Reconocido como uno de los parques urbanos más grandes del mundo, nuestro capitalísimo cerro se ha vuelto un imán para los under 40, hoy sus mayores usuarios. Y como todo en la naturaleza, el San Cristóbal también se transforma.

  • 14 diciembre, 2011

 

Reconocido como uno de los parques urbanos más grandes del mundo, nuestro capitalísimo cerro se ha vuelto un imán para los under 40, hoy sus mayores usuarios. Y como todo en la naturaleza, el San Cristóbal también se transforma. Por María Cristina Goyeneche; fotos, Verónica Ortíz.

 

El sol matinal aún es suave en la víspera del verano. Son pasadas las 9 de la mañana y los buses comienzan a estacionar al final de Pío Nono, a los pies de las escalinatas de piedra que conducen al castillo medieval que alberga la boletería del funicular. Unos pasos adelante, dos ceibos centenarios cargados de flores coloradas dan la bienvenida al cerro San Cristóbal por su cara poniente.

Los dueños de los 20 kioscos ahí apostados ordenan gorros para el sol, peluches de serpientes multicolores y se pasean con las manos llenas de arañas pollito de pelaje verde flúor. Todo vale con tal de acaparar la atención de los regalones. “3 por 500 pesos el maní, no pague el doble arriba”, vocifera un elegante señor de bermudas y prolijo bigote, quien aclara a su pequeña clientela que el maní se lo pueden comer de colación. No muy lejos, un cartel avisa que está prohibido alimentar a los animales.

Es viernes y los niños de un puñado de colegios inician su viaje a la meca infantil: el zoológico. Ansiosos por ver leones, cocodrilos y monos, suben las decenas de escalones que los conducirán hasta las puertas del más antiguo parque de animales que existe en Chile. En fila india, los pequeños de colegios “cota mil” y de escuelas municipalizadas se mezclan sin siquiera intuir lo ocurrido en el cerro mientras se preparaban para su viaje inolvidable.

Y es que desde las 8 de la mañana otros se les han adelantado, también buscando perderse entre los bosques del San Cristóbal. Por la verde y arbolada entrada que hay al final de Pedro de Valdivia Norte, en Providencia, runners profesionales, ciclistas premunidos de buena música y esforzado deportistas se han sumado al paisaje del parque antes de iniciar su rutina diaria.

Al medio día, los turistas empiezan a verse más seguido, especialmente en el funicular –1.800 pesos ida y vuelta– que los llevará a la parte más alta del cerro. A 320 metros de altura sobre el nivel del mar, a los pies de la Virgen María, podrán ver la postal que los santiaguinos tienen en su memoria desde los años 20, cuando el gobierno francés nos regaló la alba estatua de 22 metros y los trabajos por remozar un peladero del cerro estaban en plena marcha.

Arriba se toman fotos panorámicas, comen mote con huesillo y escogen uno que otro souvenir de los puestos salpicados en el lugar. Mientras, grupos de adolescentes matan el tiempo en la altura y los deportistas que lograron hacer cumbre se toman un respiro. Toman agua. Toman sol.

Partiendo la tarde, la piscina Tupahue hace nata. Niños de oriente a poniente disfrutan por igual piqueros y bombazos. Como si se hubiese construido en un foso de rocas, el pasto alfombrado que la rodea y la tupida vegetación del cerro convierten al corazón del San Cristobal en una locación de película. Si no fuera por una gruesa antena que irrumpe en el horizonte, sería imposible asegurar que la tarde de piscina se disfruta en una ciudad teñida por el smog, el ruido y el estrés sin tregua.

Al atardecer, cuando los coloridos parapentes ya han desaparecido del cielo, la acción se traslada a la terraza del Divertimento, el restaurante que se levanta a los pies del cerro en su entrada oriente. A las ocho y media los accesos al cerro ya cerraron, pero en este local el ajetreo continúa hasta avanzada la noche.

Termina así un día cualquiera en el cerro San Cristóbal. En realidad, termina un día en el Parque Metropolitano de Santiago (PMS), ese que vemos nacer al sur por la ribera de la avenida Perú, en Recoleta, y que dejamos morir hacia el norte tras los cerros Las Canteras y Lo Buitrera, en Huechuraba. Es de noche y el corazón y los pulmones de Santiago reponen energías. Porque como dice su director, Bernardo Küpfer, de los 6 millones de personas que lo estrujan al año, su gran mayoría está por debajo de los 40 años. Y mañana lo harán transpirar de nuevo.

