Ricardo Solari responde a las críticas que tuvo su paso por TVN y plantea los desafíos que debe asumir la centroizquierda tras su derrota. Y reconoce que no participar en las comisiones de Piñera puede ser visto como un acto de mala fe.

  • 13 abril, 2018
Fotos: Verónica Ortíz

El cargo de presidente del directorio de TVN no requiere renuncia ni despido; simplemente expira 30 días después del cambio de mando. Es decir, el pasado 10 de abril, Ricardo Solari (PS) dejó efectivamente el puesto que ejerció los últimos cuatro años. Al cierre de esta edición se acababa de confirmar el nombre de Francisco Orrego como su sucesor, pero seguían vacantes tres puestos del directorio desde la renuncia de María José Gómez, Lucas Palacios y Jorge Atton.

Está pendiente además el nombramiento de un director de prensa. Sentado en el restaurante Divertimento Chileno a los pies del San Cristóbal, antes de un viaje laboral a México en el contexto de las próximas elecciones en ese país, el ex ministro del Trabajo del gobierno de Lagos apunta a que una de las principales decisiones que deberá tomar Sebastián Piñera respecto de TVN es si mantiene o no a Jaime de Aguirre como director ejecutivo de la estación. “Hay que recordar que el presidente de la República fue dueño de un canal de televisión y por tanto sabe de esto”, apunta Solari. De los candidatos que suenan para integrarse al directorio, afirma que le hacen sentido los nombres de Jorge Saint Jean y Gonzalo Cordero.

-¿Cree que a este segundo gobierno de Piñera le va a interesar TVN, en el sentido de darle algún giro?

-Tienen que aplicar una ley que acaba de ser promulgada. También la puesta en marcha de la digitalización y la apertura de una señal cultural. Todo lo que pasa en torno a TVN tiene mucha repercusión pública.

-¿Jaime de Aguirre sigue dispuesto a quedarse en TVN?

-Tengo la sensación de que sí. Jaime siente que está a cargo de un proyecto en desarrollo, que toma un impulso adicional con la capitalización (de 47 millones de dólares por parte del Estado, aprobados en el Congreso).

-¿Piñera está en deuda con él? De Aguirre estuvo imputado en el caso SQM por la emisión de boletas a la minera no metálica, a pedido de Bancard.

-Puede ser también, pero eso ya juega en el terreno de las relaciones personales, que no sé si en este caso sean tan relevantes para el presidente.

-¿Con qué sensación se va?

-Mixta. Porque por una parte la capitalización nos otorga dinero para hacer transformaciones estructurales, de infraestructura y cosas tales como abrir una nueva señal y movernos firmemente en la dirección de ser una multiplataforma. Y por otro lado descontento, porque los resultados en materia de audiencia han sido inferiores a lo que esperaba.

-Cuando la presidenta le encomendó asumir el cargo, ¿esperaba que sería más fácil?

-Pensé dos cosas. Primero, que íbamos a poder tener el proyecto de ley antes en el Congreso para poder tramitarlo. Ojalá la presidenta Bachelet hubiese puesto en marcha la señal educativa y cultural. Lo segundo, pensé que iba a poder trabajar antes con Jaime de Aguirre, que es una persona que sabe de televisión. Yo tampoco era un ignorante, había estudiado muchos años temas de medios porque a eso me dediqué trabajando en campañas electorales en Chile desde 1988.

-¿Tuvo contacto con gente del nuevo gobierno antes de su salida?

-Avisé hace bastante tiempo que por motivos profesionales tengo que viajar fuera de Chile. Lo informé en el directorio… No tengo contraparte en el gobierno, pero he hecho saber esta preocupación por escrito.

-¿Cómo funcionaron este tiempo con apenas la mitad del directorio?

-La ley se pone en todos los casos y ha funcionado de modo razonable. Como, por ejemplo, competir y ganar el Festival de Viña en conjunto con canal 13. Pero para nombrar un nuevo director de prensa necesitas volver a tener un directorio completo, de lo contrario, habría parcialidad.

-Respecto de la audiencia, ¿por qué no se logró más?

