Recorro Nueva Costanera al menos dos veces por mes. De preferencia, los sábados por la mañana. Sin embargo, no lo hago para reservar mesa en alguno de sus restaurantes. En realidad, paso por esta arteria en auto y mi recorrido es completo: desde su inicio en Avenida Vitacura hasta llegar a la ribera del Río […]

  • 22 marzo, 2013
Nueva Costanera. Ignacio Schiefelbain

Nueva Costanera. Ignacio Schiefelbain

Recorro Nueva Costanera al menos dos veces por mes. De preferencia, los sábados por la mañana. Sin embargo, no lo hago para reservar mesa en alguno de sus restaurantes. En realidad, paso por esta arteria en auto y mi recorrido es completo: desde su inicio en Avenida Vitacura hasta llegar a la ribera del Río Mapocho. ¿Qué me lleva por estos lados? El Punto Limpio de Vitacura. Es que entre tantas botellas, latas de cerveza y otros desechos que uno junta, no queda otra que hacerse el tiempo y tomar el auto para que así nuestros desechos sean reciclados y no se vayan directo a algún vertedero. Es cierto, esto también se puede hacer en supermercados y otros puntos de reciclaje de la ciudad, pero la ventaja del Punto Limpio de Vitacura es que –salvo neumáticos– uno puede llevar prácticamente cualquier cosa para que sea reciclada.

Si hablamos de Nueva Costanera no podemos dejar de nombrar al OX, sin duda la mejor parrilla de esta avenida y –probablemente– una de las tres o cuatro mejores del país. Aunque recién comenzó a funcionar a mediados de la década pasada, el OX rápidamente –y a punta de pura calidad en su oferta– se ha transformado en un clásico de la ciudad. ¿Qué platos no se pueden dejar de probar? Todos son buenos, pero hay dos que no se puede dejar de recomendar: su asado de tira premium y el filete con hueso. Sí, con hueso, lo que le agrega un plus a ser cocinado en la parrilla que ni les cuento. Y siempre traen la carne en el punto de cocción que se pidió, algo difícil de encontrar en Santiago.

¿Algo más? Su amplísima carta de vinos.

Y si a uno le gusta comer, es altamente probable que también le guste cocinar. Si es así, vale la pena visitar el local de Kitchenaid, justo al lado del OX. Ahí es posible encontrar una gran variedad de cocinas, refrigeradores, ollas, fuentes y un largo etcétera de artículos gastronómicos de primerísima calidad. Todo tan bien instalado y mostrado, que da gusto vitrinear.

Pero como no sólo se vive de la comida, no está de más darse una vuelta también por algunas de las galerías de arte de esta zona. Por ejemplo, las vecinas Jorge Carroza –especializada en pinturas y adornos del siglo XIX– y A.M.S. Marlborough, que se caracteriza por tener una oferta mucho más moderna. Como dice una buena amiga, “a falta de más museos en la zona oriente de Santiago, buenas son las galerías de arte”. Y claro, si está en una calle como Nueva Costanera en la que la visita a la galería puede complementarse con una buena comida, el panorama no puede ser mejor.
Volviendo al sector productivo que le da fama a esta calle, los restaurantes, hay dos que brillan: Osadía y Da Carla. El primero, con un pasado en Tobalaba, hoy es tal vez uno de los más tradicionales e identificados con esta arteria, cada día más asociada a lo gastronómico. Y el segundo es el clásico Da Carla, que ahora que ha cerrado definitivamente su casa matriz de Mac Iver –tras más de 50 años–, se erige aquí como uno de los restaurantes italianos más clásicos y con historia (aunque venga con herencia desde el centro) de Santiago.

Pero en esta calle también hay espacio para propuestas mucho más osadas. Es el caso de Sukalde y Boragó, dos lugares en los que sus jóvenes chefs reciben a sus comensales con una comida de autor muy personal, única, pero que ha sabido conquistar a fieles clientes. En el primero está Matías Palomo, quien tras partir con Sukalde en Avenida Bilbao se afincó en Nueva Costanera con gran éxito. Y su vecino de Boragó es Rodolfo Guzmán, quien con su “cocina endémica” lleva un buen rato dando qué hablar tanto en Chile como el extranjero.

¿Dirán ustedes que a Nueva Costanera sólo le falta un hotel? Ahí está el NOI. Llegó a este barrio en 2011 y fue algo así como el complemento perfecto de los restaurantes y galerías de arte de esta calle, a lo que se pueden agregar también las tiendas de lujo de la vecina Alonso de Córdova. Además, a sus dos elegantes restaurantes (Piegari y NOI) se suman el sobrio Portofino Book Lounge y el más ondero Tramonto Bar & Terrace, que ubicado estratégicamente en la azotea del edificio, tiene una espectacular vista de Vitacura y la zona oriente de Santiago. Al atardecer y con un trago en la mano, este lugar puede llegar a rozar la perfección.

Pero más allá del lujo y la elegancia que entregan los restaurantes, galerías de arte y el hotel, lo que más agrado produce en esta calle es la armonía que transmite el sector. Es decir, a pesar de las transformaciones que viene experimentando durante los últimos diez años, siguen manteniendo una escala humana y caminable que le entrega cierto espíritu de barrio y amabilidad urbana. Ejemplo de esta armonía es lo que podemos ver en la Plaza Raúl Devés, más conocida como Plaza del Hoyo, la que por sus características topográficas es muy segura para llevar niños. Y si a ésta le sumamos la más de media docena de locales comerciales emplazados en la esquina de Nueva Costanera con Vitacura, podemos decir con satisfacción que nos encontramos ante un sector consolidado de Santiago, capaz de satisfacer las necesidades de grupos tan distintos como lo son la tercera edad, parejas jóvenes con niños, amantes de la alta gastronomía y turistas. Y lo mejor de todo, siempre en grata armonía. Por todo esto, bien vale la pena recorrer de tanto en tanto Nueva Costanera. •••