 

 

 

Central Park a la chilena

722 hectáreas de terreno contra las 343 de su colega neoyorquino. 98 años desde que partió su desarrollo contra un siglo y medio de historia. 24 millones de dólares de presupuesto anual contra mil millones de dólares para gastar. Una superficie dominada por los cerros y la altura contra un espacio completamente horizontal. 380 trabajadores a cargo de su operación, contra 10.000 personas de planta. 6 millones de visitas al año –un 10% de ellas, turistas– versus 35 millones de feligreses de los cuales sobre el 40% no es de Nueva York. Y mientras la versión chilena cuenta con dos multitudinarias piscinas públicas para la temporada alta, su contraparte norteamericana tiene lago propio lago. ¡Ah! Pero ambos tienen un zoológico dentro.

Es verdad que las diferencias entre ambos parques pueden ser muchas. Sin embargo, hay una semejanza que es imposible dejar pasar: ambos comparten créditos entre los 10 parques elite del planeta, codeándose, por ejemplo, con el Hyde Park en Londres, el Englisch Garten en Munich y el Ueno Park en Tokio.

Marcando su influencia en las comunas de Santiago Recoleta, Providencia, Vitacura, Las Condes y Huechuraba, el Parque Metropolitano de Santiago, al igual que su par norteamericano, está grabado a fuego en la piel de su gente.

No en vano desde principios del siglo XX se viene “enchulando”. Un funicular traído desde Italia, la estatua de la Virgen donada por Francia, un zoológico y, por cierto, un agresivo plan de forestación con 400 aromos como punta de lanza. Hasta un observatorio astronómico tuvo, el que se cerró cuando al cielo de la ciudad comenzó a sobrarle luz.

Para las nuevas generaciones, incluso, se ideó la forma de que lleven el parque –literalmente– en la mano. Descargando PMS-MINVU en el iPhone no sólo es posible tener horarios, mapas y actividades del día. Si quieres saber cuál es la comida favorita del águila mora o cómo es la vida de Gombe o del chimpancé que llegó el año pasado desde Buenos Aires, sólo se necesita un par de clicks.

 


Ovnis en Santiago

72 huevos voladores amarillos azules y rojos, colorearon el cielo santiaguino por tres décadas. La ilusión infantil de que se trataba de platillos voladores tomando contacto con los terrícolas se terminó en 2009. Un desperfecto en los motores, aunque reparable, hizo pensar que ya era hora de modernizar el teleférico. Pero las cosas se han demorado más de la cuenta. De todas formas, Bernardo Küpfer explica que las bases de licitación ingresarán la próxima semana a Contraloría.

De salir inmaculado el documento, el Serviu Metropolitano –la autoridad responsable–, podría llamar a licitación en febrero. Su estimación es que el nuevo teleférico demandará 9 meses de construcción y una inversión del orden de los 10 millones de dólares. Si todo funciona con la precisión de un reloj suizo, a fines del 2012 o comienzos del 2013 ya estarán volando por Santiago las nuevas cápsulas transparentes.

La idea es que la nueva flota de carros transporte a cerca de 900 personas por hora, permitiéndole a la empresa ganadora que utilice, si quiere, las torres y estaciones existentes. Para los nostálgicos de los huevitos, ya se está ideando la forma de sacarlos de la bodega. Lo más seguro es que se realice alguna intervención artística con ellos.

Para los regalones

78 toboganes en cascada, dispuestos en medio de un bosque de almendros, es la principal atracción del Parque de la Infancia, que se inaugurará en marzo del 2012. Una inversión de 8 millones de dólares que permitió poner en órbita 4 hectáreas de parque dejadas a la mano de Dios. Utilizando la ladera del cerro que desciende hacia la avenida Perú, en Recoleta, decenas de trabajadores se mueven a todo vapor para cumplir con los plazos.

Casitas de madera donde esconderse, caminos y senderos arbolados y una amplia plaza, que más bien parece el lugar donde un grupo de gigantes juega a las bolitas –todo, diseñado por la taquillera oficina Elemental–, serán parte de las nuevas atracciones. Pozos de arena circulares repartidos por doquier, lo mismo que columpios entre los árboles nuevos que se plantan.

Pero lo que sin duda los dejará boquiabiertos será el nuevo funicular. El carrito no sólo llevará a los niños hasta la parte alta del cerro para que puedan lanzarse sin parar por los mini toboganes, sino que también los dejará en el sendero rústico que llega hasta el zoológico.

