Ya no insiste en la competencia electoral. El ex ministro y candidato presidencial se la juega ahora por un movimiento que permita debatir sobre politicas publicas, al menos, para evitar “que la adversidad nos rinda o nos obligue a desaparecer”. Es que en Argentina parece que no es facil declararse liberal.

  • 14 mayo, 2009

Ya no insiste en la competencia electoral. El ex ministro y candidato presidencial se la juega ahora por un movimiento que permita debatir sobre politicas publicas, al menos, para evitar “que la adversidad nos rinda o nos obligue a desaparecer”. Es que en Argentina parece que no es facil declararse liberal.

¿Qué pasa en Argentina, el país de las contradicciones? Hasta mediados del siglo XX tenía la misma tasa de crecimiento que Canadá y Australia. Fueron promisorios de verdad. A partir de entonces, con el proteccionismo y los controles autoritarios, empezó la estagnación, de la que aún no se puede sacudir.

Aun así, en casi todo orden de cosas sigue teniendo destaque y perfil propios. Y digo casi en todo porque en política vive un acertijo permanente. Tiene de todo, menos lógica. El gran cientista político francés Raymond Aron no se podía explicar por qué Argentina no era la nación rectora de Sudamérica o los Estados Unidos de Sudamérica, si lo tiene todo para ser un ejemplo de democracia en constante desarrollo.

Aron llegó a concluir en que Argentina era la mayor decepción de la región. Un país que recibió oleadas de inmigrantes y se convirtió en El Dorado de media Europa, ahora expulsa gente que se va por no conseguir trabajo. ¿Cómo se llegó a esto? ¿Cómo pudo convertirse en poco gobernable un país henchido de riquezas, alejado de los grandes conflictos mundiales, y donde casi no hay terremotos ni ciclones?

Tarea para etólogos y sociólogos.

El aquí y el ahora

La presidenta Cristina Fernández argumenta que Argentina necesita adelantar las elecciones legislativas porque en crisis hay que asegurar la gobernabilidad. Y quién mejor y de más confianza que su propio marido, el ex presidente Néstor Kirchner, para encabezar la ofensiva nacional del oficialismo como candidato al principal distrito: Buenos Aires.

¿Tiene sentido adelantar las elecciones? La historia no registra casos de comicios adelantados por razones económicas que hayan resultado exitosos. Al contrario, casi siempre aceleraron el ritmo de las crisis.

La competencia contra Kirchner en la capital saldrá de la centroderechista PRO, la fuerza del alcalde bonaerense Mauricio Macri, y de la Coalición Cívica, de Elisa Carrió. La aparición del frente conformado entre el PRO y los peronistas disidentes Felipe Solá y Francisco De Narváez amenaza al reinado kirchnerista en el gran Buenos Aires.

El ex candidato presidencial Ricardo López Murphy ha calificado a Kirchner de “monárquico, reaccionario y autoritario”, por haber sentenciado que la Argentina corre el riesgo de “explotar” en caso de que el oficialismo pierda la votación legislativa de junio próximo.

Claro, reclama desde la oposición, pero con trayectoria y pergaminos suficientes como para que sus planteamientos sean escuchados. Ricardo Hipólito López Murphy (Ricardo por Balbín, e Hipólito por Yrigoyen) es un economista de raigambre radical. Fue ministro de Defensa y fugaz titular de la cartera de Hacienda durante el gobierno de alianza entre la Unión Cívica Radical y el Frepaso. Pocos meses después de la caída del gobierno de Fernando De la Rúa, en diciembre de 2001, la certeza de que sus críticas, tanto políticas como económicas e ideológicas, levantaban suspicacias y algo más en la dirección de la UCR, partido en el que militó desde muy joven (y donde lo acusaban de liberal o neoliberal), lo decidió a romper amarras y fundar su propia agrupación, Recrear Argentina, trampolín que –entre otras cosas– le sirvió para lanzar su candidatura a la presidencia. Luego renunció a Recrear para forjar y dar sentido al Movimiento Corriente de Convergencia Federal.

Imposible maquillar

-El gobierno ha resuelto adelantar las elecciones parlamentarias para el 28 de junio. En su discurso en el Luna Park, Néstor Kirchner fue tajante: “si perdemos, el país volverá al 2001”. ¿Qué le sugiere la frase?

