Sebastián Edwards habla de su último libro de ficción, Un día perfecto, que representa un giro en su carrera al incorporar otros registros, si bien mantiene el tono de suspenso. Y vuelve a abordar un hecho supuestamente real: el frustrado intento de secuestro en el Mundial de 1962 de una estrella del fútbol soviético. Por Marcelo Soto

 

 

  • 2 mayo, 2011

 

Sebastián Edwards habla de su último libro de ficción, Un día perfecto, que representa un giro en su carrera al incorporar otros registros, si bien mantiene el tono de suspenso. Y vuelve a abordar un hecho supuestamente real: el frustrado intento de secuestro en el Mundial de 1962 de una estrella del fútbol soviético. Por Marcelo Soto

Lea aquí el testimonio que Sebastián Edwards escribió para Capital.

Es probable que más de algún lector que disfrutó de la intriga de espías y servicios secretos en El misterio de las Tanias, se sorprenda al leer la nueva novela de Sebastián Edwards. En Un día perfecto, el profesor de la UCLA, con el mismo desparpajo con el cual debutó en la narrativa de suspenso, entra en terrenos más íntimos y complejos: la pasión amorosa, los desencuentros entre hermanos, las sombras del matrimonio y el sexo.

No sólo eso: el autor recrea, casi como si se disfrazara de periodista deportivo, una de las hazañas del fútbol nacional, cuando el 10 de junio de 1962 Chile le ganó al poderoso combinado soviético en el Mundial disputado en el país. Pero la sorpresa que causa el relato –que incluye un supuesto intento de secuestro de una estrella del balompié de la URSS– es una de esas que se reciben con una sonrisa. Edwards demuestra que puede manejar otros registros, otros ámbitos. Y sale bien parado del desafío.

Conversar con este destacado economista, autor de ensayos referidos a su disciplina y de columnas periodísticas que suelen provocar heridas, es siempre un riesgo. El riesgo de irse por terrenos no esperados, de abarcar demasiados temas; el riesgo, en fi n, de aquellos que no miran la vida desde una tribuna cercada, sino que se atreven a saltar al campo y asumen que el juego incluye la posibilidad de recibir patadas y golpes bajos.

Aunque Edwards ha criticado muchas veces el populismo como una de las amenazas y lastres más terribles en América latina, no comparte el diagnóstico negativo que algunos de sus colegas analistas, como Eduardo Engel, han realizado sobre el primer año de Piñera. “No me parece que esta administración sea populista. El gobierno está cumpliendo promesas de campaña. Algunas tienen elementos populistas, pero nada grave. No creo que se lancen en un populismo desenfrenado; de hecho, estoy seguro de ello”, afi rma desde Los Angeles, Estados Unidos.

Reconoce, sin embargo, que el Ejecutivo “ha sido más lento de lo que yo esperaba en hacer las reformas modernizadoras que el país necesita. Se suponía que tenían los proyectos legislativos preparados y no era así, lo que es un poquito desilusionante. Pero, la verdad, es que los veo cada vez más firmes”, comenta, antes de responder una batería de preguntas que parten en su libro, pero terminan recorriendo el continente.

-¿Por qué decidiste abandonar el área en la cual te hiciste conocido –como escritor de una novela de espías- y apostar por otros registros y estilos?
-Más que un cambio de registro o estilo, hay un cambio de énfasis. En Las Tanias lo central es la historia de las agentes secretas entrenadas por Cuba para infi ltrarse en las burguesías de otros países. Pero también hay una historia de un gran amor y de una amistad entrañable. En Un día perfecto los énfasis están, en cierto modo, invertidos. El eje de la novela está dado por un amor imposible que se arrastra por años y que es resuelto el 10 de junio de 1962. Al mismo tiempo, hay una historia paralela y misteriosa – la de una desaparición o secuestro–, centrada en los confl ictos de la guerra fría. De hecho, uno de los personajes de esta historia (el periodista español y disciplinado comunista Juan Domech) también aparece en las Tanias. En ambas novelas se mezcla la realidad con la ficción, y hay muchos personajes reales que aún están vivos; es difícil saber dónde termina lo verdadero y dónde comienza lo inventado. En eso hay una cierta continuidad entre los dos libros.

