Aunque se declare enterrado, Hermógenes Pérez de Arce está vivo y coleando. Así queda de manifiesto en esta entrevista

  • 14 abril, 2009

 

Hermógenes no muere. Aunque se declare enterrado y sepultado, el recuerdo de su feroz pluma semanal sigue vigente. Capital adelanta en exclusiva parte de la entrevista que concedió en el programa Persona Personaje (canal 13C) a la periodista Magdalena Ossandón.

Ocurrió justo el último día de 2008. Hermógenes Pérez de Arce aprovechó su columna semanal de El Mercurio para despedirse de sus “ex feligreses” y esfumarse. Abrupto término para 27 años de artículos y editoriales que lo posicionaron como un referente de la derecha “a secas”, esa que propugna el menor rol posible del Estado y que no reniega de su respaldo al gobierno militar.

Dice que se siente muy bien “escondido”, en una “feliz eternidad, enterrado y sepultado para siempre” junto a su visión de la derecha desaparecida, pero aún así hizo una excepción y recibió al equipo de Persona Personaje. En el programa, que se trasmitirá el martes 21 de abril a las 22:00 horas en el canal 13C, toca temas contingentes y aspectos más personales de su vida como hombre público, abogado, escritor y periodista.

-El 31 de diciembre de 2008 escribiste tu última columna en El Mercurio que titulaste Mi alegría ya viene. ¿Llegó tu alegría?

-Sí, sí. Porque todos tenemos un yo interno y tenemos el yo total, que es lo que uno hace. Y muchas veces el yo global o total no está de acuerdo con el yo interno. Soy una persona –aunque algunos puedan no creerlo– tímida, retraída. Disfruto mucho de mi vida dentro del hogar; me entretengo mucho con cosas que no tienen que ver con la vida pública y, sin embargo, todas mis actividades han estado un poco enfocadas a la vida pública. Entonces, cuando vi que mi actividad como columnista –que tenia cierta connotación, porque se manifestaba en que era el más leído según las encuestas; el que recibía más comentarios, según constaba en el propio correo electrónico, en el blog del diario, y que lo comentaban en la radio o en los medios– me obligaba a una exposición pública que pertenecía a lo que se estaba constituyendo como mi yo global, total, pero que era distinto a mi yo interno. Y de repente me encontré con que estaba contra todo el mundo. Yo he estado acostumbrado a ir contra la corriente, pero siempre pertenecía a una minoría. Ahora no tenía ni siquiera la minoría. O sea, la mayoría y la minoría estaban en contra mía. Y eso fue lo fundamental.

-Pero, ¿renunciaste o te pidieron la renuncia?

-No. Renuncié. ¡Todo lo contrario! Creo que no le pareció bien ni al dueño del diario, Agustín Edwards, quien me dijo: “¿por qué te vas? Lo lamento enormemente. Por qué no reconsideras la decisión”. Y todos en el diario me dijeron lo mismo. El director, el gerente… No estaban de acuerdo con que yo me fuera. Así es que fue una decisión absolutamente personal, pero muy meditada. Porque la venía pensando desde hacia meses. Porque estaba en una situación muy desagradable para mí. Porque yo soportaba que la mayoría me tuviera hostilidad, pero tenía una minoría que me respaldaba.

 
La renuncia “la venía pensando desde hacía meses. Porque estaba en una situación muy desagradable para mí. Porque yo soportaba que la mayoría me tuviera hostilidad, pero tenía una minoría que me respaldaba”.

-¿Por qué crees que esa minoría te quitó el respaldo?