-El canal se había organizado en torno a la estructura del área dramática que proveía tres teleseries por semestre, que permitían tener un liderazgo en los horarios fundamentales desde el punto de vista del financiamiento. Era el área dramática que lideraba María Eugenia Rencoret. Ella y parte de su gente se fueron a un canal de la competencia (Mega), generando un vacío muy grande. Hubo que improvisar un equipo y eso es tremendamente difícil de materializar.

-¿No se supo calcular el costo de perder a Rencoret?

-Absolutamente. Es cosa de ver quién lidera el rating. No quiero eludir mi responsabilidad, que tiene que ver con otras áreas, pero el único canal que tiene utilidades en Chile, aunque sean pequeñas, es Mega, y es porque tiene tres teleseries al día y con el mismo equipo que antes estaba en TVN. No hay que ser demasiado perspicaz.

-¿Fueron lentos al momento de reaccionar?

-Esta es una realidad con la que yo me encontré. Las condiciones con la cuales durante casi 10 años el canal había organizado su programación y sus ingresos, no iban a continuar y nos costó mucho conseguir la musculatura creativa para reemplazar aquello. Se ha hecho un esfuerzo en el canal, pero varias apuestas no han sido exitosas.

-Por otro lado están enfrentados a un cambio en el consumo de TV.

-En eso fuimos lentos, no solo nosotros, sino la industria en general. Esa transformación me parece súper interesante. En el caso de los medios digitales es conceptualmente fácil de describir, pero es difícil de financiar. Requiere de una estrategia de fidelización, audaz y profunda, que te permita generar ingresos de estructura ligera y con costos livianos para poder sobrevivir y proyectarse en el tiempo. Eso no es trivial porque exige gente muy brillante, muy creativa y que conozca bien esta materia. Es contra el viento.

-En 2017, TVN registró una pérdida de $8.980 millones de pesos, cifra que implica un recorte de 39% respecto al saldo negativo de 2016. ¿Cómo se logró?

-Con aumento de ingresos y reducción de costos. Estamos ahora en un 50% de los costos que teníamos cuando yo asumí la presidencia de la compañía. Pero se han caído también los ingresos de modo muy relevante. Parte de esa caída es circunstancial y está asociada a malos productos y malas programaciones. Pero también a fenómenos estructurales con relación a la distribución de la torta publicitaria en distintos medios.

-¿El actual modelo de negocios en la televisión ya no funciona?

-Efectivamente.

-¿Qué viene?

-La multiplataforma se transforma en un asunto esencial. Por ejemplo, nosotros tenemos un canal de noticias, 24 Horas, que es muy exitoso en audiencia y en ingresos.

-¿Cuál fue su mayor dificultad?

-No haber podido contar, al inicio de mi presidencia, con quienes están actualmente en la conducción del canal: Jaime de Aguirre y Alicia Zaldívar. Eso porque en su minuto no conseguí los votos en el directorio.

-¿El directorio fue su talón de Aquiles?

-Fue un problema, pero es parte de la gobernanza de un medio público que busca la diversidad.

-¿Le hace sentido la actual estructura que tiene el directorio?

-La mantendría tal cual. Llegué a esta conclusión después de darles muchas vueltas a otros modelos y conocer muchas alternativas. Todos los modelos introducen la variable política, y una dimensión de equilibrio, si es que no quieres tener una televisión de gobierno. TVN es un caso de televisión pública, que se financia exclusivamente con publicidad, único en el mundo.

-¿Y la capitalización que acaban de obtener?

-Hasta el momento ha llegado cero peso y llevamos 25 años sin recibir un centavo del Estado.

-¿Por qué es importante tener un canal público? ¿Qué les respondería a quienes dicen que no es necesario y menos si pierde dinero?

-Esa es la pregunta importante. Creo que el desafío cotidiano de TVN es justificarse y diferenciarse para responder adecuadamente esa interrogante. Conceptualmente, la respuesta es fácil: “Señores, hay dos grandes grupos económicos que tienen la propiedad de medios de televisión y el otro es una transnacional norteamericana”. Entonces, tenemos una capacidad de hacer televisión sobre la base de que lo público quede representado. Pero esa frase se tiene que notar en el mensaje que entregamos.

