Recordamos la entrevista realizada en Capital en enero de este año a David Rieff, autor de El Elogio del Olvido. “Trump es una combinación infernal entre Calígula y Shrek” Aguafiestas o Señor Pesimismo son algunos de los nombres que se ha ganado el periodista y escritor estadounidense David Rieff (65 años) por las provocadoras posturas […]

  • 13 agosto, 2018

Recordamos la entrevista realizada en Capital en enero de este año a David Rieff, autor de El Elogio del Olvido.

“Trump es una combinación infernal entre Calígula y Shrek”

Aguafiestas o Señor Pesimismo son algunos de los nombres que se ha ganado el periodista y escritor estadounidense David Rieff (65 años) por las provocadoras posturas que desarrolla en sus ensayos “Oprobio del Hambre” (2015) y el “Elogio del Olvido” (2016).  Además de ser analista político, académico y de publicar artículos en medios como The New York Times y The Washington Post, Rieff conoce de cerca el conflicto: fue reportero de guerra y ha escrito en extenso sobre crisis humanitarias y regímenes fallidos. Es también el único hijo de la célebre pensadora Susan Sontag y el encargado de editar sus diarios y ensayos póstumos.

En el “Oprobio del Hambre” (2015) Rieff realiza un exhaustivo análisis para sostener que estamos lejos de resolver el problema del hambre y la pobreza en el mundo. El autor plantea que los estragos del cambio climático y sus desastres naturales, sumados a la sobrepoblación y los vicios del “filantrocapitalismo”, no van a mejorar el acceso a los alimentos en ciertas zonas del planeta. De eso precisamente estará hablando en esta edición del Congreso del Futuro como parte del panel “Comernos el Planeta”.

Luego vino el “Elogio del Olvido” (2016), una especie de reedición de su ensayo “Contra la Memoria” (2012), donde relativiza la importancia de la memoria histórica, se resiste a creer que los pueblos tengan un “alma colectiva” y asegura que en muchos casos la verdad y la justicia son un costo a pagar en pos de la paz, llegando incluso a cuestionar el empeño de organizaciones de derechos humanos por urgar en la memoria. Rieff no contradice del todo la famosa frase de George Santayana: «Aquellos que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo», pero acota que la memoria no es garantía de aprendizaje.

Tanto en el Elogio del Olvido como en el Oprobio del Hambre desconfías de la utilidad de las buenas intenciones, ¿crees que el buenismo termina siendo contraproducente?

Creo que las buenas intenciones son solo buenas intenciones, nada más y nada menos. El “angelismo” o tener buenas intenciones no es necesariamente tener soluciones. Hay una frase de la Biblia que dice “el camino hacia el infierno está lleno de buenas intenciones”. Para mí hay una confusión entre las buenas intenciones y la calidad de una buena política, y lo que a mí me interesa son los resultados. No tengo por qué admirar a un político o a un economista moralmente, sino admirar su acción.

Yendo al Elogio del Olvido, ¿cómo te explicas la insistencia del hombre y de las sociedades por recordar?

Me parece normal, porque recordar es una manera de tratar de entender el pasado. Yo hice un elogio al olvido pero en situaciones específicas y en contextos puntuales en los cuales la memoria solo sirve para la continuación de la violencia. Yo únicamente digo que hay momentos en que es mejor olvidar. Me refiero a la memoria colectiva y esa no es memoria en el sentido técnico, porque solo se puede recordar el propio pasado. En los Estados Unidos hay un debate sobre la memoria de la Guerra Civil, pero hablar de recuerdos en ese contexto es una metáfora porque no son recuerdos propios en términos neurológicos. Cuando entramos en el mundo de las metáforas tenemos la posibilidad de elegir entre la memoria colectiva o la salud de una sociedad. Hay situaciones en las que efectivamente es mejor recordar, pero en otras no. En ese sentido creo que el olvido tiene un papel importante. La memoria histórica es cómo miramos el pasado desdeel presente, se trata de una decisión. Y la conmemoración es una selección de recuerdos, no es la memoria de todos, eso sería imposible.

Y la memoria, tanto la propia como la colectiva, puede ser engañosa.

Seguro, hay memorias engañosas también. No quiero negar la utilidad de la memoria colectiva en contextos específicos, lo que yo quisiera es desacralizar la conmemoración.  Aterrizar cada caso de una manera más realista o más empírica.

En el Oprobio del Hambre eres muy duro con la labor que realizan algunas organizaciones altruistas, ¿consideras realmente que no tienen ningún rol que cumplir en la solución de problemas como la pobreza?

