futuras generaciones. Por Fernando Chomali.

Conocí bastante a don Ricardo Claro. Fue, sin duda alguna, un gran abogado, un gran profesor de Derecho, un gran empresario. Un gran hombre. Ricardo Claro tenía un carácter fuerte que se fue moldeando fruto de un anhelo inmenso de hacer lo que es justo, lo que es correcto. Era católico y se declaraba como tal. Vivía su fe y colaboró con su Iglesia. Los medios de comunicación social a los que estaba vinculado siempre tuvieron las puertas abiertas para transmitir todo cuanto la Iglesia les solicitara. En lo que a mí respecta siempre he agradecido la acogida que me han dado para promover la enseñanza de la Iglesia Católica en ellos.

Entre los múltiples reconocimientos a su gestión empresarial, en 2004
recibió el Premio Carlos Vial Espantoso como presidente de Cristalerías
de Chile.

A Ricardo Claro le interesaba lo que pasaba en la sociedad. Era un hombre que se proyectaba hacia el futuro. Observaba, analizaba, escribía, actuaba. Fue un protagonista de la historia de nuestro país. No conoció las palabras indiferencia, apatía, mediocridad ni menos, cobardía a la hora de expresar sus puntos de vistas. Era un hombre apasionado y esa pasión lo llevó a amar todo lo que fuese manifestación de la bondad, la inteligencia y la creatividad humanas. Soy testigo de la ayuda generosa prestada a instituciones de beneficencia, soy testigo de su amor por el arte, de modo especial la música, así como de su incesante búsqueda de mejorar las condiciones de nuestro país. Claro está, por la vía del trabajo bien hecho, del sentido de la responsabilidad. Lo respetaban.

Ricardo Claro creó empresas, generó trabajo, pagó impuestos, mostró a Chile a lo largo de todo el mundo a través de sus empresas y de su presencia personal en los foros internacionales. Fue un embajador de nuestro país sin igual. Fue, en el buen sentido de la palabra, un hombre de mundo que generaba en su entorno entusiasmo y ganas de trabajar. Fue un motor de desarrollo y por ello debemos estar agradecidos por su obra.

Ricardo Claro tenía un proyecto de país. Pensaba que para que creciera frondoso debía surgir desde la familia, dado que la reconocía como la célula básica de la sociedad y fuente de prosperidad de las naciones. Le dolió la ley de matrimonio civil con disolución de vínculo, así como todas aquellas leyes que de modo sistemático, bajo la apariencia de más libertad y autonomía, iban empobreciendo la familia. Conversamos ampliamente acerca de estos temas que le interesaban sobremanera. El formó una familia con su señora esposa y, aunque no tuvieron hijos, fue muy paternal con los suyos y con sus colaboradores; especialmente, sus más cercanos.

Ricardo Claro fue un hombre leal a sus principios, consecuente en su vivir y que hizo un aporte significativo al país que perdurará por mucho tiempo y se proyectará hacia las futuras generaciones. Ha sido notable el impacto que ha causado su muerte en los más amplios sectores de la sociedad. No dejaba indiferente a nadie. Y como no, si vivió de acuerdo a lo que pensaba y creía. Desde ese punto de vista, me atrevo a afirmar que fue un hombre muy libre y eso es signo de dignidad. Hizo lo que tenía que hacer, lo hizo bien y ahora Dios se lo lleva para que viva lo que siempre creyó. La muerte no es la última palabra sino que la vida eterna junto a Dios.

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PALABRA DE HOMBRE

 

Desde antes de entrar a la propiedad de revista Capital, a fines de 2005, Ricardo Claro privilegió a este medio para transmitir su visión de la sociedad, la economía y el mundo. En esas entrevistas se abrió a hablar de su vida y valores, palabras que de un modo inmejorable reflejan su persona.

"Cuando rezo diariamente le pido a Dios, pensando en mi función de empresario, las virtudes de la fortaleza y de la esperanza para no desfallecer. En general, con algunas excepciones, no he desfallecido a lo largo del tiempo”. Capital, 1999

“Quiero dejar una cosa muy en claro: a mí me importan más los valores que la economía”. Capital, 1999

“Se ha creado un mito respecto a mi persona. Yo soy un hombre autoritario, lo que no significa que sea arbitrario. Yo oigo a mis colaboradores y a mis ejecutivos lo primero que les digo es que no acepto yes men”. Capital, 1999

“Fui muy independiente del general Pinochet; muchas veces lo critiqué y él estuvo enojado conmigo un período. Pero él es afectuoso conmigo y respeta que no haya sido un incondicional”. Capital, 1999

“No soy adivino. Como decía mi padre, que era corredor, cada vez que le preguntaban sobre si iba a subir o bajar una acción: si fuera adivino estaría en un yate en Montecarlo como Aristóteles Onassis”.

