El Presidente Sebastián Piñera le pone nota 6 a su gestión, a pesar de que “una parte importante de la oposición se dedica a deprimir las expectativas”. Sobre el caso Catrillanca asegura que se dio cuenta “de inmediato de que iba a significar un obstáculo para poder avanzar con el Plan Araucanía”. Y pensando en la continuidad de su gobierno, tras la CEP, dice: “Veo con muy buenos ojos la evaluación positiva que tiene Joaquín Lavín en las encuestas”.

  • 20 diciembre, 2018

Son las 12:30 de un jueves y el presidente Sebastián Piñera pide un café. “Con whiskey”, dice en broma. Camina hacia la mesa redonda que está al lado de su escritorio –que está invadido por catorce montones de papeles y carpetas–, toma algunos apuntes impresos, un block prepicado y los clásicos lápices BIC rojo y negro, y se sienta. Desde ahí se ven varios marcos de foto con destacadas personalidades. El primero en la fila es, por supuesto, el retrato que se tomó en la Casa Blanca sentado en el escritorio presidencial, con Barack Obama parado detrás.

-¿Es más fácil ser presidente por segunda vez?

-Es distinto. La primera vez todo es novedad y desafío, y eso motiva mucho. La segunda vez uno ya sabe a lo que viene y creo que uno logra enfocarse mejor en las grandes prioridades.   

-¿Le da susto que su segundo gobierno sea peor que el primero?

-Hay un dicho que dice “no hay buenas segundas partes”… ¿Cómo dice el dicho? Perdón, vuelvo atrás. Hay un dicho que dice “las segundas partes nunca fueron buenas” y hay otro que dice que “la experiencia es la madre de todas las ciencias”. Para que vea usted que la sabiduría popular da para todo.

-¿Ya está pensando en sus vacaciones?

-A estas alturas del año, la inmensa mayoría de los chilenos soñamos con las vacaciones. Y yo también.  Usted sabe lo difícil que es compatibilizar las distintas opiniones en una familia. Así que tuve que ejercer no solamente la autoridad del abuelo, sino que la autoridad presidencial para reunir a toda la familia una semana en Ranco en febrero.

-¿Qué nota le pone a su primer año?

-Todavía no termina… Y no hay que poner nota hasta que eso ocurra. Pero sumando y restando, creo que ha sido un buen año. Nos hicimos cargo de grandes urgencias que habían sido postergadas, a mi juicio en forma irresponsable por gobiernos anteriores, como la modernización de nuestras policías, poner orden en la casa en materia de migración, el tema de La Araucanía que se arrastra por siglos y lograr un avance sustantivo en una plena igualdad de dignidad, derechos y deberes entre hombres y mujeres. Pero también hicimos cinco grandes acuerdos nacionales: poner a los niños primeros en la fila, la reforma a la salud, La Araucanía, promover un desarrollo integral de Chile y la seguridad ciudadana. De ellas, cuatro mesas ya entregaron sus resultados, solo está pendiente la de salud. Además, teníamos otras tareas: poner en marcha la economía, que estaba muy estancada y con grandes desequilibrios macroeconómicos. Y este año vamos a crecer 4%; la inversión aumentará en torno a 6%; la productividad, que era negativa, ahora es positiva… Por lo tanto, yo le pongo definitivamente una nota azul.

-El 4 es azul…

-Nooo, el cuatrito es nota amarilla. Del 1 al 3 es roja, el 4 y 5 es amarilla. O sea, de 6 para arriba.

-¿Cuál fue el momento más difícil de este año?

-Mire, gobernar nunca ha sido fácil. Y a nosotros nos ha tocado especialmente difícil…

-Ya, pero en su primer gobierno decía lo mismo con el terremoto. Esta vez no hubo terremoto.

-Este año no hemos tenido terremotos de la naturaleza, pero sí hemos tenido muchas dificultades que heredamos del gobierno anterior. Uno de los mayores desafíos ha sido, por ejemplo, la modernización de Carabineros que emprendimos desde el primer día, cuando reestructuramos el alto mando y nombramos al general Hermes Soto. Otro momento duro fue todo lo que sucedió con la muerte de Camilo Catrillanca en La Araucanía. También las dificultades que hemos enfrentado con algunos sectores de la oposición. Cuando llamamos a estos cinco grandes acuerdos nacionales, un grupo de la oposición nos negó la sal y el agua desde el primer día.

