Es entretenido, adictivo y sorpresivo, pero sólo es un canal de comunicación y no la panacea de la vida. Conozco gente que le da tanta importancia que sólo opera a través de esta red mundial de contactos.

  • 17 octubre, 2008


Es entretenido, adictivo y sorpresivo, pero sólo es un canal de comunicación y no la panacea de la vida. Conozco gente que le da tanta importancia que sólo opera a través de esta red mundial de contactos.

Es entretenido, adictivo y sorpresivo, pero sólo es un canal de comunicación y no la panacea de la vida. Conozco gente que le da tanta importancia que sólo opera a través de esta red mundial de contactos. ¿No será mucho? Por Mauricio Contreras.

El otro día un amigo me dijo que iba a convocar a su cumpleaños por Facebook, que todo estaría ahí: el lugar de la celebración con mapa incluido, los invitados y las fotos. Me dijo que era top el sistema –del cual soy usuario desde hace un año, por cierto– y me recalcó la importancia de sumar más gente a la red para que pudiera ir al cumpleaños.

– Por último, a los que no estén los llamas por teléfono, agregué a modo de consejo.

– ¿Estás loco? Todo por Facebook y si no, no van.

Quedé para adentro. Una cosa es aprovechar las bondades de las conexiones, pero esta tiranía de que hay que estar sí o sí la encontré macabra y descontrolada. Como si no estar inscrito en la novedad del año te perjudicara en la vida; y ni siquiera para encontrar pega, sino que para ir a cantar cumpleaños feliz.

Somos buenos para Facebook, Chile es uno de los cinco países del mundo que más lo ocupa, pero eso no nos da derecho para desterrar la comunicación que nos genera cercanía y que fue la que nos dio esas amistades: el café con el amigo, llamar para el cumpleaños, un abrazo tras no verse en muchos años… Eso no lo pueden lograr ni Facebook, ni Twitter ni Flickr ni ninguna creación de los genios de Silicon Valley.

Es cierto que Facebook es el lugar donde se reencuentra todo el mundo, donde ves fotos del colegio con unos peinados que nos dan vergüenza ajena, donde uno rastrea conocidos como un voyerista profesional. Es la gran plaza de la web y no seré yo quien la cuestione. Pero hacer todo a través de ese mecanismo me parece una fiebre que nos está empezando a pasar la cuenta.

Yo no soy el ombdusman de nada. Simplemente apuesto por que Facebook no reemplace los buenos momentos del cara a cara –no los de los realities–, como las buenas juntadas, las tallas que casi te hacen llorar de la risa, las fotos tomadas en ese momento y todo lo que encierra reunirse con los amigos y la familia para pasar un buen rato.

El otro día me llegó un mensaje en Facebook de una ejecutiva de un banco que me saludaba y me proponía conversar por medio de mensajes facebooknianos para ver una línea de crédito y asesorarme en mis finanzas personales. Lo encontré cercano a la locura y superficial. Por primera vez en mi vida deseé que esa ejecutiva viniera a mi oficina, nos tomáramos un café y me explicara bien de que se trataba su propuesta. Jamás pensé que por “culpa” de Facebook
iba a añorar recibir gente ofreciendo sus productos.