“Esta recesión (la crisis asiática) también la predije (…) Aquí a los ejecutivos de los dije en octubre de 1997 y lo repetí en un seminario de Icare en marzo de 1998”. Capital, 2001

“Yo soy un hombre católico, pero eso no quiere decir que tenga que hacer televisión para un convento de clausura” (…) “Una cosa es mostrar gente riéndose y bailando, pero otra muy distinta es pervertir a la audiencia con contenidos que matan el alma”. Capital, 2002

“Me doy algunos gustos, aunque no todos los que puedo costearme. No me queda tiempo ni me interesa (…) Soy un hombre más bien austero y sobrio, en ningún caso un derrochador” Capital, 2003

“Yo no busco el poder y si lo tengo es porque he hecho cosas beneficiosas para el país. No participo en un canal de televisión para ser candidato a nada” Capital, 2005

“A la María Luisa, mi señora, no le gusta que hable de ella, porque es una persona muy modesta y quitada de bulla, pero le puedo decir que en estos 46 años que llevamos casados ha sido un complemento y un apoyo muy importante para mí” Capital, 2005

“Yo no creo para nada que Chile vaya a ser un país desarrollado de aquí a 10 años si más de un 65% de la población no entiende lo que lee, incluyendo las instrucciones para usar los remedios”. Capital, 2005

“Puede ser que en alguna época yo haya sido muy intolerante, Pero después aprendí que había que ser intolerante con el error, pero no con las personas”. Capital, mayo 2008

“Soy pesimista del futuro inmediato. Lo que caracteriza a la anarquía es la confusión y hoy existe una gran confusión, fuera de toda lógica”. Capital, mayo 2008

“En abril del año pasado, cuando casi nadie hablaba de la crisis en Estados Unidos, yo dije que había que tener cierta cautela en el 2007 porque iba a venir un grave problema con los créditos hipotecarios subprime (…) Desgraciadamente, todas las predicciones se han dado y, aun más, creo hoy que la situación puede empeorar”. Capital, mayo 2008

“Sí, me quedan muchas cosas por hacer y no sé si 30 años más serán suficientes…”. Capital, 2002

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VISIONARIO Y EMPRENDEDOR

 

Ricardo era un hombre de una moral intachable, de valores muy férreos y que luchaba con gran valentía por lo que creía justo. Era una persona de una profunda fe cristiana y de gran sentido social. La suya es, sin duda, una pérdida inestimable. Por Eugenio Heiremans.

Ricardo Claro lo conocí a comienzos de la década del 60, cuando ya se perfilaba como un abogado de extraordinaria capacidad y eficiencia. Recuerdo su figura de hombre que defendía sus ideas y puntos de vista con profunda energía y convicción. Era admirable el conocimiento que tenía de las leyes y la forma cómo abordaba las causas judiciales en los Tribunales. Me atrevo a decir que tal vez esas fueron sus características principales. Sin embargo, debo confesar que junto a esas imágenes de él atesoro otras: las de un joven con quien compartí innumerables veraneos en Zapallar, un muchacho de gran sentido del humor y muy amigo de sus amigos.

No me equivoco ni exagero al considerarlo como uno de los abogados más brillantes de su generación. Estudiaba cada caso con gran acuciosidad reuniendo los antecedentes precisos para obtener resultados favorables de la justicia. También dedicaba varias horas de su extensa jornada diaria y de su fin de semana al estudio de asuntos económicos y sociales.

Su pasión por el Derecho y la economía lo llevó a ejercer la docencia en la Escuela de Ciencias Políticas de la Universidad de Chile y en la Academia Superior de Seguridad Nacional, y a dictar conferencias en prestigiosos institutos de altos estudios, tanto de nuestro país como del exterior. Igualmente, hizo saber su opinión en importantes medios de comunicación escritos.

Pienso que la inteligencia de Ricardo la heredó de su padre –un exitoso corredor de la Bolsa de Comercio de Santiago– despertando en él especial interés por el quehacer empresarial. Lo hizo con enorme eficiencia y gran visión. Ello ocurrió poco tiempo antes de que en el país se produjera el caos económico de los años 70. Trabajó asociado con Javier Vial –también fallecido– y otros destacados hombres de negocios. Gradualmente empezó a desarrollarse en el mundo de la industria, pero manteniendo siempre la base de su ejercicio en el campo de las leyes.

Asumido el Gobierno Militar, en 1973, colaboró entusiastamente en áreas de la economía que permitieron a Chile la inserción en los mercados internacionales. Posteriormente derivó en el control de empresas importantes como la Sudamericana de Vapores, Viña Santa Rita, Elecmetal, Cristalerías Chile y varias otras, que dirigía con extraordinaria habilidad y con mucha seguridad.

Valga destacar su profunda fe católica y su preocupación por colaborar muy discretamente en obras de carácter social. Ello le significó ser acreedor de una serie de reconocimientos públicos y privados de la autoridad eclesiástica, tanto nacionales como del Vaticano.

En sus vínculos con los trabajadores, lo recuerdo como muy cercano a sus inquietudes velando de manera permanente por mejorar condiciones laborales.

Ricardo siempre me expresó mucha amistad. Era muy grato departir con él. En nuestras conversaciones destacaban esa clara visión de futuro y su particular interés por emprender nuevos proyectos. Chile pierde hoy a un hombre de excepción, que dedicó la mayor parte de su vida a aportar soluciones de indiscutible beneficio para el progreso y desarrollo del país. Su estatura moral le permitió actuar con valentía y emitir juicios francos y oportunos cuando se enfrentó a situaciones que consideró equivocadas.