El ex ministro argentino Ricardo López Murphy pensaba que el temor ante un eventual regreso de Cristina beneficiaría al gobierno de Macri en las elecciones. Pero, como la gran parte del país trasandino, se equivocó. “Hubo añoranza de los años de precios muy altos de nuestros commodities, entonces mucha gente cree que si vuelven ‘los otros’, van a volver esos tiempos. Pero ese pasado no está disponible”, señala. Y agrega: “Vamos a vivir meses muy traumáticos”.
Foto: Verónica Ortíz

  • 19 agosto, 2019

El domingo fue un día de sorpresa, y el lunes de mucha angustia. Cuando se derrumban los precios de las empresas, la gente se da cuenta de que hay una crisis enorme por delante. El sector más productivo de la sociedad está aterrado”. Al otro lado del teléfono, el ex ministro de Economía, Defensa, Infraestructura y Vivienda y ex candidato presidencial argentino, Ricardo López Murphy, suena preocupado.

-¿Qué pasó? Nadie esperaba que el peronismo aventajara en 15 puntos a Mauricio Macri en las primarias…

-Yo sospechaba que las encuestas no podían captar el problema y la verdad es que erraron medio a medio. Sin embargo, yo era pesimista, pero no a este extremo. Esperaba una diferencia de 5 o 6 puntos. Lo que se produjo es un colapso.

-¿Cómo se explica la alta votación del peronismo?

-Supongo que mucha gente ha sufrido fuertemente la mala performance económica de estos años. Hubo añoranza de los años de precios muy altos de nuestros commodities, entonces ellos creen que si vuelven “los otros” van a volver esos tiempos.

-Finalmente la mitad de Argentina siente que estaba mejor con Cristina, pese a la corrupción…

-Es que cuando la soja estaba a 700 dólares muchas personas vivían mejor que ahora, tenían más recursos. Tienen la expectativa de ir al pasado, aun cuando ese pasado no está disponible. Con lo cual va a haber un choque con la realidad que es complicado.

-¿Qué va a pasar entonces cuando lleguen los Fernández con un escenario económico diferente?

-Vamos a vivir meses muy traumáticos, eso es seguro. Va a haber un tipo de cambio muy alto, incertidumbre, una fuerte caída de valor de las empresas, de las propiedades. Todo eso te empobrece. Y bueno, mucha gente no va a invertir, que es lo que necesitábamos. Nosotros ya teníamos muy baja inversión, y teníamos que revertir eso.

-¿Qué posibilidades hay de revertir las cifras de votación en la elección de octubre?

-Yo lo veo difícil. El primer día el peso llegó a caer 30%, y la bolsa se desplomó 37%, lo que va a hacer que para el gobierno sea aún más difícil de revertir. Lo mejor que podría hacer Macri es lograr una votación parecida a la que hizo, un poquito mejor tal vez, pero no más que eso.

-Pero en 2015 se dieron vuelta los resultados. Scioli ganó las primarias, luego la primera vuelta y finalmente Macri venció en segunda vuelta…

-En 2015 no hubo una diferencia abrumadora como esta y sobre todo inesperada. Porque acá la novedad no es tanto la brecha, sino lo inesperada de la brecha: la novedad es el resultado muy negativo de Macri.

-La gran pregunta ahora es qué va a pasar con la gobernabilidad, ¿cuáles son los principales desafíos para los meses que quedan de gobierno?

-La gobernabilidad va a ser la cuestión crucial. Hoy por hoy, a Fernández le conviene que otro pague todos los costos, pero faltando cuatro meses para que se termine el gobierno, va a necesitar cooperar. Si no, la incertidumbre que se va a producir dejará al país al borde de un precipicio en diciembre.

-¿En qué sentido va a tener que cooperar?

-Él tendrá que ser preciso en lo que va a hacer después, si no esta situación va a ser indefinida. Hay un pozo profundo al que no podemos ir. Por eso ahí empieza la conversación para definir qué es lo que viene en diciembre, que es lo difícil. Y Macri inevitablemente va a tener que prepararle el terreno para su gobierno.

-¿Qué cambios tendrá que implementar Macri en su programa de gobierno, en el gabinete?