-Esa frase causó molestia en la oposición, ¿la sigue sosteniendo?

-Todavía creo que hay dos almas en la oposición. Al que le caiga el sayo, que se lo ponga.

-Me imagino que esta vez sí le interesa dejar a Chile Vamos otros cuatro años en el gobierno. ¿Le gusta el nombre de Joaquín Lavín como su sucesor? Según la CEP, es el político con mayor aprobación…

-Usted dice “esta vez sí”, como si la primera vez no. No estoy de acuerdo con su afirmación.

-¿Que esta vez sí resulte?

-Eso es distinto. El principal deber de un gobierno es cumplir con sus compromisos y misión. Es la mejor manera como puede colaborar a proyectarse en el tiempo.

-¿Pero le llamó la atención que figurara su nombre como el político mejor evaluado?

-Tengo un gran aprecio y valoración por Joaquín Lavín y veo con muy buenos ojos la evaluación positiva que tiene en las encuestas. Pero no voy a entrar a este pequeño debate tan típico de la política chilena, que no alcanzamos a elegir a un presidente y ya estamos pensando en el próximo.

-Entonces tampoco me va a decir si prefiere de sucesor a Alfredo Moreno, o a algún Evópoli, como señaló Hernán Larraín Matte.

-Me parece muy bien que haya tantas personas interesadas porque significa dos cosas: que tienen vocación de servicio y compromiso con Chile. Y que ven con buenos ojos sus posibilidades de ser electos. Y en el fondo, que están conformes con la marcha del gobierno.

-¿Cómo viene el 2019?

-Este es el año que vamos a consolidar la puesta en marcha de la economía chilena, la recuperación del liderazgo y el dinamismo. Además, tenemos las grandes reformas en las cuales estamos comprometidos y ocupados. Déjeme un segundo, please. (Abre un documento con varias láminas impresas. Da vuelta las páginas). ¡Por qué me desordenan todo! Bueno, aquí está: la modernización tributaria, la modernización laboral, la reforma a la calidad de la educación; a la salud; a las pensiones; al SEIA; las reformas para promover la inversión; sala cuna universal, etc.

 

Cambio de tono

-Cuando se enteró de la muerte de Camilo Catrillanca, ¿tuvo alguna sospecha de la versión inicial?

-Uno aprende con los años a no quedarse siempre con las primeras versiones. Por eso solicitamos a la fiscalía que designara un fiscal de dedicación exclusiva y el Ministro del Interior le pidió al general director de Carabineros que fuera a la zona para poder tener una versión más analizada. Desgraciadamente, las primeras versiones eran falsas. Los disparos de Carabineros no se justificaron.

-¿Qué se le pasó por la cabeza, a nivel más personal?

-En primer lugar, el Plan Araucanía estaba avanzando muy bien. Habíamos logrado avanzar en sus cuatro pilares: generar un nuevo clima de diálogo; elaborar un plan de desarrollo económico y social; reconocer la cosmovisión de los pueblos originarios, lo que se tradujo en decisiones como enviar la reforma para darles reconocimiento constitucional a los pueblos originarios; y restablecer el Estado de derecho. Y cuando conocí la noticia de la muerte de Camilo Catrillanca, me di cuenta de inmediato que eso iba a significar un obstáculo, una dificultad, para poder avanzar con el Plan Araucanía. Pero también tomamos la decisión desde el primer día de hacer todo lo posible para que esto no descarrilara el plan. Por eso quisimos conocer la verdad. Teníamos la experiencia de la Operación Huracán, en que las versiones originales fueron falsas y el gobierno anterior actuó sobre la base de ellas, por meses. No quisimos cometer ese error.

-¿Cree que esto de mentir u ocultar información es una cultura instaurada en Carabineros o lo ve como casos aislados?

