De todo se ha dicho acerca del famoso centro comercial que se levanta en esa emblemática ciudad chilota. Que es horrible, que se han pasado a llevar todas las ordenanzas, que hay que destruirlo… que es peor que el diablo en persona. pedimos a cinco reconocidos arquitectos que nos propusieran cómo debería ser este mall que tiene con los nervios de punta al sentido de la estética.

  • 14 marzo, 2012

 

De todo se ha dicho acerca del famoso centro comercial que se levanta en esa emblemática ciudad chilota. Que es horrible, que se han pasado a llevar todas las ordenanzas, que hay que destruirlo… que es peor que el diablo en persona. pedimos a cinco reconocidos arquitectos que nos propusieran cómo debería ser este mall que tiene con los nervios de punta al sentido de la estética. Por Vivian Berdicheski S.

Patrimonio frágil
“El mall de Castro no es un problema como uso ni como programa. Pienso que Castro se vería beneficiado por nuevos servicios de comercio, hotelería y esparcimiento como los que propone el proyecto (pero no de esa manera, ciertamente). Sin embargo, la gran discusión tiene que ver con el cómo y el dónde. Ahí está la disidencia: siendo Chiloé uno de los lugares con mayor identidad en el país, me parece relevante poder rescatar aquello que ha tomado centurias en consolidarse. Es un patrimonio valioso, pero frágil y, en consecuencia, importante de preservar. Utilizar materialidades como madera, tejuela y revestimientos de acero galvanizado sin duda tiene mayor afinidad con lo existente. La escala y granulometría de la trama urbana también me parece que son variables que el “mastodonte” propuesto no considera. Castro tiene una altura de entre uno y cuatro pisos, lo cual permite que en su perfil urbano se destaque la iglesia de San Francisco como su hito relevante. Este centro comercial simplemente la anula en forma descarada.
Con respecto al tema del dónde, el error es emplazar el proyecto de una manera absolutamente desescalada para la trama fundacional de la ciudad. Simplemente, no encaja en el lugar y transgrede todo su entorno. Mucho menos nocivo sería ubicar el complejo comercial fuera del área de interés turístico de la ciudad y evitar así el daño irreparable que lamentablemente se ha cometido”.

Un gran chalupón varado
“El mall de Castro debiera ser la oportunidad para ofrecer a la ciudad las carencias de espacios. Por ejemplo:
1- Un corredor público techado, programático a nivel de calle, que acoja a los peatones en sus actividades cotidianas, elemento que el proyecto original no considera.
2- Una plaza de encuentro cultural, que entregue un nuevo espacio, con soporte para actividades culturales y recreativas.
3- Por su privilegiada ubicación dentro de la ciudad, debiera otorgar las hermosas vistas que su lugar le entrega: el estero de Castro, la península de Ten Ten, el archipiélago, la lluvia y las nubes arreadas por el viento. No como lo hace actualmente, y de forma dramática, un cerramiento completo a través de un muro de hormigón revestido en martelina color damasco.
4- Valorar lo que significa emplazarse junto a un patrimonio de la humanidad, que dignifique la iglesia y que sea un espacio de contemplación de sus hermosas cúpulas. Estas sobresalían en la ciudad antes del mall y atraían a miles de turistas de todo el mundo.
Creo que reparando en los elementos que debe ofrecer el mall a la ciudad, imagino un volumen de no más de cuatro pisos, moldeado por la curva del terreno y su calle, generando un casco de embarcación varado como los chalupones chilotes lo hacen en la bajamar, revestido en tingle, de lanchas y casonas, conquistando las vistas de su entorno desde su cubierta, entregando un espacio de encuentro y de contemplación para la ciudadanía, hacia la iglesia y las bellezas naturales de Chiloé”.

No al Miami chilote
“Aparte del desastre cultural que significa tener ese monstruo en el cerro, se perdió una oportunidad única de inventar una nueva tipología del concepto comercial inventado hace 30 años. Hacer una reflexión sobre lo que significa un mall: su sentido, forma y materialidad.
Este mall me comprueba una vez más lo que pienso desde hace mucho tiempo: que los chilenos estamos completamente dormidos y no tenemos idea de qué es Chile y cuál es nuestro verdadero patrimonio. Falta entender que su geografía, ciudades vernáculas de alto contenido identitario, como es Chiloé, nos representan. El desarrollo y el progreso no tienen por qué arrasar el patrimonio, como ocurre aquí, y las responsabilidades de hacer las cosas bien la tienen los arquitectos, en primer lugar; los desarrolladores inmobiliarios y el gobierno. Los arquitectos deben entender la escala de un lugar y sus relaciones, además de su identidad. El mall de Castro es una aberración, tanto en escala como en forma y materialidad. ¿Qué hace ese lenguaje de Miami en Castro?
La responsabilidad de los inmobiliarios es sacrificar un poco de rentabilidad con el fin de hacer un aporte al lugar donde se ubica su proyecto comercial. Y finalmente, es responsabilidad del gobierno velar para que no se destruya Chile.
Qué distinto habría sido ubicar grandes cubiertas de tejuela, usando su topografía.
Mi propuesta no es construir en un lugar apartado, porque el comercio funciona con la accesibilidad. Lo habría hecho ahí mismo, pero hacia adentro de la tierra y no hacia arriba, y en la superficie habría dejado una plaza mercado. Un lugar de intercambio cultural y de encuentro. Un espacio abierto para la comunidad, con construcciones a la misma escala de la ciudad. Esta supuesta nueva mega construcción que propongo al interior de la tierra además genera un ahorro en el consumo energético.
Definitivamente, debemos entender que nuestro mayor valor está en nuestra geografía, en sus paisajes y en los hombres habitando poéticamente sobre la tierra, como es Chiloé. Este tema tiene dos variantes: ético y estético. La construcción actual, tal como está, no tiene amor en su corazón”.