-Porque yo era contrario a que la derecha –o sea, la UDI y RN– no llevara un candidato que fuera de derecha. Entonces mi tesis era que debía haber un candidato de derecha. Y eso implicaba que la UDI (ya que RN llevaba a Sebastián Piñera, que es de RN) tuviera un candidato propio. Un candidato de derecha. Porque Sebastián Piñera dice que no es de derecha. Yo quería un candidato que hubiera votado por el sí a la Constitución del 80, que hubiera votado que sí en el plebiscito de 1988, que hubiera defendido al gobierno militar, antes y después de éste… O sea, que me representara. Y no. El candidato era un señor que había votado no siempre, que había sido de la DC, había trabajado por la candidatura de Eduardo Frei y que, además, había sido siempre muy hostil a la UDI. Entonces, yo quería que hubiera un candidato que me representara a mí. Y esto empezó a provocar mucha molestia en toda la gente de derecha, que decía: “¡Piñera va a ganar! Y si va a ganar hay que apoyarlo a él. Y no importa el pasado, no importa nada”. Pero a mí me importa.

-¿No crees que Piñera pueda haber cambiado?

-No lo ha dicho.

-Votó por el no en el plebiscito ante la figura de Pinochet, pero se siente interpretado por las ideas de la Alianza.

-Pero yo creo que no es de esas ideas. Leí el domingo antepasado en El Mercurio que él decia: “soy partidario de un Estado fuerte, que controle, supervise, vigile, norme”. O sea, un Estado que te va a estar respirando por todas partes. Y proponía que la salud y la educación sean la función principal del Estado. Cuando las ideas de derecha son todo lo contrario. Estas apuntan a que el Estado reduzca el enorme poder que tiene, que los recursos que –a mi juicio– dilapidan en ene cosas distintas –entre ellas, la educación y la salud– vayan a manos de la gente. Que la gente elija el sistema de salud y se privaticen escuelas y hospitales. Y que éstos queden en manos de particulares que los administren, y los mejores tendrán a los alumnos y los enfermos. Todo lo contrario a lo que dice Sebastián Piñera. El no tiene una ideología de derecha. Porque si es por eso, ahora ya no hay nadie de izquierda, porque todo el mundo está de acuerdo en que tiene que haber una economía de mercado. Perola diferencia está en los énfasis con que el Estado actúa. Y hasta ahora, en estos últimos casi 20 años, hemos tenido un gobierno de izquierda o de centroizquierda que le ha venido poniendo cada vez más énfasis al Estado y viene nuestro candidato, que se supondría representa a la derecha, y dice “sí, yo quiero un Estado fuerte, que se haga cargo de estos problemas”. A mí, no me representa.

Bueno, eso motivó que me quedara absolutamente solo. Mi yo interno me dijo: “oye, pero si tú no tienes necesidad de estar en esta batalla pública en que están todos enojados contigo. Porque está enojada la izquierda, está enojada la derecha. Y la izquierda y la derecha unidas jamás serán vencidas. Así que haz cosas que te gusten a ti”. Y le presté oído a mi yo interno y por eso titulé: Mi alegría ya viene. Y llegó. Porque lo he pasado muy bien todo este tiempo. Salvo excepciones como la que he hecho contigo en que me sacas a la luz pública de nuevo, pero estoy muy bien escondido o, como algunos han dicho, exiliado o en el ostracismo. Lo he pasado bien y he hecho cosas que antes no podía hacer por falta de tiempo.

 

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Enterrado con la derecha

-Has declarado que “la derecha está políticamente muerta”.

-Efectivamente.

-¿En qué te basas para dar este certificado de defunción?

-En que ha tenido que apoyar a un candidato que no es de derecha. Que él dice que no es de derecha. No es que lo diga yo. Entonces, eso significa que las ideas propias no tienen ninguna posibilidad. Entonces se pliega a ideas ajenas.