-¿Cómo se traduce y se transmite eso en la pantalla?

-A través de todo, de que seamos los más pluralistas y los que más representamos la diversidad. Que seamos los más intransigentes en cuestionar al poder cuando sea necesario, para darles voz a todos.

-En ese sentido, ¿cómo se explica que Canal 13 les haya ganado la exhibición de Una mujer fantástica?

-Te voy a dar una respuesta desde la admiración que siento por el trabajo de Sebastián Lelio: creo que había una relación distinta toda vez que Martín Cárcamo era uno de los productores de la película. Eso posiblemente haya hecho que ellos tuvieran una relación más cercana. Nosotros nos ganamos el Oscar emitiendo la película Historia de un Oso.

-¿La capitalización le da vida a TVN por cuánto tiempo?

-Es que no depende de esos dineros; el canal tiene que seguir ajustando sus costos y ser capaz de ganar ingresos publicitarios. La capitalización es para tres cosas: invertir en tecnología, modernizar la compañía y para la señal cultural. No para taponear hoyos, como se ha dicho. Esas son fake news. La muerte de TVN por asfixia se viene anunciando por los medios hace mucho rato, y no ha ocurrido.

-Sin embargo, se instaló la idea de que la capitalización sirvió para ocultar los errores de la administración.

-Nos pudimos haber conducido mejor comunicacionalmente, sin duda. Pero no es tan fácil si la mitad del directorio renuncia.

-¿Siente su reputación en juego?

-La vida de quienes nos dedicamos a temas públicos es una disputa permanente por una cierta reputación que tiene que ver con una evaluación de desempeño. Eso lo hace la audiencia, la gente, los periodistas. Es la lógica democrática y uno lo tiene que entender así. Hay que aceptar, como algo de la causa, ser cuestionado o criticado.

-¿No le duele el ego?

-No particularmente. Tengo resiliencia, no soy de aquellos que considera que cuando un periodista hace un juicio critico sobre uno, se trata de una conspiración. Es parte de la realidad en la cual vivimos.

Cómo ser oposición

-¿Qué piensa del actual momento del Partido Socialista?

-Hay un proceso de renovación de dirigentes que debe ir acompañado con una profundización de la reflexión sobre nuestros paradigmas. Tenemos que hacer lecturas muy sofisticadas de lo que está pasando en Chile y analizar el porqué de la magnitud de la derrota que sufrimos. Eso no admite respuestas rápidas ni consignas apresuradas. Tenemos que observar al tipo de ciudadanos con los cuales nos entendemos; gente que demanda cosas, pero siente que los logros de su vida son el resultado de su mérito personal. Hay que mirar esta sociedad y ser capaz de tener una propuesta que sea atractiva.

-¿Existe el ánimo y la capacidad de hacer esa reflexión?

-Creo que el PS está obligado a hacerla. Es la fuerza política más importante de la oposición por lejos. Lo digo sin ningún afán chovinista. Habría sido bueno que esto fuera más compartido, pero tenemos esa obligación y ese deber. Tenemos una competencia a nuestra izquierda que es el Frente Amplio, que está muy dinámica, creativa y que demuestra tener gente con mucho talento político.

-¿El PS y la ex Nueva Mayoría tienen que diferenciarse del Frente Amplio en su manera de ser oposición?

-A ver, varias cosas. Primero, cuando todo el mundo pensaba que habíamos sido derrotados, ocurrió que nos pusimos de acuerdo para encabezar la Cámara de Diputados y el Senado. Yo les dije a algunos que consideraba que si podíamos hacer eso, poner de acuerdo desde trotskistas hasta neoconservadores, se demostraba que hay un talento. En segundo lugar, tenemos que actuar respecto de datos electorales que son negativos para nosotros; y en tercer lugar, mirar cuál es la agenda que va a poner sobre la mesa el presidente Piñera. Eso va a definir mucho el rayado completo de cancha. Ahora estamos entrampados en esta discusión de las comisiones, creo que es un hecho infortunado, pero tiene que ver con que nos toca presidir las dos Cámaras y eso de alguna manera implica defender los espacios institucionales.

-¿Esa es la razón para restarse de la Comisión de Infancia?