 

Variedades para el esqueleto

2 horas en total calma y silencio demora el descenso en parapente desde Bosques de Santiago hasta el club Paperchase, en Huechuraba. Se trata del deporte menos conocido del Parque Metropolitano, pero el que más asombro causa entre los que se apuestan en sus miradores durante la tarde. Se contrae el estómago al ver estos multicolores paracaídas cayendo sobre casas y edificios. De hecho, “Flypirámide es uno de los pocos centros de vuelo del mundo que está en plena ciudad”, comenta Macarena Prieto, una de sus gestoras. Entre septiembre y abril, la temporada del parapente, los pilotos y aficionados, mujeres y hombres entre los 17 y los 60 años, llegan directamente con sus autos al sector de despegue. “Todo parte analizando las condiciones y preparándonos para el vuelo. Levantamos el parapente, damos un paso y ya estamos en el aire. A medida que subimos se siente el aire más frío y se ve Santiago en pleno. Rápidamente, tratamos de tomar altura para sobrevolar el cerro Carbón y luego cruzarnos al Manquehue. De vuelta, a eso de las 8, aterrizamos. Todo es tan suave que se logra un relajo total, una alegría de vivir increíble. Una agradece el poder volar…” cuenta Macarena.

Como ellos, los grupos organizados de runners, suelen tener al cerro entre sus lugares clave. Santiago Runners, Face Runners, Vespucio Runners Team… la lista es infinita. Con 16 kilómetros de calles pavimentadas y con la dificultad de tener que subir y bajar los distintos cerros que componen el parque, para esta raza de deportistas se trata de un lugar perfecto para competir y entrenar. De hecho, el pasado 10 de diciembre la corrida nocturna 10K de Nike diseñó el 80% de su circuito dentro del PMS.

El trote y las caminatas, en cambio, se practican de forma más amateur por quienes simplemente quieren hacer ejercicio al aire libre. Pensando en ellos, la entrada de autos se ha ido acortando cada vez más. Los fines de semana están prohibidos.

Siete senderos tienen los cultores del trekking y del excursionismo. Intuirán que hay para todos los gustos. Desde los más cortos y simples, como el Boy Scout y Bajada del Litre –todos rodeados siempre de mucha vegetación– hasta los que demandan un mayor trabajo, como el Sendero del Águila. Con una espectacular vista al lado norte de Santiago, la ruta parte en un peñón conocido como Mirador del Águila y continúa por un cordón rocoso rodeado de bosques de eucaliptus hasta el puente Pirámide: 800 metros de desafío.

Los ciclistas, en particular los amantes del mountain bike, tienen su buen espacio. Los Gemelos es el nombre del sendero de chips de 1.200 metros de largo que, plagado de obstáculos y saltos, les permite desarrollar su disciplina sin interferir con nadie. Y La Bicicleta Verde, empresa especialista en viajes de dos ruedas, cuenta que se conocen todos los caminos single-truck del cerro. Por 25.000 pesos da equipo completo, mote con huesillo en la cumbre y todas las picadas de saltos y caídas.

Si de mover el cuerpo se trata, la cosa no termina aquí. Los sábados y domingos el parque organiza un apretado calendario de actividades matinales. Todo 100% gratis. Yoga, pilates, aeróbica, aerobox y cardiobike son las favoritas.

 

La ilusión del Zoo

200 mil niños pasan en un año frente a la boletería del zoológico con la ilusión de ver en vivo y en directo a sus animales favoritos, lista que encabezan elefantes, jirafas y osos polares entre los exóticos, y en la que juegan de local los flamencos y los pingüinos. A ellos se suman los 10 mil estudiantes que asistieron a todos los talleres especiales sobre cuidado de la naturaleza y biodiversidad.

Con 86 años, el zoológico es uno de los más antiguos de Latinoamérica, teniendo como principal peculiaridad el estar enclavado en un cerro. El 20% de su pequeño público viene de regiones y durante el mes de febrero son ellos quienes mayoritariamente toman palco frente a cada jaula.

