Por M. Cristina Goyeneche Al ritmo del éxito alemán de los 80 “a Da Da I Don’t Love You, You Don’t Love Me AhaAhaAha”, Steve Ballmer, recién sucediendo a Bill Gates en el sillón de CEO de Microsoft, salió al escenario un instante después de que la voz de los parlantes anunciara su nombre. Ballmer, […]

  • 11 julio, 2014

Por M. Cristina Goyeneche

Speakers

Al ritmo del éxito alemán de los 80 “a Da Da I Don’t Love You, You Don’t Love Me AhaAhaAha”, Steve Ballmer, recién sucediendo a Bill Gates en el sillón de CEO de Microsoft, salió al escenario un instante después de que la voz de los parlantes anunciara su nombre. Ballmer, sin siquiera mirar a su público, y por casi un minuto, saltó por el escenario de lado a lado “like a monkey”, como dijo la prensa apostada. Cuando el aliento se le había terminado, se paró detrás del podio, tomó nuevos bríos y gritó a todo pulmón, procurando poner un justo silencio entre palabra y palabra: “I love this company. Yesssss”.

Comenzaba el siglo y las conferencias de los grandes ejecutivos de las empresas tecnológicas cautivando a las masas, no de usuarios, sino de fanáticos, se habían convertido en tendencia. Ballmer, con una trayectoria de décadas en Microsoft, inauguraba con este peculiar estilo la conferencia anual número 25 de la compañía. Quince años después, a ojos de cualquier ejecutivo chileno, la performance de Ballmer sigue pareciendo algo ridícula. Y sí. Es verdad que resulta algo excesiva para los estándares locales. Sin embargo, el video, hoy completamente viralizado, aún es estudiado por ejecutivos del mundo a la hora de aprender cómo cautivar a sus audiencias tal como lo hizo Ballmer, no sólo ahí, sino cada vez que se subió a un escenario o protagonizó un spot publicitario de Microsoft. Incluso más. En varios de ellos arrastró al propio Bill Gates y lo sumó a la comparsa.

En los tiempos que corren, pararse frente a una audiencia –no importa el tamaño que ésta tenga– e inspirarla y despertar confianzas, ya dejó de ser parte de las “habilidades blandas” que se les enseñan a los estudiantes de las escuelas de negocio.

Ciertamente, cuando se tiene una posición de liderazgo, una presentación de nivel hace la diferencia. Claudio Hohmann, quien a través de su empresa consultora se dedica a entrenar y diseñar presentaciones exitosas, explica que al momento de enfrentar al público y parase sobre el escenario –y ojalá no atrincherarse tras el podio para mostrar un powerpoint plano– hay que educar tres lenguajes a la vez: verbal, corporal y visual.

[box num=”1″]

Abandonar los tonos planos, usar mucho el humor, ponerse a la altura de la audiencia, incluso reconocer hidalgamente los errores que la propia empresa comete a diario, son algunos de los tips sugeridos al momento de estructurar el discurso. Clave aquí es aplicar ritmo y velocidad. Usar silencios, tonos, énfasis, palabras coloquiales. La lista de “trucos” a tener en cuenta es larga, pero efectiva. Y es que a diferencia de lo que ocurría en la era pre smartphones, donde las personas se paraban si el expositor “lateaba”, ahora basta con meter la mano al bolsillo, prender el aparato y poner la atención en todo lo que ocurre fuera del auditórium. Desde el escenario, es muy difícil saber si uno lo está haciendo bien o mal. Por lo mismo, hay sólo una opción.

Hacerlo bien.

Tomarse el espacio, usar los brazos, evitar leer monótonamente unas tarjetas. Todo lo que tenga relación con la forma en que el ejecutivo se moverá en el lugar también es clave. No hay que perder de vista que lo más importante es inspirar, crear confianzas con el auditórium. El broche de oro, y que acompaña a toda esta performance, es el apoyo visual. Nada de textos aburridos en powerpoints insulsos, frases que se suceden una tras otra como torpedos y, ni hablar del exceso de cuadros y cifras. Muchas imágenes apoyando el discurso, todas en alta calidad, incluso películas, son un must. Si hay que dar números, pues poner en gigante LA cifra sobre la que hay que poner foco; si lo que se busca es contar una bonita historia de cómo la compañía le mejoró la vida a una persona en particular, pues que toda la audiencia vea su rostro en primer plano. La imagen dejó de ser un apoyo, es una parte más de la presentación.

No hay que olvidar que estamos en la era de la moral “TED Talk”. Las audiencias en el mundo de los negocios se acostumbran a cada vez más a ver desde chefs hasta científicos exponer, en pocos minutos, sus ideas de manera brillante. No hay espacio para la timidez o el aburrimiento.

