Este lunes se vivió la primera jornada de la rendición de la prueba de selección universitaria. El estrés de los alumnos se vio aumentado por la incertidumbre en la seguridad de los establecimientos, donde en 67 de ellos se canceló la prueba y –hasta el cierre de esta nota- hubo 81 personas detenidas por carabineros. ¿Cómo se vivió la rendición de la prueba? Le preguntamos a apoderados y estudiantes. Aquí, sus relatos.
Por: Alexandra Timmerman, Sofía Irarrázaval y Trinidad Infante.

  • 6 enero, 2020

“Yo apoyaría una funa”

Apoyada en una pared del Liceo Técnico Paulina Von Mallinckrodt, en Providencia, Antonia Aldunce (17) observa a los apoderados que cuidan el recinto. Hace una hora que salió de la sala en la que daría la Prueba de Selección Universitaria, la que ella decidió –voluntariamente– no rendir, a pesar de estar inscrita.

Antonia salió del colegio 2×1 en Lastarria, luego de cambiarse del Liceo 7.

Alrededor de las 8:50 de la mañana, estando dentro de la sala, uno de los estudiantes se levantó señalando no estar de acuerdo con rendir la prueba.

Algunos alumnos lo apoyaron, mientras otros miraban con recelo. La discusión se aceleró –cuenta Antonia– y tomaron la decisión de que los que no quisieran dar la prueba podían abandonar el lugar o permanecer sentados en silencio.

Partieron unas cinco personas, de un total de 20. La única que no regresó a la sala fue Antonia. Esa mañana viste una polera rosada, falda negra y panties de encaje blancas.

“Fue un acto de manifestación”, dice. “Decidí salir porque no quise ser parte del proceso y tampoco me hacía sentido quedarme sentada haciendo absolutamente nada. Para mí vale más mi ausencia que estar presente”.

Antonia no fue a preuniversitario y, tras recuperarse de una fuerte depresión, decidió que este año no estudiaría en la universidad, sino que se tomaría un tiempo para hacer cursos y preparar sus pruebas de inglés para realizar un programa Work and Holiday, en el que trabajará en el extranjero para luego viajar. “Mi mamá me dijo que diera la prueba por experiencia y porque no tengo nada que perder”, asegura.

Tras el llamado a “funar” la PSU, la estudiante decidió presentarse al reconocimiento de salas, pero antes de comenzar la prueba de lenguaje se retiró. “Si me quedaba en la sala y la daba igual, no hago absolutamente ningún cambio. Por decisión propia decidí pararme y salir, porque en verdad tampoco es necesaria la PSU”.

Mientras pasa un auto tocando la bocina –y desde el que gritan “¡No a la PSU”!- Antonia opina que la prueba debería haber sido cancelada y los estudiantes deberían haber sido rankeados por su puntaje en NEM. “Tampoco era lo más justo, pero es algo”.

“Yo apoyaría una funa”, asegura con convicción. “Siempre va a haber gente que la va a querer dar y siempre va a haber gente en alguna revolución que va a salir afectada”.

“No hay derecho a vulnerar el poder dar la prueba”

El último alumno en entrar a rendir la PSU al colegio María Inmaculada, a pasos del Liceo Técnico Paulina Von Mallinckrodt, ingresó a las 9:20 de la mañana. Diez minutos después, se dio comienzo a la prueba en dicho establecimiento.

Una hora antes, Edith Reyes (49) llegó con su hijo Roberto, quien rendía la prueba por segunda vez. Su marido, un cubano que lleva 27 años en Chile, pasó a dejarlos al recinto y ella decidió quedarse junto con otro grupo de apoderados que custodiaron el lugar. Fue ahí donde conoció a Patricia Durán (54), mamá de Jusara. Ambas decidieron pasar el día juntas, fuera del colegio, custodiando el lugar que no tuvo problemas.

Edith viste zapatillas y bluejeans. Está preocupada y ansiosa: sabe que su hijo está sujeto a mucha presión. Roberto egresó del colegio San Gabriel en 2018. Tras dar la PSU ese año, decidió hacer un preuniversitario –llamado Gustavo Molina- durante el 2019 para poder entrar a Medicina.

“No hay derecho a vulnerar el poder dar la prueba, el rendirla en paz”, asegura Edith mientras recibe un diario gratuito que entregan en la calle, junto con un paquete de galletas. “Mi hijo se ha sacado la cresta todo el año”, indica.

Según describe su madre, Roberto ‘no es mateo’. Sin embargo, es muy sacrificado. Estas semanas ha estudiado hasta última hora y tienen un NEM igual a 6,4.

Él es el mayor de los tres hijos del matrimonio. Sus hermanos están en IV medio y en octavo básico.

La funa en el colegio República Siria en Ñuñoa

“Mis sueños, mis sueños ¿dónde están? Se los robó el Demre y los quiere lucrar”; “No somos un negocio, no somos un puntaje, un futuro justo para el estudiante”; “Vamos Demre date cuenta, no valemos 850”, son las frases con las que un grupo de alumnos se manifestaba fuera del colegio República Siria (Ñuñoa), uno de los 67 centros en que se canceló la prueba.