-Hay que distinguir entre Carabineros de Chile, que es una institución fundamental para la República –que yo aprecio, admiro y le tengo una enorme gratitud–, de lo que pueden hacer pequeños sectores. Evidentemente que hay grupos de Carabineros que se apartan de la doctrina de decir la verdad, de respetar la ley, y creen que pueden actuar de acuerdo a sus propios métodos. Por esa razón, apoyo el enorme esfuerzo que está haciendo el general director de Carabineros, Hermes Soto, de modernizar y reestructurar la institución. Los grupos que hacen esto, como lo hicieron en la Operación Huracán y como lo volvieron a hacer en el caso del homicidio de Camilo Catrillanca, no solamente desprestigian a su institución, sino que además debilitan la acción de Carabineros. Por esto, como Presidente de Chile, tomé una decisión que sé que ha sido muy discutida: devolver al GOPE a sus actividades especializadas, porque todas las personas que han cometido irregularidades, los cuatro Carabineros y los oficiales involucrados, son parte del GOPE. Y vamos a fortalecer las Fuerzas Especiales en La Araucanía, porque la región vive una situación de violencia y terrorismo mucho más grave e intensa que otros lugares del país.

-Usted siempre salía de inmediato a respaldar el actuar de Carabineros, pero tras el video del ex sargento Alarcón se le vio más firme, exigiéndoles que dijeran la verdad. ¿Se aburrió de prestarle ropa a Carabineros?

-Un momento, no ha habido ningún cambio de actitud, ni de principios.

-¿De tono?

-Por supuesto que el Presidente respalda la labor de Carabineros por las razones que le acabo de dar, pero naturalmente que condeno y rechazo con la misma fuerza cuando algunos carabineros se salen del marco de la ley y de la verdad.

 

Migrantes y encuestas

-¿Cree que migrar es un derecho humano? No me diga que salir del país sí, pero entrar no…

-Le tengo que responder con la verdad y no con las caricaturas. Si usted entiende por migrar el derecho que tiene todo ciudadano a moverse libremente y salir de su país, por supuesto que es un derecho, excepto en aquellos países que construyen muros en sus fronteras para evitar que la gente salga, como el Muro de Berlín. Pero otra cosa es el derecho de inmigrar, que es ingresar a otro país. Todo país tiene derecho a decidir quién entra a su territorio. Cuando esos dos derechos no coinciden, el deber y la responsabilidad de un Presidente es velar por los intereses de los chilenos. Por esa razón cambiamos la política migratoria que heredamos del gobierno anterior, cuando ingresaron cerca de 700 mil migrantes, la mayoría en forma ilegal o con la clara intención de quedarse y, por tanto, transformarse en migrantes irregulares. Queremos que entren a Chile las personas que lo hacen respetando nuestras leyes, que vienen a trabajar en forma honesta y a aportar al desarrollo. Pero no queremos que ingresen personas que vienen a causar daño, con antecedentes criminales, o que tienen el claro propósito de incorporarse a bandas de delincuentes, narcotraficantes o trata de personas.

-¿Qué porcentaje cumple con las características que señala, de tener antecedentes penales?

-La inmensa mayoría de los migrantes no son delincuentes. Ahora, algunos ingresan en forma ilegal y eso no está bien.

-Se dijo que el gobierno iba a suscribir el Pacto de Marrakech, pero habría manejado encuestas que le dan un 75% de respaldo a la decisión de no sumarse. ¿Es cierto?

-Mire, no conozco ninguna encuesta de opinión pública sobre el Pacto de Marrakech, así que los que dicen eso están mal informados o están mintiendo. Tomé esta decisión porque creo que ese tratado no es bueno para Chile. Primero, porque incentiva la inmigración irregular al preocuparse demasiado de los derechos de los migrantes irregulares, muy poco de los migrantes regulares y prácticamente nada de los chilenos que somos ciudadanos de nuestro país. Segundo, porque debilita nuestra soberanía; yo prefiero que la política de migraciones se discuta en Chile y no en Marrakech. Tercero, si bien dice que no es vinculante, cuando un país adhiere a un acuerdo, tiene que cumplir los compromisos que están contenidos en él. Y, finalmente, porque esto nos puede significar problemas si acaso organismos internacionales empiezan a interpretar estos pactos con criterios laxos y amplios.

-¿Cuánto pesan las encuestas en las decisiones que toma?

-Le insisto, no conozco ninguna encuesta respecto de la decisión del Pacto de Marrakech. Ahora, probablemente va a haber encuestas en esta materia. Este gobierno mira las encuestas, porque es bueno conocer la opinión de la gente, pero a diferencia de lo que creen algunos, toma decisiones sobre la base de valores y compromisos.

