La noticia de los animales abandonados en Chaitén puso un tema del que hay que hacerse cargo: muchos propietarios de mascotas no cumplen con ciertas obligaciones. Por Mauricio Contreras

  • 30 mayo, 2008


La noticia de los animales abandonados en Chaitén puso un tema del que hay que hacerse cargo: muchos propietarios de mascotas no cumplen con ciertas obligaciones. Por Mauricio Contreras

 

La noticia de los animales abandonados en Chaitén puso un tema del que hay que hacerse cargo: muchos propietarios de mascotas no cumplen con ciertas obligaciones. Por Mauricio Contreras

El año pasado Estados Unidos arrojó una cifra impresionante: más del 60 por ciento de sus habitantes había comprado o tenía un animal en su casa. Estos números se avalan por la explosión de tiendas especializadas en perros, gatos, tortugas, hámsters, pájaros o conejos, donde el retail ha puesto a disposición del público pijamas,
camas, chalecos, juguetes y hasta audífonos para que escuchen música

Chile –ya lo había dicho Eugenio Tironi– ha seguido con la misma señal esta línea de vida norteamericana: cada día hay más animales en casas (¿se ha fijado en la cantidad de clínicas veterinarias que se han instalado en  el último tiempo?), tener una mascota es algo más que un hobby o algo simpático y para eso es necesario asumir responsabilidades para que todos salgan favorecidos: el cachorro, el dueño, la familia y los vecinos.

Las veterinarias María José Cabrera y Paola Dragnic elaboraron una Guía para una Feliz Adopción, en el caso de recibir a un nuevo integrante en la casa. Sus recomendaciones son también practicables para los que asumen ser amos –en todo el sentido de la palabra– de un animal recién nacido. Estos son algunas de los más importantes, en el caso de los perros:

Responsabilidad higiénica en parques y plazas: pasto, arena y juegos son de todos y no merecen los restos de los animales que pasean. Doble responsabilidad: amos con bolsas para limpiar o dispensadores habilitados por la municipalidad.

Placa identificatoria: fundamental en casos de pérdida. Nombre, celular e incluso mail: la primera reacción del que lo encuentra es llamar a los dueños. La municipalidad de Las Condes instala el chip en el lomo del perro para encontrar la información de sus amos.

La vida social también es de ellos: que los vecinos sepan quién es, cómo se llama, que reconozca las casas de sus entornos, los patios, los caminos de ida y vuelta hacia la casa. Todo esto es recordado y procesado por el animal.

Certificado de vacuna antirrábica a mano: en caso de que el animal muerda a alguien, hay que certificar que las vacunas están al día. Y en ese momento uno se pregunta dónde dejó ese papel.

La bolsa siempre cerrada: al sacar su comida, uno debe cerrar con un “perrito” el envase, porque al dejarlo abierto pierde sus nutrientes. Pequeño detalle, pero cierto.

Tachos de comida siempre limpios: uno se descuida en este tema, pero las infecciones asoman sin piedad si hay terreno fértil. El agua en los platos debe ser abundante.