-El salto del tipo de cambio por sí solo produce cambios muy fuertes. Pero no veo cambios en el gabinete. El problema de hoy es el diálogo entre ambos porque vienen meses muy complicados.

-¿Dónde debiesen ir los votos de Roberto Lavagna?

-Yo esperaba menor resultado para Lavagna del que obtuvo. Probablemente se mantenga lo que se votó.

“Macri me decepcionó”

En los días previos a las primarias, nos reunimos con López Murphy en la sede de la Fundación para el Progreso. Vino a Chile invitado a participar en el seminario anual que organiza la Universidad FPP en Santa Cruz. Esa tarde, el economista de Chicago       –donde coincidió con Juan Andrés Fontaine, Jorge Selume, Joaquín Lavín, Cristián Larroulet, Álvaro Vial y Sebastián Edwards– estaba tranquilo y confiado en el escenario político que venía para Argentina. Jamás previó un escenario como el del domingo 11. Pese a tener una postura muy crítica hacia el gobierno de Macri, decía, el hecho de que Cristina Fernández corriera de candidata había polarizado la elección y le daba alguna chance al mandatario actual de reelegirse.

-¿Dice que sin Cristina, Macri no tendría ninguna chance?

-De eso estoy seguro. “Ella” dice cosas, como por ejemplo, que el hambre en Argentina es más grande que en Venezuela. ¡Son cosas muy provocativas, muy disparatadas! Entonces el gobierno utiliza eso, la deja hablar, hacer…

-¿Para meter miedo?

-Y para polarizar. Eso lo levanta y afecta a fuerzas alternativas que tendrían toda la justicia y razón del caso de señalar las falencias, limitaciones, claudicaciones, incapacidad e ineptitud con que Macri ha gobernado. Pero llegada la hora de la verdad, el temor a que pueda volver un proyecto, digamos, como el chavista a la Argentina, con el descomunal efecto destructivo que eso tiene, polariza.

-Usted es parte de ese grupo. Ha dicho que el presidente Macri lo decepcionó…

-Yo creo que a todos los argentinos…

-¿Hubo mucha expectativa con su llegada?

-No, yo nunca tuve mucha expectativa porque cuando vi la campaña electoral de 2015, los globitos, los bailecitos, la forma que se presentaban los problemas, y miraba las dificultades que teníamos, una destrucción institucional enorme, una crisis fiscal colosal, una crisis muy seria de financiamiento, una crisis energética, una crisis de reservas del Banco Central, no funcionaba ningún órgano regulatorio… En esas condiciones, había que hacer una tarea inmensa. Y lo que había era bailecito, globito, alegría. Eso transmitía gestualmente que bastaba elegir un gobierno más decente, transparente, menos corrupto y hacer una gestión administrativa eficaz, para que los problemas se encauzaran. Pero yo sabía que nada de eso era cierto, que había que hacer reformas muy profundas. Una vez elegido, esto no solo se confirmó, sino que se agravó. Los primeros años de gobierno no hubo prácticamente acción en estos temas.

-El llamado gradualismo…

-Claro, que fue quietismo. No enfrentar los problemas. Y en esas condiciones fue que tuvimos una crisis de confianza de la que nos salvamos de milagro.

-¿Era posible tomar medidas más drásticas con los costos políticos que eso implica?

-¿Es más fácil hacerlo justo antes de la elección que al principio? Si es difícil en algún momento, es al final del mandato. Ahora, para poder hacer cosas uno tiene que revelar el problema que recibe. Macri nunca hizo un diagnóstico de la herencia, porque si él explicitaba los problemas, no podía tener una política como la que tuvo, de “corramos la arruga”. Entonces, parte de su atractivo, para una fracción grande de la sociedad argentina, era que no transmitía esto de que era una situación angustiante, de crisis, de fracaso, de decadencia. Hasta que nos dimos la piña. Ahí se acabó el quietismo. Eso ocurrió cuando tuvimos que firmar el programa con el FMI y la situación se controló: se balancearon las cuentas externas, y, diría, se han casi balanceado las cuentas fiscales antes de intereses.

-Usted también ha dicho que Macri ha sido populista. ¿En qué sentido?

