La economía estadounidense muestra señales positivas, pero no lo suficiente como para destapar champaña.

  • 23 junio, 2009

 

La economía estadounidense muestra señales positivas, pero no lo suficiente como para destapar champaña. Por Marcela Corvalán.

No se deje llevar por el entusiasmo ante las señales de vida de la economía en Estados Unidos. Es cierto que hay síntomas positivos, pero todo indica que sólo apuntan a que el ritmo de contracción de la economía se ha desacelerado, no a una recuperación inminente.

David Rosenberg, economista jefe de la firma canadiense de gestión de patrimonio Gluskin Sheff & Associates, estima que “la era de los brotes verdes terminó” y que no es posible escapar al hecho de que la situación de la economía estadounidense es, simplemente, mala. Y destaca que la producción industrial norteamericana se sigue contrayendo (cayó 1,1% en mayo, la séptima reducción mensual consecutiva), que está en niveles de julio de 1998 y que se destruyeron 345 mil empleos en mayo, por lo que
hablar del fin de la recesión está fuera de contacto con la realidad.

Rosenberg, hasta mayo economista jefe de Merrill Lynch (ahora Bank of America), es respetado como una “voz cuerda” por sus pares, los mismos que critican la notoriedad que han cobrado Nouriel Roubini y Nassim Nicholas Taleb por un pesimismo casi patológico. En enero del año pasado causó una pequeña conmoción al plantear en su comentario diario del mercado que, según los datos disponibles, Estados Unidos había entrado en recesión en noviembre o diciembre de 2007. En esos días había preocupación por la economía estadounidense a raíz de la crisis del crédito provocada por la crisis subprime, pero pocos se atrevían a hablar de recesión y menos, a ponerle fecha. No sólo el tiempo le dio la razón: en diciembre de 2008, el Comité de Ciclos de Negocios, el cuerpo del NBER que oficialmente pone data a las recesiones en Estados Unidos, declaró que la recesión había comenzado en diciembre de 2007. Punto para Dave.

En el mismo documento de enero, Rosenberg describió las características de una recesión prototipo. Entre otras, dijo que dura en promedio diez meses y que provoca una caída del PIB de 2% en términos reales y una corrección del mercado accionario (medida por el índice Standard & Poor’s 500) de casi 25% desde su punto más alto.

Una simple mirada al calendario nos dice que esta recesión, con 18 meses, ya es bastante más larga que el promedio de las ocurridas desde 1945. En términos del PIB, la caída a marzo respecto de diciembre de 2007 alcanzaba al 2,4%. En cuanto al mercado bursátil, mejor ni mirar. Pero ya que estamos en esto, el 31 de diciembre de 2007 el Standard & Poor’s cerró en 1.468,36 puntos. El 9 de marzo de 2009 el cierre fue de 676,53: un desplome de 53,9%. Y pese al rally de los últimos meses, el S&P 500 sigue estando en torno a 37% por debajo del cierre de 2007.

La sabiduría convencional dice que como el mercado accionario se anticipa a las noticias, la bolsa alcanza su cima unos seis meses antes de que comience la recesión y, por el contrario, que la recuperación empieza también seis meses antes de que la recesión termine. Esto implicaría que la recesión se acabaría en agosto, ya que el S&P 500 marcó un máximo en mayo. Pero Rosenberg cree que se trató de un repunte dentro de la caída, un bear market rally, y que los grandes índices de referencia podrían embarcarse en un período de prueba hacia los mínimos de marzo. Si ese piso se sostiene, según el economista, podría marcar el nacimiento de la fase alcista. Si no, habrá que seguir esperando. Durante esta fase de prueba cabe esperar una corrección en el S&P 500 superior al 20% y que la volatilidad del mercado más que se duplique.

¿Qué más anticipa Rosenberg? Él plantea que, a diferencia otras recesiones causadas por el ciclo de inventarios posterior a la segunda guerra mundial, estamos atravesando un ciclo de desapalancamiento, los que demoran años y no meses en corregirse. En este sentido, se hace eco de Kenneth Rogoff y Carmen Reinhart, que en su estudio de las recesiones causadas por crisis financieras (The Aftermath of Financial Crises, Working Paper 14656, www.nber.org) concluyen que este tipo de situaciones duro dos años, el mercado bajista dura tres años, el desempleo sube por cuatro años y los precios de las viviendas no tocan fondo por seis años. Seguiremos informando.