La relación entre salmoneras y bancos atraviesa por su momento más complejo. Las firmas de mayor tamaño enfrentan las presiones para elevar su oferta de garantías, aun a costa de sacrificios personales por parte de sus controladores. Un asunto de tira y afloja que no parece pronto a concluir.

  • 9 junio, 2009

 

La relación entre salmoneras y bancos atraviesa por su momento más complejo. Las firmas de mayor tamaño enfrentan las presiones para elevar su oferta de garantías, aun a costa de sacrificios personales por parte de sus controladores. Un asunto de tira y afloja que no parece pronto a concluir. Por Paula Vargas.

Turbulentas siguen las aguas en el sector salmonero. La dura negociación con los bancos ha dejado a algunos casi sin aliento y, por lo pronto, sus protagonistas advierten que el gallito está lejos de terminar, al menos para las firmas más grandes. Algo de eso ya se advirtió hace pocos días, cuando el banco Bice decidió no renovar un crédito a Invernar, la salmonera de la familia Montanari, en una clara señal de que aquí las condiciones las impone la banca y no las salmoneras.

Detrás de los fallidos intentos por cerrar los nuevos tratos hay una historia de desencuentros y complicaciones que van desde la idea de negociar en bloque, hasta la petición de garantías personales a los propietarios de las salmoneras de mayor patrimonio. Pero vamos por partes. En el primer punto, hay voces en la banca que advierten que la dilatación de estas tratativas parte con la idea de negociar en conjunto. “Al final del día sabíamos que eso nunca iba a ser así, y por supuesto que terminamos negociando acreedor por acreedor. Los bancos podríamos ponernos de acuerdo en los términos generales de los contratos, pero los comités de crédito actúan con absoluta independencia”, admite un alto ejecutivo de un banco de la plaza.

Eso explica por qué a la fecha sólo cuatro salmoneras han logrado renegociar sus pasivos: Cultivos Marinos Chiloé, Trusal, Yadrán y Camanchaca, mientras por estos días estarían próximas a cerrar algunas de menor tamaño, como es el caso de Friosur, vinculada a la familia Del Río. De las grandes, ni hablar. Ahí la tensión es evidente y no podía ser de otra forma, considerando que concentran el grueso de los más de 1.600 millones de dólares que adeuda la industria a los bancos locales.

Claramente, para ellas las condiciones serían distintas. Los montos implicados auguraban una negociación más dura. Bien lo saben en Aqua Chile, Invermar y Multiexport (que concentran más del 40% de la deuda del sector), con quienes han analizado todo tipo de posibilidades, siendo la más polémica la entrega de acciones en garantía para asegurar el pago de la deuda… y en eso se lo han llevado gran parte de este tiempo.

Tiempo en el que también los bancos involucrados (Chile, BCI, BBVA, Bice, Santander y Corpbanca) han esperado las modificaciones a la Ley de Pesca, las que a su juicio también han sido largamente dilatadas.“Ese ha sido otro de los factores que ha demorado el cierre de las negociaciones. Para nosotros es clave contar con una nueva normativa no sólo que regule los barrios y que cumplan con ciertas normas sanitarias, sino que además se concrete la opción de que las concesiones acuícolas sean declaradas como bienes transables, para que sirvan de garantías para la reprogramación”, coinciden fuentes vinculadas a las negociaciones. Un cambio tan relevante que la propia Claro & Compañía, la firma de asesoría contratada por la industria bancaria, ha trabajado directamente el asunto con la subsecretaría de Pesca.


No será el fin

En todo caso, el hecho de que se llegue a acuerdo entre bancos y empresas no significa que las partes tengan que volver a sentarse a negociar en el futuro. Lo anterior, por al menos dos razones: 1) porque dicen que algunos de los compromisos suscritos son muy difíciles de alcanzar por la industria, al menos en el corto plazo y 2) porque retomar el ritmo de producción de antaño será complejo y eso explica que buena parte de los procesos de renegociación que se desarrollan esté considerando dos o tres años de gracia.

El panorama sombrío alcanza, por extensión, a toda esa industria proveedora que había concretado inversiones relevantes
para acompañar el veloz ritmo de crecimiento que mostraba el negocio salmonero. Como consecuencia, no es raro escuchar por estos días rumores de cierre de plantas productoras de alimento para salmones o de otras que se han reenfocado a otros animales, incluyendo los domésticos.

Y si había alguna esperanza de que las salmoneras se sustentaran en otros productos para compensar algo de las pérdidas por la caída en la producción de la variedad atlántico, lo cierto es que por estos días esas opciones también parecen complicadas. Porque cuentan que ahora el virus ISA se habría extendido a las truchas, una especie que todavía estaba invicta en esta larga secuela de eventos desafortunados.