Entre los reveses que ha tenido que enfrentar el mandatario están algunos nombramientos de su gabinete. Por Gabriel Sánchez-Zinny Y finalmente, el paquete de estímulo de 787 billones de dólares, llamado el American Recovery and Reinvestment Act 2009 presentado por el presidente Obama, fue aprobado luego de idas y vueltas entre la Cámara de Representantes […]

  • 17 febrero, 2009

Entre los reveses que ha tenido que enfrentar el mandatario están algunos nombramientos de su gabinete. Por Gabriel Sánchez-Zinny

Y finalmente, el paquete de estímulo de 787 billones de dólares, llamado el American Recovery and Reinvestment Act 2009 presentado por el presidente Obama, fue aprobado luego de idas y vueltas entre la Cámara de Representantes y el Senado. Analistas en Washington señalan que el proyecto no sólo busca estimular la economía, sino que representa uno de los cambios legislativos de mayor profundidad que un presidente tomara en las primeras semanas de gobierno. Las medidas combinan intentos de promover el consumo y proteger el empleo, como un mayor gasto en aquellos temas que los demócratas han considerado prioritarios en su agenda.

Este éxito del presidente Obama en conseguir la aprobación del Congreso, como de su agenda política y cumplimiento de promesas electorales, se vio acompañado en las primeras semanas por algunos reveses, principalmente en los nombramientos de su gabinete y la promoción de un estilo más bipartidista de hacer política.

Entre los nombramientos, el secretario de Comercio parece un cargo embrujado. El primer candidato, el gobernador de New Mexico Bill Richardson, renunció la nominación por problemas de transparencia entre donantes de su campaña y contratistas en su Estado. Mientras que el segundo, Judd Greg, senador republicano de New Hampshire, se bajó de la nominación luego de varios días de negociaciones, por razones más bien ideológicas y de desacuerdo con la administración Obama (Gregg fue el mismo que hace algunos años se pronunció a favor de suprimir el departamento de Comercio).

El otro revés de alto perfil y controversia fue el del ex senador por South Dakota Tom Dashle, que había sido nominado tanto asesor del presidente con asiento en la Casa Blanca, como secretario de Salud. Este revés no sólo produjo tensiones en la coalición demócrata, sino que deja al presidente sin un excelente candidato para promover sus cambios, ya que combinaba liderazgo en su partido, expertise en la reforma de salud y muy buena relación con el Congreso.

Como señala el comentarista del New York Times John Harwood, “todavía no podemos defi nir si los problemas impositivos de Tom Dashle, las diferencias ideológicas de Judd Gregg, la caída de Wall Street y el casi completo rechazo de los republicanos al paquete de estímulo representa el fi n del momentum positivo que Obama alcanzó en los primeras semanas de su mandato”. El apoyo a un candidato se puede medir de diferentes maneras, argumenta Harwood, como el tamaño de la victoria electoral, la popularidad en las encuestas, el tamaño del apoyo partidario en el Congreso, y bajo estos criterios “el 53% de su victoria electoral, su popularidad de más del 60% y sólidas mayorías en el Congreso, se comparan muy favorablemente con cualquier presidente de Estados Unidos desde la II Guerra Mundial”.

Históricamente, los primeros meses de una nueva presidencia estuvieron marcados por desafíos internacionales, como lo fue Bahía de Cochinos para Kennedy o Septiembre 11 para Bush. En el caso de Obama, dada la profunda crisis, los mayores problemas son domésticos. En el plano internacional, el liderazgo y aura de celebridad de Hillary Clinton, sumado a su equipo de pesos pesados, como el embajador Richard Holbrooke, enviado para Afganistán y Pakistán, el ex senador George Mitchell, enviado para Medio Oriente y el rol del vicepresidente Biden, quien fuera presidente del Comité de Relaciones Internacionales del Senado, están permitiendo al resto del gabinete y al presidente volcarse exclusivamente a la crisis.

Hacia adelante, los desafíos incluyen la implementación del paquete de estímulo en las diferentes comunidades, muchos más difícil que la aprobación legislativa; completar los nombramientos, no sólo del gabinete, sino los más de 2.500 puestos políticos que todavía faltan confirmar; e impulsar el resto de las reformas en temas de energía, medio ambiente, salud y la anunciada por el secretario del Tesoro Geithner para lidiar con los activos tóxicos de los bancos.

En este contexto, Latinoamérica no representa una prioridad. Causó sorpresa entre analistas en Washington que Tom
Shannon y Héctor Morales, ambos representantes de la administración Bush en el Departamento de Estado y la OEA, respectivamente, fueran confirmados en sus cargos hasta la Cumbre de las Américas del 17 y 19 de abril en Trinidad y Tobago, donde la administración Obama buscará presentar su nueva relación con la región, con una combinación de discursos, fotos y reuniones con algunos presidentes.

El resultado del primer mandato del presidente Obama será principalmente evaluado en función de lo económico y, para apoyar sus cambios, cuenta con la sólida red de colaboradores, voluntarios, donantes y networks sociales que organizó en todo el país, sumada a su gran capacidad de oratoria y convencimiento. El famoso consultor político Stanley Greenberg, autor del nuevo libro Dispatches from the War Room, sostiene que líderes como Obama, con proyectos y mandatos electorales, siguen movilizando, educando y persuadiendo al público durante toda su gestión. Veremos en los próximos meses si esto le permite mantener el momentum político.

 

El autor es Vicepresidente, DutkoWorldwide