Los estudiantes se manifestaron de manera pacífica en la entrada de la sede con un lienzo que decía “Con los compañerxos presos, heridxs y en el Sename, la PSU ARDE”. Entremedio de bailes, saltos y bocinazos, una veintena de personas apoyaban desde la acera a los estudiantes que se habían tomado el colegio.

Fernanda, ex alumna del Liceo Bicentenario de Italia, se ha preparado para rendir la prueba desde 2° año medio. La frustración se nota en su mirada al salir del colegio, a una sala a la que ni siquiera logró entrar. “No estoy de acuerdo con esta manifestación y menos que se haya suspendido la prueba, las cartas ya estaban echadas…Yo había estudiado demasiado, demasiado. Pienso que es legítimo estar en contra de la prueba, pero hubo tiempo para protestar por el cambio antes. Ahora, cuando es el día que hay que darla, ya es tarde”. Mientras habla, un mar de alumnos corre: se corrió la voz de que el Departamento de Evaluación, Medición y Registro Educacional (Demre) cancelaría la prueba. Eran pasadas las 10 de la mañana. Según relata minutos más tarde, no hubo información oficial del colegio sobre la decisión de anular la prueba. “Después de media hora de manifestación, nos tuvimos que acercar a secretaría y ahí nos enteramos”, explica molesta.

Para los apoderados, la situación fue igual de frustrante. Le preguntaban a sus hijos: “¿Y cómo sabrán que estuviste aquí?” “¿Qué te dijeron?” A ellos, los jóvenes respondían: “Nos mandaran un correo informándonos la nueva fecha para la rendición de estas dos pruebas”.

Cristina, madre de una de los alumnos, complementa: “Lo que pasa es que estos niños perjudican a sus propios compañeros”. E insiste: “Si quieren ser visibles, váyanse a otro lado”.

Los alumnos salieron del establecimiento a las 10:40 am. Algunos con la esperanza de rendir la prueba mañana.

Por su parte, y pese a que los estudiantes que se manifestaron no quisieron hablar, una de las chicas, solo comentó: “Me gusta que se haga la protesta”.

“Las pruebas de Lenguaje no son tan lentas de hacer”

A las 9:46 entró el último alumno a rendir la prueba de Lenguaje Colegio parroquial Santa Rosa de Lo Barnechea. A las 10:27 salieron las tres primeras personas. Tres profesoras de matemática de PSU de colegios privados del sector.

El cuarto en salir del establecimiento, fue el ex alumno José Pino, quien se impresionó de la dificultad de la prueba. Pese a ello, dice que “las pruebas de Lenguaje no son tan lentas de hacer”. “A no ser que uno se dé la lata de leer todo el texto, porque no todas las preguntas van a referirse a todo el texto completo. Por ejemplo, si preguntan ‘¿Cuál es la idea del quinto párrafo?’ Yo solamente voy a tener que leer ese,” aclara Pino.

Para calmar los nervios, el joven y sus amigos contaron chistes y rezaron un par de avemarías. “Ya tengo mi método, empiezo a respirar de a poco. Cierro los ojos y me calmo”, dice el joven desde la puerta del establecimiento. A pesar de sus esfuerzos, no logró controlar la ansiedad. “Estuve terriblemente nervioso en todo momento”, confiesa.

José no fue a preuniversitario, sino que preparó la prueba en el colegio. Todavía no tiene la certeza de qué es lo que quiere estudiar, pero baraja la posibilidad de Periodismo o Animación de videojuegos. Lo que el joven sí tiene claro, es que le gustaría hacer su carrera en la ciudad de Valdivia.

A ese mismo establecimiento llegó Luis Felipe Latus, alumno egresó del colegio Southern Cross, en Las Condes. Hoy, luego de un año sabático, rindió por segunda vez la PSU en el colegio parroquial Santa Rosa de Lo Barnechea.

Con un chocolate a medio comer en una mano, la ficha del Demre en la otra y como cábala, el carnet de su mejor amigo en su bolsillo, Latus salió a las 11:14 am del colegio, muy tranquilo.

“La primera vez que la di fue para perderle el miedo y para ver cómo era la prueba. Este año la di con más puntaje en mente, ya con una carrera vista”, asegura.

Afuera no lo esperaba nadie, pero un grupo de 10 apoderados, dos carabineros y un auto de seguridad ciudadana de Lo Barnechea, procuraron resguardar la seguridad del lugar en caso de cualquier amenaza.

A Luis Felipe le gustaría entrar a estudiar Psicología en la universidad Diego Portales, para lo que necesitará como mínimo, según años anteriores, 638,5 puntos ponderados. “Me gusta harto el enfoque en investigación que tiene la carrera y sobre todo en la cantidad de estudios que hacen, siento que están muy bien enfocados”, relata.

Una vez afuera del local de rendición y apoyado en un container blanco, Luis Felipe dice que está en contra de la forma en la que actualmente los jóvenes acceden a las universidades y que por ello es partidario a las manifestaciones recientes. De hecho, lamenta que haya faltado tiempo y organización para tomarse todos los colegios y boicotear la PSU. “Si bien la PSU no es el directo culpable, el culpable es el sistema de educación de este país. La PSU igual es una prueba que termina segregando al final acorde a la cantidad de puntaje que va muy ligada a tu nivel de desarrollo socioeconómico”, sostiene.