-La novela narra la historia de una pasión amorosa. ¿Cómo enfrentaste el desafío de describir las escenas de sexo sin caer en el mal gusto, la pornografía o la cursilería?

-Estas escenas íntimas son necesarias para entender cabalmente el amor entre Esteban y Ofelia, los dos personajes principales. Hay intimidad, pasión y rabia contenida; sí, definitivamente, hay mucha rabia que, en cierto momento, se desborda con consecuencias insospechadas. Creo que en estas escenas no hay nada que sea redundante o que sobre; tampoco falta nada. Además, hay algunos aspectos en estas escenas –y no, precisamente, aspectos eróticos– que cobran gran relevancia al final de la novela, cuando el lector llega a comprender la verdadera magnitud de lo que ha pasado durante ese día 10 de junio de 1962.

-La novela recrea un país que parece una fiesta. Sin embargo, hay señales amenazantes en el horizonte. ¿Cuáles crees que fueron los principales errores que se cometieron en esa época?

-En cierto modo, el año 1962, que es cuando se desarrolla la novela, fue un año en el que se produjo un choque entre ilusiones un poco ingenuas –después de todo habíamos sido capaces de organizar un mundial– y una realidad muy dura y convulsionada. Recién habíamos sufrido el terremoto más devastador de la historia, la situación política era complicada y meses antes del mundial sufrimos una crisis cambiaria severa. Yo recuerdo a los años sesenta –y a los setenta– como años de gran intensidad. Fueron los años de la píldora, el Sputnik y la revolución cubana. También del alunizaje del Apolo 11, de la guerra de Vietnam y del escalamiento de la guerra fría. Fue una época de negro y blanco, y de buenos y malos. A mí me gusta la intensidad y el vértigo que ella produce; es por eso que mis dos novelas se ambientan en ese periodo en que las pasiones se intensificaban hasta la locura.

-En tu libro mencionas la posibilidad de que una estrella del fútbol soviético haya intentado pedir asilo político en Chile (o quizás fue una tentativa de secuestro frustrada) durante el Mundial del 62. ¿Qué tan factible fue el episodio? ¿Cuáles fueron tus fuentes?

-En un viaje muy largo, desde Europa a California, me tocó ir sentado al lado de un señor ruso. Hablamos de diversas cosas, hasta que, inevitablemente, llegamos al partido de Arica entre Chile y la URSS. Estábamos reviviendo los goles y otros pormenores, cuando este individuo mencionó la desaparición de este héroe del deporte soviético, al finalizar el partido. Un tiempo después, en un viaje a Moscú, investigué el asunto en los archivos de los servicios de seguridad, y concluí que esta estrella desapareció durante varias horas después del match. Algunos amigos creen que este fue un hecho importantísimo que afectó la disposición de Nikita Khrushchev con respecto a la guerra fría y a Cuba. Algunos dicen que fue la razón por la que Nikita decidió instalar misiles con armas nucleares en Cuba.

-¿Cómo pudo pasar eso?
-Lo de Nikita es un aparte y una conjetura. Ha habido mucho debate sobre la fecha en la que el jerarca soviético accedió a la petición de Fidel de instalar cabezas nucleares en los misiles en Cuba. La fecha aproximada es entre el 20 de mayo y el 15 de junio del 62. La crisis de los misiles fue en octubre, y los misiles aún no estaban instalados. El bloqueo impidió el paso de los barcos con las cabezas. La conjetura es esta: Nikita accede a la petición de Fidel –después de haberse negado por más de un año–, como respuesta al intento de secuestro de la Araña (el arquero Lev Yashin). Pero, claro, es una conjetura que queda fuera de la novela.