-Esa es una. Es un punto forzado en el cual estamos, porque, por definición, no es bueno restarse al diálogo con el Ejecutivo y menos cuando el gobierno está partiendo.

-Pareciera un acto de mala fe.

-Estoy de acuerdo. También uno supone que al otro lado hay una suerte de afán de prolongar la luna de miel, que tiene efectos políticos y comunicacionales. No necesariamente te induce a tener un comportamiento reactivo. El camino es largo, hay que reconstruir un imaginario para hacer que los chilenos confíen en la centroizquierda y también que existan líderes capaces de encarnar esta nueva etapa.

-¿Este gobierno de Piñera va a ser difícil?

-Gobernar en el mundo está resultando muy complicado, no es fácil para nadie. El día a día no es simple, la relación con la oposición es compleja y con los medios de comunicación también. Los ciudadanos tienen más instrumentos para disputar y cuestionar el poder. No creo que haya nadie en el gobierno de Piñera que considere que esto va a ser sencillo de hacer.

-¿Cambió la actitud respecto del primer gobierno? ¿Nota mayor humildad?

-Hay un poco menos de soberbia. Y una relación mucho más estrecha con los partidos. Pero la promesa de crecimiento económico no atiende todo lo que son las preocupaciones de los ciudadanos. Cuando dan las cifras de 200 mil nuevos autos en el mercado en un trimestre y la gente lo interpreta como “qué bien está el país”, no están considerando el endeudamiento. Es una aspiración válida tener auto, pero también es la contraparte de tener un sistema de transporte público de mierda.

-¿Cuáles son los temas país que requieren más atención?

-Según los últimos estudios de opinión, los que más requieren ser atendidos son seguridad ciudadana, pensiones, salud y migración. Pienso dedicarme un tiempo a mirar estados de opinión pública de hace 10 años atrás y de ahora, espero que nadie me robe la idea. La migración como tema hace una década no existía. Si preguntabas los 50 temas más importantes, no aparecía. Lo otro es la corrupción, no era un problema a nivel país.

-¿Ahora sí?

-Sí, y no pasó cuando se supo que unos políticos tenían unas boletas; eso de alguna manera la gente lo había naturalizado. Pasó con lo de Carabineros. Cuando los encargados de aplicar la ley están metidos en tramas de corrupción interminables, la percepción promedio de la población es que este es un país corrupto.

-¿Tiene fe de que su sector logrará tener un candidato con opciones, de aquí a las próximas elecciones?

-El desafío principal es no reducir nuestro espacio electoral. El mayor mérito de la derecha en los últimos doce meses ha sido agrandar su espacio electoral. Nosotros hemos hecho el camino al revés. Los límites de la derecha hoy día van desde promotores de la identidad de género hasta José Antonio Kast. En nuestro caso, hemos ido achicando ese espacio.

-¿Porque les comió una tajada el Frente Amplio?

-No, yo creo que la tajada que más nos duele electoralmente fue por el centro, no por la izquierda. No tiene que ver con la DC, sino con electores que están en la dinámica del emprendimiento, del crecimiento personal, de su autonomía. Son personas que no buscan bonos del Estado, pero que requieren de canchas parejas.

-¿Es partidario de repensar la centroizquierda apostando hacia el centro?

-No. (Se queda en silencio un rato). Con un énfasis muy fuerte en los chilenos de hoy, que son gente que no está polarizada pero tampoco está en crisis con el capitalismo, que entienden que lo meritocrático debe primar por sobre lo aristocrático. Nosotros no somos paternalistas, somos más bien socios de una sociedad con gente más escolarizada e hiperconectada.

-¿Lo dice como diferenciación de la derecha?

-Hay una parte de la derecha que es más paternalista y hay otra que es más conservadora. Pero también hay una parte de la derecha que está en este mismo discurso; entonces, tenemos una disputa de contenido y simbólico no menor.

-¿Parte de vacaciones?

-Tengo un viaje a México, pero voy a trabajar. Hay unas elecciones pronto allá y en ese contexto fui invitado. No daré más detalles (ríe).

-¿Piensa bajar el ritmo?

-No, jamás, eso sería la muerte en vida.