¿La “película” chilena más popular del año? No es cine: sintonícela por TV.

  • 11 diciembre, 2008

¿La “película” chilena más popular del año? No es cine: sintonícela por TV. Por Christián Ramírez.

Comentar un programa de televisión en una página de cine habría resultado raro hace unos años, pero ahora –en un momento en que el material televisivo compite cabeza a cabeza con las películas una vez que ambas hacen la transición al DVD– hace extraño sentido; más todavía si el producto en cuestión es Los 80, serie que, al momento del recuento, bien podría estar entre lo más sólido de un movido 2008 audiovisual.

Lo que no deja de ser una contradicción, porque ojo: estamos hablando del año en que se estrenaron alrededor de 30 cintas nacionales (cifra récord). El año de Tony Manero y de El cielo, la tierra y la lluvia. ¿Qué pito ahí toca un programa sobre una familia de clase media, que la pasa bien y mal en el Santiago de Pinochet, de la crisis económica, de las liebres verdes y los teléfonos fijos? ¿De dónde salimos tan buenos para recordar? ¿Tanto necesitamos saber quiénes fuimos, para entender quiénes somos ahora?

No es casualidad que el personaje central detrás de Los 80 –más que Boris Quercia, director, y Daniel Muñoz, protagonista– sea su productor, Andrés Wood. A su modo, la serie es la continuación natural del relato que él mismo había iniciado en 2004 con Machuca: reimaginar con ojos e inquietudes de presente el Chile del pasado. No es muy distinto a lo que decenas de cineastas estadounidenses –desde John Ford a Sam Peckinpah– hicieron durante todo el siglo XX con las historias de su país. Contarlas, cuestionarlas, volverlas a contar; en forma apasionada, mecánica, insistente o melancólica. Da lo mismo. El punto era narrar historia para hacer historia. Wood lo tiene claro; tanto, que esa misma actitud le costó el sonoro fracaso de La buena vida, su hasta ahora última película. En ella, el desafío era dar cuenta de las tensiones del Santiago de hoy, pero la audiencia no llegó. O peor, se quedó fría ante los esquemáticos dramas que le mostraban.

¿Qué es lo que ha hecho de Los 80, su proyecto mellizo, el exacto reverso del espejo en términos populares, monetarios y también artísticos? No estoy seguro de que sea sólo la vocación o la tentación memorística (y, si lo es, el fenómeno morirá luego, como tantos otros; en especial, considerando la forma desbocada y vulgar con que Canal 13 lo está explotando); creo más bien, que se trata de nuestra sed incontrolable de vincularnos a una narrativa continua, a un correlato que vaya paralelo al de nuestras vidas. Los gringos lo tienen, como decía más arriba, desde hace un siglo. ¿Qué tenemos nosotros? Puros retazos, chispazos, visiones inspiradas que se disuelven antes de tener tiempo para llegar, irse y traerlas de regreso con fuerza.

Esa es la droga que –por ahora– entrega Los 80. Y el televidente la seguirá consumiendo, en la medida que consiga aguantar sus cada vez más largas tandas comerciales.