Muros que caen

-¿Crees que la crítica tuvo prejuicios al abordar tu irrupción literaria, hace unos años? Quizá si no fueras un economista exitoso que enseña en la UCLA y viaja por el mundo dando asesorías, la reacción ante tu libro sería diferente…
-El misterio de las Tanias fue muy bien recibido. Entre otras cosas, estuvo en el ranking de súper ventas por casi 30 semanas; además vendí los derechos cinematográficos. A un par de críticos chilenos no le gustó demasiado, pero la novela le gustó mucho a otros; además, tuvo excelentes reseñas en Argentina, México, España, Perú y Colombia. Ahora, es verdad que el que no me haya formado profesionalmente en las letras causó, inicialmente, algún malestar en ciertos círculos. Pero estoy convencido de que fue algo pasajero. Tengo muchos amigos escritores y todos me tratan con mucho cariño. Entienden que para mí lo de las novelas es algo muy serio, a lo que le dedico enormes cantidades de tiempo. No sé si ya me consideran un colega, pero sí sé que me consideran un amigo.

-Uno de los temas que tocas en Un día perfecto es el despertar de la conciencia femenina, ilustrado por el personaje de Ofelia, que se mueve entre la fidelidad al esposo y la liberación personal.
-Claro, Ofelia es una mujer independiente y con una personalidad fuerte. No deja de pensar en sus hijos, pero se rebela contra la mediocridad a la que la arrastra su marido en una ciudad de provincias que ella considera triste y maloliente. Ofelia es abogada y añora una vida intensa, una vida de litigios y argumentos legales, en la cual enfrenta –y derrota– a hombres inteligentes y preparados como ella. La gran pregunta es: ¿cuánto influye esta frustración en su manera de actuar frente a Esteban, en su decisión por ser infiel a su marido y por dar los pasos que da hacia el final de la novela? En los años sesenta había pocas mujeres que tomaran el destino en sus propias manos, como lo hace Ofelia.

-¿Qué tanto ha cambiado Chile en ese aspecto? ¿Es el posnatal un retroceso o un avance?

-Las cosas han cambiado enormemente. Tuvimos una presidenta y ya nadie se sorprende cuando se nombra a miembros del gabinete que son mujeres. Ahora, habiendo dicho eso, aún hay resabios convencionales y en una serie de aspectos la vida sigue siendo difícil para las mujeres. Lo del post natal nace de una buena intención, pero fue mal ejecutado. Habría que haberlo hecho de modo tal que no incentivara la discriminación en contra de las madres.

-En tu novela hablas, en el fondo, de cómo las certezas se derrumban: cuando aparecen grietas en las antiguas ideas y lo que antes parecía intocable comienza a corromperse. Quizá sea una de las vigas centrales del relato, igual que en El misterio de las Tanias.

-Efectivamente, en ambos libros hay un énfasis en lo ambiguo, en que las cosas no son como aparentan serlo, y que se nos revelan sin apuros pero con consecuencias fatales que nos cambian la vida para siempre. En Las Tanias esas mujeres tan lindas, perfectas y burguesas, quizás no lo son tanto, quizás sean guerrilleras o algo peor. En Un día perfecto, quise llegar más lejos y empujé ese concepto un poco más: las certezas de Ofelia van cayendo a medida que transcurre el día, a medida que Esteban le habla y recuerdan un pasado distante y dulce, un pasado tan lleno de lágrimas como de sonrisas. Las certezas del héroe deportivo también se van derrumbando y de pronto no sabe nada, ni siquiera de qué lado del espejo se encuentra. Otro personaje, un héroe de la Resistencia, también ve su vida a través de grietas que se abren poco a poco como una vieja herida. Quizás el único personaje que mantiene una visión unificada y simple de la vida es el marido de Ofelia, un hombre muy del principio de los años sesenta.

-Con la experiencia que tienes en ambos campos, ¿qué es más complejo: la economía o la literatura? ¿Dar clases o escribir libros?

-Son actividades bien diferentes. La mayor diferencia es que mientras la economía casi siempre se escribe en forma muy lineal, la literatura no. Uno narra historias a saltos, con cambios de punto de vista, avances y retrocesos, insinuaciones y misterios. Además, en literatura el narrador debe ser modesto, no opinar casi nada, mantenerse en los márgenes, contando el cuento como si no estuviese ahí. En la academia es lo opuesto: el narrador (que es el investigador académico) se posiciona en el medio de la historia –o de la página-, y desde ahí opina y diserta, critica a otros, y hace activismo en favor de sus ideas.

