Mientras en Suecia el uso de billetes y monedas está camino a la extinción, en Chile la gente continúa confiando en el efectivo, según datos del Banco Central.

  • 30 octubre, 2018

A mitad de año ya habían más de 3 mil suecos con microchips en sus cuerpos para reemplazar el uso de tarjetas bancarias. Así, con solo pasar la mano frente a una máquina pueden pagar en el comercio, e incluso, hacer otras operaciones como almacenar información del trabajo y de identidad.

Señal del avance de la tecnología en el sistema de pagos, es que el país nórdico ha registrado entre 2009 y 2015 una caída del 25% en el uso de efectivo.

Pero la tendencia no es exclusiva de Suecia, ya que a nivel global las alternativas de pago que apuntan más allá del uso del efectivo, como código QR, monedas digitales, entre otros, están tomando cada vez más terreno.

Según el World Payment Report 2018 elaborado por Capgemini y BNP Paribas, las transacciones sin efectivo crecieron casi un 10% en 2016, llegando a más de US$ 482.600 millones.

El estudio detalla que la tasa de crecimiento aumenta en países donde el gobierno ha impulsado políticas de inclusión financiera a través del fortalecimiento de medios de pago alternativo. Así, China, India y Sudáfrica tuvieron alzas 25,8%, 33,2% y 15,1%respectivamente en uso de sistemas de pagos móviles.

¿Pero qué pasa en Chile? De acuerdo a un estudio del Banco Central publicado en junio del presente ejercicio “el efectivo sigue siendo el principal medio de pago”.

Esto, queda demostrado “en el creciente saldo de billetes y monedas en circulación, que ha pasado de 2,4% del PIB a mediados de la década anterior a 3,5% del PIB, en septiembre de 2017″.

La encuesta financiera de hogares 2017 realizada por el ente emisor y publicada hace unas semanas atrás, muestra que el efectivo continúa siendo el medio de pago más usado por los hogares, sin mostrar ninguna variación respecto a la edición de 2014 del estudio.

No obstante, si en el 2000 “las transacciones distintas del circulante en que se usaba las tarjetas de débito era inferior a 1% y en junio de 2017 su participación llegó a 35%”.

En la medición del ente emisor de los hogares chilenos, mostró un incremento importante del uso de tarjetas de débito y transferencias por Internet entre 2014 y 2017. Si hace cuatro años el 65% declaró usar plásticos de débito, el año pasado llegó al 73% y los traspasos por la web saltaron de 35% a un 45% en este periodo.

A pesar de ello, el estudio del Banco Central indica que “la demanda de circulante sigue siendo creciente, por su uso en transacciones de bajo valor y de manera presencial”.

En efecto, “el valor del circulante ha aumentado más rápido que la tasa de crecimiento del PIB desde el 2008, con lo que el stock de billetes y monedas en circulación ha pasado de 2,4% del PIB antes del 2008 a cifras en torno a 3,5% en los últimos años”.

A la hora de comparar a Chile en el uso de tarjetas de débito, crédito y transferencias de fondos con economías desarrolladas. Si en 2016 existían 90 transacciones de este tipo por habitante en el país, Suecia y Estados Unidos registraban cerca de 450.

Un elemento que destaca el Central es el crecimiento en el número de plásticos de débito en Chile respecto a otros países industrializados como Suecia, Estados Unidos, Italia y Canadá, llegando a tener el país un promedio de 1,1 tarjeta por habitante. Pero, todavía distante de mercados como Australia, Bélgica, Holanda o Alemania, que tienen más de 1,5 tarjetas por habitante.

La autoridad monetaria considera que “los medios de pago en Chile han evolucionado en línea con las economías desarrolladas, pero de una manera más conservadora”.

Además, considera que el país “aún presenta un bajo uso de las tarjetas de débito, crédito y trasferencias de fondos” en comparación a países industrializados.

Fuente: Diario Financiero