-Pero puede calificarse de centro derecha…

-Bueno, empecemos a ponerle nombres. Pero lo que yo llamo derecha es el pensamiento que hace prevalecer las opciones individuales, que hace prevalecer la función privada sobre la función estatal, que –justamente– lo que busca es hacer reformas en el sentido de que estos valores se acentúen. Y todas las reformas que ha propuesto la Concertación –en materia tributaria o laboral– fueron apoyadas por Sebastián Piñera cuando era senador. Votó por ellas. Las cosas que están mal, encuentro yo, que es la politización de la justicia, la justicia de izquierda que ha atropellado todos los derechos, no hay Estado de Derecho para los militares… Sebastián Piñera votó por destituir a un ministro que había aplicado la amnistía. Entonces, ¿en qué nos representa? Eso no es derecha. Puede ser un candidato que triunfe. Pero no va a ser un candidato de derecha que triunfe. Entonces, cuando un sector apoya a un candidato que no es de sus ideas nada más que porque va a ganar y porque tendrá puestos en el futuro gobierno, yo digo: la derecha está muerta. Y me enterré junto con ella. Estamos en una feliz eternidad, enterrados y sepultados para siempre.

-Hay quienes piensan que tu animosidad con Sebastián Piñera se debe más bien a un asunto personal porque te ganó en las elecciones parlamentarias de 1989, cuando iban juntos como compañeros de lista.

-No en el sentido de animadversión personal. Hay cosas que yo no he mencionado ni voy a mencionar, pero que forman parte de las razones por las cuales tengo un juicio negativo de Sebastián Piñera. No tienen que ver con odiosidad personal, pero tampoco creo que ni siquiera jurídicamente pueda decir esas razones. Pero lo que sucedió en esa campaña es una de las razones que me inducen a creer que no es el candidato por el cual yo debería votar. Ahora, de hecho, una vez yo voté por él porque me parecía obvio que era el mal menor, porque la persona que estaba al otro lado había estado vinculada con la guerrilla, con el MIR, con el Frente Manuel Rodríguez. Claro, si me ponen por un lado el terrorismo y, por otro, a Sebastián Piñera, yo digo que voto por Piñera. Pero si al otro lado no hay una cosa tan decisivamente contraria a todo lo básico que yo pienso, no sé bien cuál es el mal menor. No sé cómo voy a votar en ese caso.

“Cuando un sector apoya a un candidato que no es de sus ideas nada más porque va a ganar, yo digo: la derecha está muerta. Y me enterré junto con ella. Estamos en una feliz eternidad, enterrados y sepultados para siempre”.

-Tú escribiste el libro Terapia para cerebros lavados. ¿Quiénes tienen los cerebros lavados hoy en Chile?

-El 99% de los chilenos. El 1% corresponde a quienes han leído mi libro. La gente en Chile está completamente cambiada de manera de pensar, producto de una propaganda insistente, por una corriente opinante muy aplastante. Y personas que pensaban de una manera hace 20 años piensan hoy radicalmente distinto. Si tu dices: “el gobierno militar atropelló los derechos humanos”, eso no lo discute nadie. Nadie hace ninguna observación. Todos dicen que fue así. Y, sin embargo, si analizas lo que pasó –como lo hago en mi libro– llegas a otra conclusión. Es muy difícil –si no imposible– que algún gobierno hubiera podido hacerlo mejor en materia de derechos humanos. Lo hizo mucho mejor de lo que cualquier otro gobierno militar chileno, en cualquier otra época, podría haberlo hecho. Cito antecedentes históricos que demuestran que era imposible pedir que esto fuera una cosa absolutamente higiénica, quirúrgica, sin ningún desliz de nadie, porque los chilenos no somos así. Entonces, yo discuto esa noción de que fue un gobierno dedicado a atropellar los derechos humanos y demuestro lo contrario. En esas materias, por ejemplo, yo creo que el 99% de los chilenos está en desacuerdo conmigo y para ellos escribí este libro.

-Pero tú reconoces que el gobierno militar violó los derechos humanos…

-No, no. El gobierno militar nunca los violó. El gobierno militar procuró no violarlos y en mi libro reproduzco todos los documentos en que les dice a todas sus dependencias, a todas las ramas uniformadas, que deben respetar los derechos de las personas, que no deben cometer atropellos. Pero lo que sí sucedió es que hubo gente que atropelló los derechos humanos de otros. Y en este momento, en Chile 2009, hay tres carabineros en el sur que hicieron desaparecer a un joven. Lo he leído en los diarios. Eso es inevitable. Eso pasa. Y si tú tienes un ejército guerrillero de 20 mil personas –que lo había en 1973– se reproduce esta situación que se produjo ahora en el sur bastantes veces. Por eso es que hubo 3 mil muertos.