-¿Y las redes sociales? Tiene un equipo especial en la Secom dedicado a ellas…

-Por supuesto que son parte de la modernidad. Yo me introduje a las redes sociales con la ayuda de mi hija Magdalena, que es experta. El Twitter lo manejo personalmente, pero en otras redes tengo la ayuda de un equipo, porque eso requiere filmaciones y producción.

-Dicen que nada de lo que se sube pasa sin su visto bueno…

-Oiga, me recuerda una frase de un expresidente de  Chile que no se movía una hoja sin que él lo supiera. No, no es así. En Instagram y Facebook veo las ideas, los contenidos básicos, pero naturalmente que en eso colabora un equipo. Pequeño, pero muy eficiente.

-La encuesta CEP le dio 37% de aprobación. Nunca antes un presidente había marcado tan poco en su primer año de gobierno desde el retorno a la democracia. ¿Le dolió?

-Por supuesto que todos los presidentes queremos tener el mayor apoyo posible. Es una fuente de satisfacción y de motivación y facilita la labor del gobierno. Pero la ciudadanía cambió y hoy es mucho más exigente. Compare la evaluación que tienen hoy con la que tenían hace 10, 20 o 30 años instituciones como el Congreso, los partidos políticos, los empresarios, los sindicatos, la Iglesia Católica. Hace unos días conocí un estudio comparativo de cómo están evaluados los distintos presidentes de América Latina. Y este presidente estaba en el segundo lugar, después de Tabaré Vázquez.

-La CEP hoy lo considera menos firme frente a las presiones, más lejano y menos confiable que en 2010. ¿A qué lo atribuye?

-La ciudadanía ha bajado el promedio de las notas. Pero cuando conocí la encuesta, lo que más me llenó de alegría fue ver cómo el 79% de los chilenos, la cifra más alta desde que se mide esta variable, consideraba que su vida era muy feliz o feliz. Algo que por supuesto pasó desapercibido en los medios de comunicación.

 

Tiempos mejores, Macron y el machismo

-¿Qué le pasa a la economía? Usted me va a decir que tiene cifras que respaldan que anda bien, pero la confianza de los consumidores cayó a su nivel más bajo desde 2016, según un estudio de la UDD.

-El mundo hoy es más difícil, mire alrededor: Argentina está ya en ocho meses de recesión, Brasil lleva tres años de estancamiento, Venezuela está en una crisis cuasi terminal, y podríamos seguir. Pero dentro de ese mundo difícil, Chile es el país que va a tener el mayor crecimiento este 2018 entre las principales naciones de América Latina, la mayor capacidad de creación de empleo, el mayor repunte de la inversión, el mayor ingreso per cápita, el mayor nivel de desarrollo humano. Esa es la realidad, pero otra cosa son las percepciones. Es difícil gobernar porque, entre otras cosas, una parte importante de la oposición se dedica a deprimir las expectativas y a hacer el camino difícil al gobierno. Pero nadie puede desconocer que Chile se ha vuelto a poner en marcha. Y esto se va a traducir más temprano que tarde en las expectativas de la gente.

-Donde más cayó la confianza fue en el ABC1, ¿le llama la atención?

-Mire, Chile a veces sufre de lo que se llama psicosis maniaco depresiva: pasa de la euforia a la depresión demasiado rápido y cuesta más pasar de la depresión a la euforia. Estamos trabajando no solamente para mejorar las expectativas, sino también para mejorar los resultados. Algunos dicen, la macroeconomía está bien, pero no llega a la gente. Y yo les pregunto, ¿por qué se está batiendo el récord en materia de venta de viviendas, de automóviles, de bienes durables y de turismo interno? Porque hay muchos chilenos que están con la confianza para hacerlo.

-Hay quienes creen que la frase “tiempos mejores” le ha jugado en contra. ¿Cree que hubiera sido mejor otro eslogan de campaña?

-No, porque un candidato tiene que ser muy responsable en el diagnóstico que hace del país –y nosotros teníamos un diagnóstico muy negativo del gobierno anterior–, pero al mismo tiempo, debe enfrentar esos problemas con voluntad, para resolverlos y crear un proyecto que cautive. Y eso tiene que ver con la esperanza.

-¿Cómo está preparando la economía para el impacto de la guerra comercial entre EE.UU. y China?