Aunque imperceptible para un santiaguino promedio, la renovación de distintas áreas del zoológico es permanentes, como, por ejemplo, toda la nueva señalética instalada para facilitar el recorrido a los niños. La adquisición de nuevos animales también es constante. Hace un año, a sus 1.128 habitantes se sumó una isla sin rejas poblada de suricatas. Además, la chimpancé Judi consiguió nueva pareja. Desde Argentina le trajeron al guapísimo Gombe. Al corazón verde de Santiago llegaron también ñandúes, maras, leones, pudúes y grullas del paraíso. En total, 160 especies distintas para las que hay que estar siempre listos: 230 mil kilos de forraje, 11 mil kilos de fruta y casi 7 mil kilos de pescado son sólo una parte de la compra anual de supermercado que debe hacer la administración para mantener a sus residentes contentos.

Otro trabajo silencioso, pero siempre en avance, es la conservación y estudio de especies en peligro de extinción. Mauricio Fabry, su director, cuenta que el Programa Cóndor Andino ya ha liberado más de 100 aves entre Chile y Argentina. Lo mismo ha ocurrido con los flamencos nacidos en el zoológico, que han vuelto a su entorno natural después de sometérseles a un intenso plan de cuidados y aclimatamiento a la vida silvestre. Y para los animales en peligro de extinción existe un centro de reproducción especializado. Ahí se trabaja con la ranita de Darwin, el loro tricahue, el pingüino de Humboldt y el lagarto gruñidor de Valeria; todas, especies nativas de Chile. Por cierto que estas tareas se realizan en alianzas con otras instituciones del mundo.

Comer, rezar y amar

1.000 metros cuadrados repartidos en dos niveles tendrá el nuevo centro gastronómico, turístico y cultural que el PMS planea levantar por la entrada de Pedro de Valdivia Norte. Aprovechando los cambios que vendrán con la renovada estación del teleférico, la idea, según explica su director, Bernardo Küpfer, es aumentar la oferta de restaurantes en un edificio que tendrá la peculiaridad de contar con techos y terrazas verdes. A fin de potenciarlo, ya se está trabajando con la municipalidad de Providencia y el MOP para mejorar los estacionamientos de todo ese sector.

El Torreón Victoria –junto a la piscina Tupahue y hoy en plena reconstrucción post terremoto–, tiene proyectada una cafetería gourmet y full wi-fi para sus comensales. En el caso del restaurante Casa Real, cuya concesión se termina en los próximos meses, también se avecinan cambios, ya que la dirección espera que el aterrizaje de un nuevo operador traiga nuevos bríos a la zona.

Entre parques y caminos, es posible pasar del goce sibarita a un momento de recogimiento en minutos. Levantado hace 103 años en la parte más alta del cerro San Cristóbal, el santuario de la Inmaculada Concepción es un punto constante de atracción. No sólo por la vista panorámica de Santiago o el imán turístico que genera. También recibe a una gran cantidad de feligreses en la capilla de piedra ahí levantada, así como en su librería.

70 mil personas llegaron el pasado 8 de diciembre a los pies de la Virgen. Para ellos se organizaron 10 misas, a partir de las seis de la mañana.

Y si de buscar un momento romántico se trata, lo que aquí sobra son rincones. El pequeño pero sobrecogedor jardín japonés, con el agua corriendo y los nenúfares flotando sobre el estanque, inspiran a cualquier corto de genio. El mismo efecto se logra recorriendo de la mano el jardín Botánico bajo la sombra de peumos, mañíos y araucarias.

Para otros, la ruta de los siete miradores puede ser la clave para conseguir un sí de cualquier naturaleza. Repartidos por el parque, el plan hoy es darles a todos un carácter único. El primero que se renovará, de la mano del arquitecto Matías Silva, es el mirador Helena. En alianza con la Fundación Mustakis, su sello será la práctica del ajedrez mirando el infinito… claro que este puede no ser el mirador indicado para ir en plan de conquista. O tal vez para sí, para un jaque mate.

La ruta ecológica

$500 millones desembolsó la administración este año para tener las piscinas Tupahue y Antumapu en óptimas condiciones, para cuando los termómetros se disparan sobre los 30º. Y si llegar al cerro San Cristobal se hace complejo, siempre está la opción de recorrer la red de parques urbanos que administra el PMS. 16 parques repartidos por 13 comunas –La Pintana, La Florida, Cerro Navia y Puente Alto, entre ellas– son también parte de este entramado de vidas al aire libre. Para 2013 la red sumará 19 parques urbanos: más de mil hectáreas de verde que administrar. La meta, según señala Küpfer, “es convertirse en la mayor y mejor red de parques urbanos de Latinoamérica”.