-Ese vaticinio catastrófico trata de generar pánico, sobre todo en los sectores más débiles de la sociedad. Esa actitud es perjudicial y no forma parte de las reglas del juego que predominan en los países civilizados. Lo que pasa es que Kirchner quiere tener mayoría absoluta para gobernar como un déspota. Convertir las elecciones en un plebiscito, anticipar las elecciones, es violar la legislación electoral. Además, eso de inventar las mal llamadas candidaturas testimoniales hace un daño enorme a la democracia Si en estas elecciones el pueblo le retira su apoyo, será por incapacidad e ineficacia de ellos (los Kirchner).

-Fuentes bien informadas me dicen que los tres hombres fuertes de Argentina serían Kirchner, Héctor Magnetto (del Grupo Clarín) y Hugo Moyano (transportista y secretario general de la Confederación General del Trabajo). ¿Es exagerado esto?

-(Medita) Lo que pasa es que el peso de uno de los grupos de medios informativos más importantes del país se deja sentir. En ese sentido, el doctor Magnetto tiene un impacto grande, ya que la cadena de medios que él dirige es influyente. En la medida en que sus medios hacen clara la información y subrayan los defectos del régimen, eso causa un efecto importante.

Lo segundo: el poder que se la ha otorgado a los sindicalistas y al régimen sindical es asombrosamente anormal en el mundo. Se parece al sindicalismo de Estado que existió en la Italia de Mussolini. Si usted le diera al sindicalismo chileno, uruguayo o inglés el financiamiento de que goza el sindicalismo argentino, tendría un sindicalismo gigante y demasiado poderoso. Hay denuncias serias y muy graves en torno a nuestro sindicalismo. El problema principal que ellos enfrentan es de enriquecimiento ilícito. Las denuncias grandes que hay son por esos temas. Y uno se pregunta, ¿por qué los dirigentes sindicales son todos muy ricos? Esa es una cosa muy rara, sospechosa. En Argentina hay cargos hereditarios en la dirigencia sindical. Fíjese que a Moyano lo va a suceder su hijo. ¡Increíble! Cuando se llega a estos niveles, eso ya no es republicano.

-La exacerbada politización de los sindicatos en Chile fue una de las razones de la decadencia del sistema democrático. ¿Teme algo similar para Argentina?

-Yo diría que el poder del sindicalismo en Argentina viene de muchos años atrás. Es un esquema que hemos tenido durante casi 70 años. Bajo esta circunstancia es muy difícil contar con un régimen político como el chileno, el uruguayo o el brasileño. Y es que está muy desbalanceado el poder. El sistema sindical acá en Argentina es extraordinariamente poderoso, pero no tiene una agenda revolucionaria como la que tenía el sindicalismo chileno. Eso sí, nuestro sindicalismo controla los servicios de salud, de turismo, en fin… Para el trabajador es prácticamente imposible estar fuera de la órbita sindical.

-Economistas sostienen que el tercer trimestre de este año registrará la caída más brutal de la economía argentina. El PIB podrá caer al menos 5% y el desempleo podría elevarse a 12%. ¿Cree que este sea el motivo para adelantar las elecciones?

-No. Las caídas del PIB del último trimestre del año pasado y el primero de este fueron muy serias y extraordinariamente severas. Como los datos han sido trucados, no se sabe exactamente de qué proporción ha sido la caída. Pero son dos dígitos, de todas maneras. Yo no hago esa lectura de que será más duro el tercer trimestre en relación a lo vivido. Lo que sí puedo decir es que ya no será fácil seguir maquillando los números. Usted puede maquillar a una mujer de 40 para hacerla parecer de 28. Ahora, maquillar a una de 50 para hacerla parecer de 28, es casi imposible. Lo que le quiero decir es que a medida que pasan los meses, el maquillaje se hace más difícil. Yo no creo que la situación vaya a ser peor, porque la del primer trimestre fue extraordinariamente grave. Ya tocamos fondo y a muy poco andar ese maquillaje se vendrá al suelo y veremos la realidad, a pesar de las cifras trucadas en todas sus dimensiones.

-El periodista Jorge Lanata me dijo hace poco que la inflación oficial en la Argentina es una de las tantas mentiras del actual gobierno.

-Están trucados todos los números. No sólo del índice de precios, sino también las cifras de Producto, pobreza e indigencia. Está todo trucado. Eso es público y notorio. De las estadísticas de empleo, ni hablar. Yo denuncié eso en la campaña electoral y no tuvo ningún impacto. El grado de descrédito del Instituto Nacional de Estadísticas es inmenso. Es una actitud muy manifiesta del Poder Ejecutivo eso de falsear los índices.