Enrique Ostalé, director ejecutivo de Walmart para América Latina; Andrés Benítez, rector de la Universidad Adolfo Ibáñez; Marco Antonio de la Parra y la que fuera en un minuto la dupla Sa-Za de los negocios –Horst Paulmann y Laurence Golborne– son los primeros nombres que saltan al momento de buscar los Steve Ballmers chilenos… (guardando las proporciones, claro).

Realidad local

Conscientes de la relevancia que tiene este tema al momento de levantar un negocio –en el caso de los emprendedores– dar una conferencia o liderar una compañía con cientos de trabajadores con los que es imposible tener contacto directo, los programas de MBA están empezando a incorporar instancias que les permitan a sus alumnos salir mejor preparados en estas lides.

Es un hecho que no está en nuestro ADN –a diferencia de muchos de nuestros vecinos de continente– expresarnos relajadamente en público. Tampoco es algo a lo que nos incentiven en la casa o el colegio. El pregrado hace poco y nada. Ni hablar si la carrera cursada fue alguna ingeniería. Lo concreto es que los ejecutivos y emprendedores llegan al mundo de los negocios bastante desnudos a la hora de expresar sus ideas. Rápidamente destacan y consiguen buenos resultados aquéllos que tienen condiciones naturales.

La Universidad del Desarrollo es una de las que ha puesto énfasis en esta área. Francisco Santibáñez, director del MBA, comenta que entre talleres y cursos, enseñan formalmente cómo hacer presentaciones exitosas, expresión corporal y liderazgo. Se suma todo el trabajo hecho en clases. Por ejemplo, a lo largo de los 17 meses del MBA, los alumnos deben desarrollar un proyecto de emprendimiento, el cual los obliga a hacer, como mínimo, cinco presentaciones públicas ante compañeros y mentores explicando la oportunidad de negocio, la estrategia de marketing o los flujos estimados, por ejemplo. “Aquí aprenden a presentar, pero también a contestar preguntas incómodas y a hacerlas cuando el rol que les toca es de espectador”, explica Santibáñez.

La presentación final es ante un grupo de inversionistas. “A lo largo de sus estudios, nuestros alumnos van aprendiendo que al momento de enfrentarse a una audiencia hay una cadencia lógica entre inicio, cierre y el punto de clímax”.

[box num=”2″]

La Universidad Adolfo Ibáñez también le entrega relevancia a esta área en sus programas de MBA. Manola Sánchez, decana de la Escuela de Negocios, explica que se apoyan mucho en el “learning by doing o aprendizaje vivencial, donde buscamos que nuestros alumnos participen de manera activa de la clase, discutan casos reales y que, en definitiva, aprendan haciendo”. La decana cuenta que, junto a los talleres formales de oratoria y las presentaciones constantes a profesores y compañeros, es requisito que los alumnos opten por desarrollar un plan de negocios o hacer un proyecto de consultoría o participen de un management game. En cualquiera de estas tres instancias deberán presentar y defender sus puntos ante un directorio.

“La forma en que una persona comunica tiene que ver con cómo ordena, procesa y transmite sus ideas. Por eso, durante los primeros módulos del MBA buscamos, por una parte, que conozcan el método de casos y aprendan a formar equipos de trabajo, y, por otra, que sepan comunicarse de manera efectiva, potenciando sus habilidades para organizar la información que quieren transmitir”, recalca Sánchez.

Por un camino muy similar va el programa MBA de la Universidad Diego Portales, que cuenta con un módulo específico para desarrollar habilidades de expresión oral y escénica. Transversalmente, existe una serie de cursos que obliga a sus alumnos a estar constantemente presentando ante profesores y compañeros. “Se suman cuatro certámenes orales obligatorios, donde los alumnos presentan sus proyectos ante comisiones que los retroalimentan en detalle y el taller de elevator pitch donde aprenden a vender sus proyectos de negocio ante potenciales inversionistas”, precisa Claudia Halabí, directora de MBA de la Facultad de Economía y Empresa.

Tanto el ESE Business School de la Universidad de los Andes como el MBA de la Universidad de Chile apuestan al desarrollo de estas habilidades en el transcurso de sus clases. Alfredo Enrione, director del programa, explica que junto con tener un curso especial de comunicación, “donde se les enseña a hablar, presentar en público, y hacer buenas presentaciones de negocios, su método de enseñanza a través del ‘estudio de casos’ obliga a los participantes a desarrollar sus habilidades de presentación y persuasión”.

Por su parte, el académico del MBA de la Universidad de Chile, Ismael Oliva, señala que además del taller de Comunicación Efectiva –donde los ejecutivos son entrenados para enfrentarse a distintos tipos de público con seguridad, elocuencia, persuasión y motivación– todos los cursos tienen instancias para que los alumnos preparen y realicen presentaciones ante sus compañeros. •••