-En general, las medidas, las iniciativas, el lenguaje que usa no es el que yo usaría; atiende a estos prejuicios que tiene la sociedad argentina de que no tenemos que cobrar por los servicios, la educación, la salud… que llevado al extremo hace que desaparezcan los sistemas de precios, los incentivos, etc.

-No es fácil cuando alguien ya tiene algo gratis, comenzar a cobrar por ello…

-Es que con esa estrategia nos fue muy mal. Hemos retrocedido fuertemente. Hace 12 años que no crecemos, nos hemos quedado sin inversión, hemos tenido una enorme descapitalización. ¡Hemos hecho cosas increíbles! Con las reservas de gas que tenemos, nos quedamos sin y tuvimos que empezar a importar un tercio de nuestra demanda. ¡Es como lograr que falte arena en el Sahara! En otra dimensión: mientras en el mundo se castiga el uso del hidrocarburo, nosotros lo subsidiamos al 95%. ¡Si nos hubieran dejado a nosotros, el calentamiento global hubiera estallado! ¿Cuál es el otro gran problema que tiene Argentina? Una inmensa concentración en su macro metrópolis: 40% de la población vive ahí, una ciudad de 15 millones de habitantes, una cosa muy loca. ¿Y qué hicimos? Concentrar los subsidios ahí para vaciar el interior. O sea, si ya teníamos una macrocefalia y un interior raquítico, castigamos con impuestos al interior y subsidiamos la macrociudad. Todo eso se ha empezado a corregir, pero tarde, con vergüenza, con miedo.

 

La salida

-¿Por qué Argentina está en esta situación económica, teniendo tantos recursos?

-Hemos tenido una mala institucionalidad que nos aisló del mundo, que fragilizó los mecanismos de representación, de funcionamiento e incentivos a los mercados, esto de no querer competir, la incertidumbre, el haber hecho ocho defaults y cinco confiscaciones de depósitos… Es decir, creaste un entorno que es muy agresivo al funcionamiento de una sociedad moderna.

-¿Cómo pueden salir de ahí?

-Queremos lo que los vecinos como Chile, Perú o Uruguay alcanzaron: una baja inflación, economías que crecen poco más que la nuestra, sociedades que logran abatir la pobreza. No son perfectas, ni ricas, ni nórdicas, no son las más avanzadas del mundo, pero han progresado mucho en cuestiones políticas, en derechos humanos, ciudadanos, individuales, en las posibilidades de acceso a un mayor nivel de felicidad y prosperidad de sus habitantes. Todo eso sería deseable para nosotros, no es muy ambicioso.

-¿Qué medidas se debieran tomar para lograrlo?

-La única manera es construir una institucionalidad que nos limite. En ese sentido, algo de lo que hizo el presidente Macri es valioso. Por ejemplo, el Mercosur acaba de firmar con la Unión Europea un tratado de integración. Eso va a ser muy importante, aumenta nuestro mercado 45 veces, ampliando la relación con las economías orientadas al Pacífico. Mejor aún sería lograr un acuerdo con América del Norte. Todo eso nos va a permitir seguir un camino como el de Chile. Chile tiene acuerdos con casi 100% del PIB mundial, nosotros tenemos con el 8%, es decir, estamos trabados para vender a todos lados. Deberíamos también mejorar nuestro sistema educativo: éramos los primeros en las pruebas PISA, hemos bajado al último lugar. No es que hayamos fracasado en algo, es un problema más global de fracaso. Tenemos unas reservas energéticas formidables, hay que darle una institucionalidad que podamos usarlas inteligentemente, debemos mirar la institucionalidad chilena en materia bancaria y monetaria, que ha sido muy exitosa. Ahora, nadie en Argentina está dispuesto a nombrar un Banco Central autónomo…

-¿Cuánto tiempo de aguante les queda a los propios argentinos de esta situación permanente de incertidumbre, de corrupción?

-La sociedad es víctima y artífice de eso porque es cómplice, con valores que son disfuncionales a una sociedad moderna. Porque, digamos, esos liderazgos no salieron de un repollo: salen de esa sociedad y le hablan a la narrativa que ellos quieren escuchar.

-Mucho se habla de la necesidad de hacer un gran acuerdo nacional. ¿Eso es posible en Argentina?