-¿Estás escribiendo o planeando un nuevo libro?
-Ahora estoy escribiendo (en inglés) un libro de economía sobre la llegada de Chile a la modernidad, a principios del siglo 21. Me gusta la idea de alternar entre mis lados A y B. Curiosamente, la economía la escribo en inglés y la ficción en español. Supongo que es un esfuerzo inconsciente por mantener estos dos campos – que, por lo demás, cada vez se parecen más– separados. Después del libro sobre la economía chilena es muy posible que escriba otra novela. Quizás se llame La hija de Gamboa, y quizás sea un largo párrafo en el que se combinen un mea culpa, una historia de duplicidad y amor, con una revancha profunda y moralmente cuestionable. Aunque quizás no trate de nada de eso, y tampoco se titule así. Vale decir, las cosas están bastante en el aire, que es como debe ser a estas alturas.

Corrupción y populismo
-Hace un tiempo publicaste un libro en el cual describías el ascenso del populismo en América Latina. ¿Cómo ves el panorama hoy? ¿Ha empeorado o hay señales para el optimismo?
-A veces pienso que la historia de la región –especialmente en Venezuela– es sacada de una novela. A veces una novela cómica, otras veces una novela trágica. En cierto modo la situación ha mejorado, ya que Chávez ha perdido mucho prestigio, y los afanes por seguir su liderazgo han disminuido. Pero al mismo tiempo lo del Perú es preocupante: un choque de populismos de derecha e izquierda que parece sacado de un guión de película de terror.

-Mario Vargas, Llosa cuando estuvo en Buenos Aires, lamentó que Argentina, habiendo sido un país del primer mundo a principios del siglo XX, hoy todavía se encuentre en el subdesarrollo. ¿A qué crees que se debe esta incapacidad por dar el salto hacia la modernidad? ¿Qué lecciones puede sacar Chile?
-Aquí se aplica, cabalmente, el poema de Gil de Biedma, que uno puede parafrasear como: “De todas las historias de la Historia sin duda la más triste es la de la Argentina porque termina mal.” El problema central son los políticos argentinos, que están convencidos que se puede llegar a la prosperidad tomando atajos. Las instituciones son, también, muy débiles, Eso, claro, lo sabemos al menos desde el siglo XIX, desde Sarmiento. De otro lado, la población argentina es maravillosa: llena de talento y dedicación. Ahora, creo que nosotros hemos aprendido la lección y no veo peligros de contagio populista a Chile.

-Uno de los grandes peligros que enfrenta el país es la corrupción. ¿Crees que en la derecha ha faltado en el caso Kodama la misma energía y decisión para denunciar los hechos tal como lo hizo cuando era oposición en casos como MOP-Gate?
-Más que doble estándar hubo un sentido mal entendido sobre lo que es la lealtad. Una visión ingenua de la política y de la vida. Pero parece que finalmente han entendido que no se puede tolerar ni la más mínima apariencia de asuntos “raros”.

-Viviendo en EEUU, debes tener una mirada más informada sobre el desempeño de Obama en la Casa Blanca. ¿Cuáles han sido sus principales tropiezos que explican el mal momento por el que pasa?
-Desde la época de Clinton hay un dicho muy poderoso: “¡es la economía, estúpido!”. Esto resume la situación de Obama. La recuperación es lenta, la deuda está disparada, las calificadoras los tienen en la mira y el valor del dólar se desploma. Un cuadro que empieza a parecerse a una tormenta perfecta.

 
Definiciones
Post natal. “Nace de una buena intención, pero fue mal ejecutado. Habría que haberlo hecho de modo tal que no incentivara la discriminación en contra de las madres”.

Caso Kodama. “Hubo un sentido mal entendido sobre lo que es la lealtad. Una visión ingenua de la política y de la vida”.

Obama y EEUU. “La recuperación es lenta, la deuda está disparada, las calificadoras los tienen en la mira, y el valor del dólar se desploma. Un cuadro que empieza a parecerse a una tormenta perfecta”.

Piñera. “Ha sido más lento de lo que yo esperaba en hacer las reformas modernizadoras que el país necesita. Se suponía que tenían los proyectos legislativos preparados y no era así, lo que es un poquito desilusionante”.