Venían por unos años y se quedaron de por vida. Cinco casos de ejecutivos expatriados que encontraron un nuevo hogar en las tierras que muchas veces los mismos chilenos parecen mirar en menos. Experiencias personales para compartir, meditar y mejorar el animo.

  • 23 junio, 2009

Venían por unos años y se quedaron de por vida. Cinco casos de ejecutivos expatriados que encontraron un nuevo hogar en las tierras que muchas veces los mismos chilenos parecen mirar en menos. Experiencias personales para compartir, meditar y mejorar el animo. Por Paula Vargas y Cristian Rivas; fotos, Verónica Ortiz.

 


Su mision: La academia

“Llegué a Chile cuando recién había egresado como economista, tenía 23 años y el Banco Central de Uruguay (BCU) me escogió –junto a mi señora– para participar de un programa de macroeconomía dictado por la Universidad Católica. La decisión de quedarme ocurrió más tarde, cuando estaba terminando el master en Economía. Se conjugaron dos factores: por un lado, una insólita ley en Uruguay que prohibía el ingreso de funcionarios públicos por 10 años, con lo cual el BCU no tuvo otra alternativa que liberarme del compromiso de volver y, por otro, el Instituto de Economía de la PUC –dirigido por el economista Alvaro Donoso y quien de alguna manera se convirtió luego en mi mentor en Chile– me ofreció espacios para desarrollar tareas de docencia, investigación y extensión. Ese fue mi primer trabajo en Chile y desde que lo abandoné para irme a trabajar al sistema financiero sigo disfrutando enormemente cada vez que vuelvo al campus. Acá se respira universidad en todos sus rincones”.

Aldo Lema (uruguayo), economista jefe del grupo Security.

 

 

 

De aqui para alla…

“Mi historia con Chile es un ir y venir constante. La primera vez que arribé al país era muy pequeño, cuando mis papás vinieron desde Georgia (Estados Unidos) para administrar un colegio bautista en Temuco. Pasábamos tres años acá y volvíamos uno a Estados Unidos. Y así durante varios años, hasta que me fui definitivamente cuando llegó la hora de ingresar a la universidad. Estudié Economía en Stanford, luego estuve dos años en Japón haciendo un post grado y, después, completé un doctorado en leyes en Nueva York… En suma, pasé nueve años en la academia, época en que conocí a mi señora, que es colombiana. Ambos continuamos nuestras carreras en bancos internacionales: ella en Merrill Lynch y yo, en Goldman Sachs, lo cual era muy demandante; prácticamente había días que no nos veíamos. Entonces coincidimos en que debíamos cambiar de vida, más aún cuando nació nuestro primer hijo. Justo entonces, un cliente chileno de Goldman –Telex Chile– necesitaba asesoría porque tenía una oferta de una multinacional. Volví a Chile con la expectativa de cerrar el negocio, pero me terminé quedando 3 años en la compañía, donde –por cierto– aprendí mucho. Pero era hora de volver a lo mío, que era la banca. Conocí a Julio Cardenal y pronto armamos una sociedad. Han pasado trece años desde ese episodio, y a estas alturas Chile se volvió nuestro hogar, los niños van al colegio acá, nos gusta mucho la calidad de vida y la aproximación al trabajo… Estamos muy contentos y nos sentimos muy chilenos”.

Todd Huckaby (estadounidense), socio de IB Partners.

 

 

 

Ciudadano del mundo

“Junto a mi señora dejamos Argentina hace 25 años. Nos casamos y radicamos en Boston, en lo que fue la primera de seis mudanzas internacionales. La séptima llegó con Unilever, firma que me contrató en 1998 para asumir la gerencia local. Conocía bien Chile desde los 80 y fui testigo de su despegue. Además, me gustaba Santiago. Siempre la consideré una ciudad a escala humana y con unos alrededores hermosos. Mi familia, sin embargo, no quería más mudanzas y un cambio a mitad de año afectaba la educación de los niños. Entonces, por seis meses, viví solo en un departamento en El Bosque, hasta que en enero de 1999 arribaron. Para mi sorpresa, en marzo mi esposa me dijo: de Chile te va a costar sacarme. Pero los viajes continuaron… Cuando me nombraron presidente para Latinoamérica de Unilever, en 2002, la oficina estaba en New Jersey, situación que me llevó a viajar por la región tres semanas al mes y la cuarta la pasaba aquí con mi familia. Eso cambió en 2007, cuando Unilever decidió unir las operaciones de Estados Unidos con la región y trasladarnos a Europa, a la casa matriz, momento en que dije: es suficiente. Durante 23 años mi familia me siguió. Hoy estamos todos felices en Santiago y no hay carrera que pueda compensar este sentimiento”.

Alberto Sobredo (argentino), presidente del Círculo de Marketing de Icare.

 

 

 

De Belgica a Chillan

“Vine por primera vez a Chile en 2002, cuando la empresa belga Orafti me pidió evaluar la posibilidad de expandir sus operaciones. Hice una investigación profunda por distintos países y, tras evaluar diversas condiciones, finalmente mi recomendación fue que Chile era el lugar más apropiado. Al año siguiente, esta empresa decidió hacer la inversión y me ofreció venir a vivir al país. Me motivó el sacar adelante el proyecto en que yo había participado, aunque temía la forma en que mis dos hijos y mi esposo podrían enfrentarse a esta nueva vida. Primero vivimos en Concepción y, luego, tres años en Chillán. Nos enamoramos de esa zona y hoy mi familia se siente completamente chillaneja. Una vez que el proyecto en el que participaba tomó su camino, surgió la opción de trabajar en la Fundación Chile, donde lo más atractivo para mí fue la idea de desarrollar nuevos proyectos de emprendimiento, que permiten convivir en el mundo de la innovación, cuando se unen lo privado, lo académico y lo público. Aquí en Chile me di cuenta de que es verdad aquello de que una vez viviendo en este país uno se enamora de él. Hay un espacio enorme para crecer y crear y, lo más importante de todo, una calidad humana muy grande. En estos cerca de cinco años en Chile aprendí mucho de este pueblo. Que se pueden hacer y decir las cosas de una manera distinta a la dureza con que muchas veces las hacemos o decimos en Europa. Hoy puedo asegurar con franqueza que no me veo viviendo en otro lugar”.

Sylvie Altman (belga), gerente de Agroindustria, Fundación Chile.

 

 

 

Privilegiado

“Llegué a Chile en 2000 como ejecutivo de la firma estadounidense que compró la división de papas procesadas a Nestlé. Fue a fines de 2003 que decidí iniciar un proyecto independiente en el que pudiera capitalizar mi experiencia internacional en esta industria. Como resultado, negocié la compra de la empresa chilena a mi antigua empleadora. Básicamente, me retuvieron dos cosas: la primera, este nuevo desafío profesional y, luego, el privilegio de vivir en el sur de Chile. En este país he tenido la oportunidad de hacer algo que siempre anhelé: desarrollar mi propia empresa. A pesar de todos los desafíos que he debido enfrentar, me siento orgulloso de ello y, en particular, de los trabajadores de Unisur que han batallado a mi lado en este tiempo”.

Jim Hungelmann (estadounidense), gerente general de Unisur.