-Una sociedad quebrada por una grieta por el odio y el encono no funciona. Lo razonable sería que predomine el centro, el lugar en común. Lamentablemente no ha habido esa actitud.

Futuro K

-¿Cómo ve el panorama si gana la dupla Fernández en octubre?

-Las circunstancias bajo las que ellos pudieron hacer las cosas populistas no están más. Los límites que tenemos esta vez son distintos que en el pasado. Tenemos un acuerdo con organismos multilaterales, prácticamente 40% de la deuda va a ser con la cooperativa del resto de los países, ahí los márgenes que tendremos van a ser mucho menores. Vamos a tener que ir con un programa sensato porque donde digamos algún disparate, nuestras dificultades y confrontaciones van a ser enormes con los países. Ya tenemos una alta inflación, ¿a cuánto la van a llevar?

-En el caso de Venezuela se llevó al infinito…

-¿Pero a qué costo? Venezuela ha caído el nivel de vida a 80%. Es decir, estamos en toda esta discusión en Argentina porque hace 12 años que el ingreso no crece, sientes que te rezagas, que el otro te está volando, una sensación de decadencia y frustración. Pero eso es una cosa y otra es caerte a los niveles de Haití. Ojo, porque las sociedades modernas son muy complejas, uno hace un disparate y puede producir un desastre como el que cometieron Chávez y Maduro, de características no registradas. Esto es como darle la computadora a un mono, ¡te la rompe! No por maldad, sino porque no puede entender lo que tiene. Hay gente que cree que vamos a poder regalar de nuevo el gas, la electricidad. Eso no se va a poder hacer, o si se hace, vamos a terminar en una catástrofe. El ajuste será mucho más duro con los Fernández que con Macri.

-¿Por qué?

-Porque el shock inicial de desconfianza es grande. Aunque hagan las cosas bien. Si un gobierno intenta un camino populista, que yo creo que no hay espacio, vamos a tener un verano infernal. Pero el riesgo es que no puedan gobernar, que no puedan controlar las expectativas.

 

El debate en Chile

El ex ministro cuenta que le impresionó en su visita a Chile, la “sensación de prosperidad” del país. “Desde el avión, que venía lleno de chilenos, de bolsos… Era una abundancia, unas colas en la PDI, el auto que me fue a buscar era nuevo. Le digo, ‘lo felicito, pero qué auto lindo tiene’. ‘Bueno, esto es normal acá en Chile’, me dijo”. 

-Pero esa sensación no se percibe igual a este lado de la cordillera. Las últimas cifras económicas del gobierno están muy bajo de lo esperado…

-Creo que había expectativas más altas de crecimiento de las que se están dando. Del otro lado  de la moneda, al vecindario le fue mucho peor de lo que se esperaba. A Brasil y Argentina hace cinco años que les va muy mal. Pero en Chile uno no ve esa actitud traumada, angustiada sobre el futuro en las conversaciones. Y bueno, las preguntas que tú me haces… No me preguntas si vamos a crecer un poco más o un poco menos. Si no, “¿se van a ir al abismo o no?”. ¿A que otro país le preguntarías esas cosas? No lo hago censurando, estoy tratando de poner las perspectivas. En Chile, el debate es si es posible que se acelere el crecimiento, la inversión, la modernización del aeropuerto. Debates mucho más interesantes que el que tú me preguntas a mí: ¿se irán por el caño, volarán en pedazos? ¿Harán locuras como nunca se ha visto? ¿Seguirán a Maduro? Está esta imagen de que puede volver esta mujer que tiene siete pedidos de prisión, no sé cuántos casos de corrupción, son situaciones difíciles de explicar para nosotros.

-Nuestras preocupaciones son un lujo, dice…

-Son legítimas sobre cómo mejorar la posición social, la eficacia ambiental, cómo mejorar la tasa de crecimiento, cómo aumentar la movilización de recursos, cómo acelerar la modernización y hacerla más inclusiva. Pero la sensación que he escuchado acá, y he ido a muchas reuniones con empresarios, todo son proyectos. No están pensando “según el resultado electoral, me escapo de este país”, como se está calculando en Argentina. No es mi caso, porque ya estoy viejo para irme.