Hace unos días se lanzó un libro tan triste como necesario. Se llama Santiago Caníbal. La ciudad que perdimos (RIL Editores), en el cual Mario Rojas Torrejón y Fernando Imas Brûgmann, expertos en patrimonio, se pasean por distintas épocas y comunas para demostrarnos cómo los santiaguinos hemos destruido cientos de construcciones valiosísimas. Una historia de […]

  • 24 mayo, 2019

Hace unos días se lanzó un libro tan triste como necesario. Se llama Santiago Caníbal. La ciudad que perdimos (RIL Editores), en el cual Mario Rojas Torrejón y Fernando Imas Brûgmann, expertos en patrimonio, se pasean por distintas épocas y comunas para demostrarnos cómo los santiaguinos hemos destruido cientos de construcciones valiosísimas. Una historia de canibalismo que partió con la demolición del extraordinario Puente de Cal y Canto en 1888 y que no se ha detenido nunca. Entre los ejemplos más desoladores, los fundadores de Brugmann.cl relatan con detalles la pérdida de los dos edificios que aparecen en las imágenes de esta página: el Bazar Krauss y el Palacio Undurraga. El primero, cuyo nombre completo era Bazar Alemán de Krauss, se encontraba en la esquina de Plaza de Armas con Catedral. Fundado por los hermanos Krauss en 1875, llegó a ser la juguetería y tienda comercial más importante de Santiago y, probablemente, de Chile. La ubicación que los haría famosos se inauguró en 1910. “Eran cuatro interminables pisos unidos por escaleras de nogal y un ascensor, que permitían llegar a otros departamentos donde se ofrecían no solo juguetes, sino que también cuadros al óleo, quincallería, cristalería y diversos artículos para el hogar. La cúpula de pizarra gris sacada de una fantasía belga resistió los embates del tiempo y los terremotos, pero hay quienes dicen que el hijo del alcalde de la época tenía ganas de montar un buen negocio y, sin importarle el pasado histórico o la armonía que daba ese edificio a nuestra más importante plaza, generó una inversión inmobiliaria para levantar ahí una torre de cristal de oficinas, muy al estilo disruptivo de los 80. En pocos días se desalojó a los locatarios, se tapiaron las ventanas y ante la incredulidad y luego la angustia de los santiaguinos, el edificio comenzó a ser desmantelado y demolido desde su cúpula hasta sus cimientos”, cuentan en el libro. El otro edificio, el Palacio Undurraga, ubicado en Alameda esquina Estado, fue encargado en 1913 al arquitecto catalán José Forteza por Luis Undurraga. Hasta que en 1970 fue demolido. Para no creerlo cuando uno ve las fotos.