-¿Te sientes un llanero solitario? ¿Muy solo en esta defensa acérrima de Augusto Pinochet?

-No es acérrima. Porque acérrimo viene de ácido, o sea, que uno no oye ni atiende ninguna razón. Yo no digo que Augusto Pinochet fue la Madre Teresa de Calcuta. Obviamente, el hombre cometió errores, pero creo que fue un gran gobernante, que cometió un mínimo de errores frente a todos los desafíos a que estaba enfrentado. El resultado de su obra fue muy positivo. No me considero acérrimo en el sentido de que no atienda a ninguna razón. Justamente lo que yo digo es que discutamos con razones y por eso escribo libros, que están llenos de razones, explicaciones y argumentos. No me considero el único derechista, porque hay mucha gente de derecha que piensa como yo. Pero tenemos un diferendo fundamental en qué hacer frente a una elección presidencial próxima. Y el 99% de esa gente dice que debemos apoyar a este candidato sea como sea porque vamos a ganar. Yo con ese predicamento no estoy de acuerdo. En ese sentido, puede ser que me haya quedado solo.

-Es decir, es sólo un tema coyuntural, ante esta elección…

-Por esta elección. Por esta coyuntura.

La comida de apoyo de 2005
“Me sentía muy bien porque la concurrencia fue una sorpresa. Porque, además, la gente tenia que pagar. No era una comida barata. Fue más gente de la prevista. Yo me sentí muy respaldado. Fue una iniciativa de particulares. De Ramón Montero, que es un agricultor. En ese tiempo la gente estaba más dispuesta a respaldar. Creo que si hoy convocara a una comida, con una mesa para cuatro personas alcanzaría”.

-Dices que te la has jugado por defender la verdad histórica. ¿Cuál es esa verdad?

-Bueno, en primer lugar aquí se ha ocultado lo que ha hecho un lado y se ha magnificado lo que ha hecho el otro. Lo que hizo el otro lado fue motivado por lo que estaba haciendo el primer lado. La rectificación histórica es sacar a luz lo que estaba pasando. Los 20 mil guerrilleros que estaban en Chile. Han desaparecido. Se han esfumado. Y yo creo que existieron. Hay documentos. Hubo confesiones como la de Carlos Altamirano. Entonces, es muy fácil decir que hubo 3 mil muertos en el gobierno militar, pero empezamos ya con un error histórico. Porque los muertos, los 3 mil, no fueron los que mataron los militares, porque ahí están incluidos los varios centenares que fueron muertos por las fuerzas de izquierda. Entonces, yo voy rectificando todos esos hechos, diciendo que era imposible que no hubiera habido bajas en una confrontación de dos lados, y voy detallando todos los documentos que comprueban que no había una política de atropello a los derechos humanos. Al final me hago cargo del caso Riggs. Nunca ha habido ninguna evidencia de alguna malversación de fondos públicos por parte de Augusto Pinochet. No hay ninguna sola prueba.

-¿Sientes que la gente ha traicionado a Pinochet?

-Traicionado es un término muy violento. Pero se han olvidado de mucho, no han defendido la verdad. Uniformados no han defendido a sus camaradas, defenderlos de la ilegalidad, porque la ley chilena es clarísima y la Ley de Amnistía tiene pleno vigor. Eso lo dijo Patricio Aylwin. Entonces, no digamos traición, pero sí abandono. Deserción. Dejarlos abandonados. Hay algunos completamente inocentes. Otros no son inocentes y están cubiertos por la amnistía. Pero hay algunos que son inocentes y le cargan 5 a 10 años por cosas donde no tuvieron nada que ver. A toda esa gente la han dejado abandonada. No quiero emplear el termino traición, pero sí una deserción.