Vacío de criterio
“El mall de Castro es el ejemplo perfecto del desastre normativo con el que se desarrollan nuestras ciudades. Aunque es evidente la responsabilidad que tienen sobre el resultado los profesionales a cargo de este proyecto, la pregunta más importante que debiéramos hacernos es ¿cómo llega a construirse una aberración como ésta? ¿Quién permite que esto se lleve a cabo?
Una vez sostuve una acalorada reunión con un director de Obras, el cual me dijo: yo no estoy aquí para aplicar criterio sino para aplicar la norma. Ese es precisamente el problema. La normativa no está siendo capaz de hacerse cargo de estos casos en donde claramente existe un vacío de criterio.
Debería existir un proceso en el cual proyectos de interés público se pudieran someter a una opinión de expertos (por ejemplo, premios nacionales de arquitectura) y de la comunidad en una instancia previa, para que no pase lo que está pasando en Castro.
La tipología de los mall, jamás ha sido sensible con su entorno, por lo que no me sorprende en lo más mínimo el resultado que se está percibiendo. El problema es que es demasiado tarde. Dudo que los empresarios a cargo de esta gestión, teniendo permiso otorgado, se transformen en altruistas de la noche a la mañana y demuelan su fantástico mall.
Por otra parte, la comunidad necesita de estos servicios; por lo tanto, la pregunta correcta que habría que haberse hecho antes es cuál es el modelo tipología pertinente para el comercio en Castro.
Probablemente yo no haría un mall en Castro, y si tuviera que hacerlo trataría de adaptarme lo máximo posible a la tipología de la ciudad y lo integraría al espacio público para que se integrara al comercio urbano. En cuanto a volumetría y materiales, depende del lugar específico: no hay recetas, no creo en el romanticismo y tampoco en el expresionismo.
Si pudiera, enterraría los estacionamientos para disminuir su impacto y controlaría la altura de la construcción para no transformar las postales de Castro en un mall. En todo caso, mi propuesta es, por supuesto, no hacer nada, ya que esta ciudad no soportaría una construcción de esta naturaleza: no es pertinente con su tejido urbano y no responde a su contexto en ningún sentido”.

Karamawida
“Sin duda, nuestro primer planteamiento como oficina de arquitectura habría sido hacer el mall fuera de la ciudad, como si fuese un gran galpón chilote. Sin embargo, si perentoriamente hubiera que diseñarlo en el casco histórico, lo construiríamos de no más de 4 pisos, con una superficie y estacionamientos apropiados a escala de la ciudad. Y con una estética y materiales propios de la arquitectura de Chiloé, de manera de dialogar con la arquitectura preexistente y salvaguardar la calidad de vida de sus habitantes.
Sin embargo, como hemos dicho, el mall se transformó en un Mal, por romper la escala y la armonía de la ciudad. Ante ello, nos parece más apropiado ver cómo se podría revertir la situación.
Para esto, se nos ocurre armonizar esta desmesurada construcción a partir de la sustentabilidad. Ello implica que no debería seguir creciendo y construir sobre una terraza superior una Plaza Ciudadana llena de vegetación, con acceso desde el mall y la calle, la cual debería estar conectada a espacios culturales como teatro, cine y salas de exposiciones. Todo eso, con el fin de reconstruir a gran altura y en condición de mirador hacia el paisaje, el suelo vegetal que el mall ocupa y la dimensión cultural que la ciudad necesita. Eso se lo planteamos personalmente al dueño de la inmobiliaria y a una de las arquitectas de la oficina que elaboró el proyecto.
Del mismo modo, y considerando que hoy existe la tecnología para ello, recubriría los muros ciegos del edificio con un revestimiento vegetal de especies nativas, que lo contextualicen y lo conviertan en una montaña verde, que en lengua huilliche significa karamawida, la que emergería más naturalmente desde su casco histórico.
De esta manera karamawida se convertiría en un icono más amable, el que podría convivir de manera armónica con lo hitos tradicionales como lo son la ciudad patrimonial, sus palafitos y su iglesia patrimonio de la humanidad, salvando la postal de Castro que hoy ha sido dañada en su dignidad.

 

 

Albert Tidy, Patrimonio frágil
Eugenio Ortúzar, "Un gran chalupón varado"
Cazú Zegers, "No al Miami chilote"
Mauricio Léniz, "Vacío de criterio"
Edward Rojas, "Karamawida"