Hay muchos ejemplos de un altruismo sin resultados, más allá de las buenas intenciones. Querer que los pobres en el futuro sean menos pobres no soluciona la pobreza.  En el libro hablo de la fundación Gates porque para mí las soluciones ofrecidas por ellos no han sido las mejores. No tengo duda alguna sobre sus buenas intenciones, pero no me interesan los “angelismos”. En ese sentido tengo un punto de vista empírico y una visión muy escéptica hacia muchas de estas grandes soluciones que de alguna manera reflejan el narcisismo del activismo. No estoy en contra de la existencia de organismos internacionales como la ONU o de filántropos como la fundación Gates o Soros, pero creo que finalmente el éxito, o la derrota, para enfrentar el hambre o la pobreza dependen de las acciones de los Estados. Por ejemplo, si hablamos del hambre; en Brasil la hambruna se combatió con mucho éxito durante el mandato de Fernando Cardoso, cuyas políticas siguieron luego Lula da Silva y Dilma Roussef.  En Chile, en la época de Ricardo Lagos se logró disminuir la pobreza más dura, más extrema, pero el mismo Lagos me explicaba en una ocasión lo distinto que es combatir la pobreza relativa. Se requieren otras políticas y eso entiendo que en Chile aun no lo logran con eficacia.

¿Te reconoces pesimista o crees que eres realista?

Soy pesimista, veo el mundo desde la sospecha. Yo traté, en ambos libros, de describir el mundo en su realidad y también en su tristeza. Toda mi obra como escritor es anti utopía, ese es mi hilo conductor y me interesa más que el pesimismo o el realismo. Por ejemplo en el “Oprobio del Hambre” traté de escribir un libro contra las grandes utopías de esta época de “filantrocapitalismo”. O del otro lado, el romanticismo de grupos radicales, como es el caso de la activista hindú Vandana Shiva o ciertos movimientos radicales en América Latina, a los cuales puedo incluso tenerles simpatía, pero no veo cómo traducir sus buenas intenciones en actos eficaces. Para mí finalmente lo importante son los resultados y creo que en ese sentido lo más determinante son las decisiones de Estado.

Pero los Estados los administran los gobiernos, con sus respectivas políticas públicas.

Claro y si hablamos de Chile, ¿qué hacer en este momento neoliberal que seguramente vendrá con la victoria de Piñera? Tengo muchas dudas sobre el sector privado y los empresarios, entonces la solución radical podría ser decir “revolución”, pero tampoco veo una respuesta coherente desde la izquierda. Creo que satanizar a tus adversarios no sirve de mucho, solo es entretenido para las campañas electorales. Como decía Mario Cuomo, que fue gobernador de Nueva York en los 80s, tienes que hacer campañas en poesía pero tienes que gobernar en prosa.

En el libro señalas que algún día el capitalismo caerá, ¿te figuras qué sistema podría reemplazarlo?

En mil años, si hay humanidad, ésta vivirá en otro mundo económico o al menos en otro mundo moral. Pero por el momento vamos a seguir en un mundo dominado por el capitalismo. El comunismo clásico fracasó, hay movimientos sociales importantes pero que no han logrado formular una propuesta alternativa coherente. En ese sentido el debate está muy pobre. Por ejemplo en Chile, la diferencia entre Sebastián Piñera y Alejandro Guillier no es enorme si la comparamos con las distintas posturas políticas en el periodo de la UP. En este momento hablamos de varios partidos capitalistas con posiciones diferentes pero tampoco tan diferentes.

En el último libro de Javier Marías, un personaje plantea que la paz mundial es solo aparente, que lo natural es el estado de guerra, ya sea latente, indirecta o aplazada ¿Estás de acuerdo con esa aseveración??

Sí, históricamente ha sido así. Hay intelectuales que piensan que hemos entrado en una época histórica en la cual vamos a vivir en un mundo sin guerras. Yo comparto más la posición de Marías, con el cual tengo mucha simpatía como escritor y pensador, creo que seguiremos en un mundo de guerras o al menos en un mundo de conflictos.

Al cumplirse un año de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos, en tu parecer, ¿es el mundo un lugar peor?

Trump para mí es una combinación infernal entre Calígula y Shrek.  Creo que el mundo es más peligroso con Trump en el poder.  Es peor para los inmigrantes en los Estados Unidos, por ejemplo. El único consuelo es que Trump no pareciera ser una persona muy eficaz, entonces no ha logrado cumplir muchas de sus promesas, como construir el muro en la frontera con México, por ejemplo.

A propósito del libro Furia y Fuego de Michael Wolff, ¿dudas también de su salud mental?

Hay que cuidarse de esos juicios porque Wolff no es un periodista muy fiable. Tengo mis dudas sobre este libro, y eso que hablo como un opositor a Trump. Michael Wolff es una persona muy dudosa como periodista y hay críticas muy duras contra él, no solamente del lado de Trump. No sé distinguir entre la verdad y las distorsiones en su libro.

“Fake news” diría Trump.

Sí jaja, sospecho que en este caso Trump tendría razón, lo cual es raro, pero ocurre de vez en cuando.