-En Apec vi con mis propios ojos el brutal enfrentamiento entre China y EE.UU. Pero también hicimos muchos esfuerzos junto a otros países para convencerlos de que la guerra comercial y tarifaria estaba perjudicando a todos. Y pienso que lo que ocurrió en la cumbre del G20 en Buenos Aires fue una luz de esperanza. Esta tregua de 90 días tiene una intencionalidad de buscar acuerdos, y tengo mucha confianza y esperanza de que ocurra. Para Chile esto es muy importante porque somos un país muy abierto: tenemos tratados de libre comercio con dos tercios de la población del mundo y con cuatro quintos del PIB mundial. Por tanto, toda guerra tarifaria nos perjudica.

-¿De qué conversó con el presidente Macron? ¿Le preguntó qué pasó con la extradición de Palma Salamanca luego de que Francia le diera asilo?

-Le mandé una carta al presidente Macron, y él me la respondió. Lo más destacable de su respuesta es que contradice algo que dijo su ministro de RR.EE. al reconocer clara y abiertamente que en Chile en los años 90 había plena democracia e independencia del poder judicial. Y lo que conversé con el presidente Macron es que yo creo que todavía quedan algunas instancias para lograr algo tan simple, como que una persona que fue condenada por el asesinato de un senador y por el secuestro de un joven, que fue condenado por la Corte Suprema chilena y que huyó de la cárcel, cumpla su pena en Chile.

Ya tenemos demasiado para esta entrevista. Enough is enough. Además que tengo que trabajar…

-Por último… Esta vez se le ve más pausado que en su primer gobierno, delegando más. ¿Es parte de una estrategia o derechamente cambió?

-En su esencia las personas no cambian, pero aprenden, no solamente de sus propios errores, sino que de su experiencia y a veces también de los errores de los demás.

-Pero aunque le preparen los discursos y las pautas, todavía se sale del libreto, con comentarios que muchas veces no son adecuados. ¿Quién le tira las orejas?

-Me toca hacer muchos discursos, hasta nueve en un mismo día. Y recibo minutas con las ideas, pero me gusta que mis palabras reflejen lo que realmente siento. Que a veces me equivoco, por supuesto que sí. Y estoy feliz de equivocarme porque el que tiene por objetivo no cometer ningún error en su vida, tampoco va a cometer un acierto. Por lo tanto, si de repente cito equivocadamente a una persona…

-Se le escapan los chistes machistas…

-Yo dije que había hecho un fuerte compromiso y estoy en gran disciplina de no caer en esas tentaciones. El mundo cambió y yo también he cambiado. Además, tengo una mujer encantadora, que me apoya mucho, pero también es a veces la más dura crítica… doña Cecilia Morel Montes.

-Última pregunta, ¿cómo está su relación con los empresarios?

-Ya terminó su entrevista. Ve que la última, la última, la última… Me recuerda a mis nietos.

 

TVN: “La opinión de un director (Máximo Pacheco) para mí pesa poco”

-¿Tenía nombre y apellido la reforma a la ley orgánica de TVN que anunció?

-Eso lo dijo un director que es muy pequeño en sus opiniones. Así que su opinión para mí pesa poco.

-Pero Jaime de Aguirre después de su renuncia dijo que se había sentido presionado y hostigado por el gobierno.

-El día anterior a la renuncia de Jaime de Aguirre, yo fui al programa Llegó tu hora. Estuve ahí con algunas directoras y con Jaime de Aguirre y antes de ingresar al programa, les conté que estábamos preparando una reforma a la ley de TVN con cuatro grandes objetivos: definir mejor el rol de la TV pública en este mundo nuevo y moderno; fijar el mejor sistema de financiamiento de la TV pública; mejorar la gobernabilidad y la institucionalidad de TVN, porque hasta ahora muchas veces sucede que no hay mayoría en el directorio ni para ir para el norte, ni para el sur; y colaborar con TVN para la incorporación de las nuevas tecnologías.

-Pero una de las razones que estaba ahí era el tema del quórum para poder remover al director ejecutivo.

-Por supuesto que la gobernabilidad de TVN no está pensada en una persona. Así que la opinión de un director que habló de una ley con nombre y apellido, creo que es desinformada, injusta y que no merece mayor análisis.