Nicolas Sarkozy y Ségolène Royal repitieron el clásico enfrentamiento entre la derecha y la izquierda francesa, relegando al tercer puesto el candidato centrista, François Bayrou, quien logró triplicar su votación anterior. ¿Adónde irán a parar estos votos? Por Gonzalo Arenas S. Más allá de la confirmación de los resultados que habían anticipado los sondeos, lo […]

  • 4 mayo, 2007

Nicolas Sarkozy y Ségolène Royal repitieron el clásico enfrentamiento entre la derecha y la izquierda francesa, relegando al tercer puesto el candidato centrista, François Bayrou, quien logró triplicar su votación anterior. ¿Adónde irán a parar estos votos?
Por Gonzalo Arenas S.

Más allá de la confirmación de los resultados que habían anticipado los sondeos, lo más destacable de esta primera vuelta de las elecciones presidenciales en Francia es la participación masiva de los franceses. Desde 1965 que no se veía tal nivel de movilización electoral en un país donde ni la inscripción en los registros electorales ni la votación son obligatorios y donde los votantes se muestran muchas veces apáticos frente al resultado, generalmente, previsible de los comicios.

El 84,6% de los inscritos en los registros acudió a las urnas, lo que representa un alza de casi 15% en comparación con las elecciones de 2002. Para entender lo que muchos han calificado de tsunami democrático, hay que acordarse del terremoto político que significó ese año el paso a la segunda vuelta del candidato de ultra derecha, Jean-Marie Le Pen. Fue tal la sorpresa, y la vergüenza que sintieron los franceses, que este año las inscripciones en los registros electorales aumentaron signifi cativamente y muchas personas acortaron sus vacaciones de Pascua para asegurarse que la ultra derecha no repitiera el resultado de hace cinco años. El shock del 2002 no es la única explicación para este nivel de participación.

Las elecciones de este año tienen varios aspectos que las hicieron mucho más atractivas que las anteriores. Por primera vez en la historia de Francia una mujer tiene una posibilidad cierta de ser presidenta. Más allá de sus capacidades y de su historia política, Ségolène Royal ha provocado muchos debates y creado muchas divisiones entre los franceses que parecen dudar de las capacidades de una mujer para dirigir su país. Por otra parte, la sorpresiva arremetida del centrista François Bayrou modifi có signifi cativamente el tablero político, tradicionalmente divido entre la derecha y la izquierda. El alza de Bayrou en las encuestas había hecho temer a muchos socialistas una nueva eliminación en primera vuelta, como la de Lionel Jospin en el 2002. Con 18,5% de los votos el candidato de centro no solamente confi rmó el avance que había mostrado en los sondeos. El hecho también lo transformó en un actor ineludible del resultado fi nal de los comicios.

Además, los franceses tendrán que elegir, por primera vez, entre dos candidatos nacidos después de la Segunda Guerra Mundial. Royal y Sarkozy representan una generación de recambio en la política francesa que durante décadas fue monopolizada por François Mitterrand y Jacques Chirac.

Más allá de entrar en los anales electorales franceses, la alta participación tendrá también un efecto directo en la segunda vuelta. Los dos candidatos ya no podrán contar con los votos de los que se abstuvieron en primera vuelta. Por lo mismo, de un día para otro, la campaña de segunda vuelta se convirtió en la pelea por los votos del centro.

Nicolas Sarkozy se llevó con holgura la primera vuelta con el 31,11% de los votos emitidos. Ello le permite planear con mayor tranquilidad el desenlace ya que corre con una ventaja de casi 5 puntos sobre su contrincante socialista. Además, el suyo es el mejor resultado de un candidato de derecha desde 1974.

Sin embargo, el candidato conservador tendrá la difícil tarea de acercarse al electorado de centro después del viraje hacia la extrema derecha que tomó su campaña en las últimas semanas. El Ministerio de la Inmigración y de la Identidad Nacional que éste propuso, puede ser un buen incentivo para los electores de derecha pero también podría tener el efecto opuesto para los votantes más moderados.

Para Ségolène Royal la segunda vuelta se ve mucho más complicada. La candidata socialista logró sobrepasar el trauma de las elecciones pasadas y obtuvo un resultado que supera el total acumulado de los tres principales candidatos de izquierda en 2002. Pero la ventaja que le sacó Sarkozy será difícil de recuperar.

La suma de los votos de todos los demás candidatos de izquierda es un porcentaje muy similar al de la extrema derecha, es decir, cerca del 10,5%. La mayoría de estos candidatos ya han llamado a votar por Royal, principalmente para contraer a Sarkozy, pero estos votos no le alcanzan para ganar las elecciones. La presión por obtener los votos puede llevar a Royal a cometer muchos errores no forzados que repercutirían negativamente en sus opciones. La candidata socialista no ha logrado convencer a la mayoría de la opinión francesa que ella tiene la categoría para ser la primera presidenta de Francia. Muchos dudan de sus capacidades, incluso en su propio partido.

Si comete demasiados errores, corre el riesgo de darle la razón a sus detractores. Por mucho que ningún político pueda sentirse dueño de sus votos, los que obtuvo François Bayrou serán al fi nal los que decidirán el ganador o la ganadora de estas elecciones. Los pronósticos de cómo se repartirán son difíciles de establecer. Muchos de los que votaron por el candidato del centro lo hicieron porque no les gustaba ni Sarkozy ni Royal. Además, Bayrou sabe que ha movido el tablero político francés: ahora tiene que pensar en las elecciones legislativas de este año y, para conservar el capital político que obtuvo, deberá mantenerse como opción al tradicional clivage entre la izquierda y la derecha. Royal y Sarkozy hicieron su “oferta” a Bayrou, pero éste rechazó entregar cualquier respaldo y dejó en libertad de acción a los siete millones de franceses que decidieron apoyarlo en las urnas.

Sea cual sea el resultado de las elecciones francesas, la o el próximo presidente tendrá muchos desafíos para los siguientes cinco años. El producto interno bruto por persona de Francia bajó del séptimo lugar mundial al decimoséptimo en 25 años. El desempleo es alto, al igual que la deuda pública y las banlieues (suburbios) de París siguen siendo el foco de un creciente descontento.

Una revitalización de la economía francesa es urgente. Para muchos, las políticas liberales de Nicolas Sarkozy y su énfasis en el valor del trabajo son la respuesta que Francia necesita: másmercado. Para otros, las políticas sociales de Ségolène Royal son la solución: más Estado de bienestar. El resultado fi nal lo veremos en cosa de horas.