 

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¿Dónde están los liberales?

-Dejó la Unión Cívica Radical para fundar Recrear Argentina. Luego forjó el Movimiento Corriente de Convergencia Federal. ¿Pretende capturar a la gente desencantada de la política?

-No. Se trata de un movimiento de opinión donde puedan convivir personas que tienen percepciones políticas diferentes, pero que actúan bajo una misma visión respecto de lo que debe ser un país. Recrear era un partido político. Creí que iba a haber una oportunidad para crear en Argentina fuerzas políticas de un estilo más europeo, uruguayo o chileno. Es decir, colectividades políticas con orientaciones doctrinarias más claras. Y confieso que me equivoqué. El esfuerzo no fue exitoso, a pesar de que varias veces anduvimos con altos porcentajes electorales. Lo cierto es que finalmente no pudimos encuadrar a la sociedad en eso. En consecuencia, me atrevo a decir que el sistema político argentino vuelve a sus anclajes tradicionales en una fuerza de naturaleza peronista, justicialista… y en una fuerza de cultura radical. Volvemos a eso, con coaliciones amplias, como lo fue antes de 2001.

-Todo indica que Argentina no se puede desgajar de esas tendencias atávicas del peronismo y el radicalismo. ¿Por qué en Argentina no está posicionado el pensamiento liberal o neoliberal en sus distintas vertientes?

-Yo diría más aún. Gran parte de los pensadores liberales de origen latino tienen base en Argentina. El fundador y el creador de nuestra institucionalidad, Juan Bautista Alberdi, es un formidable pensador liberal, como buena parte de los líderes que construyeron la Argentina moderna. La base conceptual de esas ideas, esto es la sociedad plural, no identifica al partido político gobernante con el Estado. No deben existir ni una religión ni un partido político adheridos al Estado. Eso es lo que permite que exista una sociedad liberal, un auténtico pluralismo. Es decir, distintas visiones donde el Estado no se identifica ni con una ideología ni con una religión. La idea de descentralización del poder, de desconcentración, la idea de iniciativa privada; es decir, esas ideas que forman el corazón de la propuesta liberal, me parecen que son aceptadas. Sin embargo, nadie se identifica abiertamente con ellas. Salvo yo, que lo he hecho por mucho tiempo.

-¿Es antipático asumirlo en la Argentina de hoy?

-No. Yo diría que aún no hay una clara noción de que esas son las ideas liberales. No hay un entendimiento claro de lo que implica el liberalismo. Ni económica ni políticamente. Pero más grave que eso, tampoco hay una distinción entre fuerzas de orientación centrista, centroizquierda o centroderecha. Pero ese fenómeno no es exclusivo de Argentina. Por ejemplo, la Democracia Cristiana configura el corazón de las fuerzas de centro derecha conservadora en Europa, pero no ocurre así en Chile. En torno a lo mismo, creo que hay una falta de debate racional y homologable en las fuerzas políticas de Argentina. Cuando fundé Recrear, intenté que tuviéramos fuerzas homologables a nivel internacional. Desgraciadamente, después descubrí que los vicios, las malas prácticas, el clientelismo, la cooptación política y las mañas también se apoderaban de una fuerza que era muy novel. Eso me obligó a renunciar.

-Puede que el debate político sea, con todo, más rico en Chile. Acá veo mucha descalificación.

-Es verdad. No hay acá un debate como el que existe en Chile. No hay debate acerca de las políticas públicas ni sobre la organización económica o institucional. No hay un debate sobre la calidad de las políticas sociales. Ni siquiera hay un análisis costo beneficio. No sabemos cuánto cuestan las políticas sociales en Argentina. La Universidad Católica hizo un estudio que calculó en algo así como 23.000 millones de pesos lo que debíamos gastar en subsidios para erradicar a la gente que está bajo la línea de la pobreza. Y ocurre que estamos gastando como 30.000 millones. Hay un derroche del que nadie se hace cargo ni tampoco existe un debate serio al respecto.

-En una charla reciente, usted dijo que sería una tragedia que Argentina volviera al estatismo, al corporativismo. ¿No cree que el país marche hacia esa pendiente bajo la actual administración?

-Y a ritmo acelerado. En realidad, la sociedad argentina se ha vuelto fuertemente corporativa y estatista. Eso nos está haciendo un tremendo daño. Fíjese que se han confiscado los fondos previsionales. Ahora todo el mundo está angustiado porque el Estado está nombrado directores en todas las compañías. Se ha estatizado Aerolíneas Argentinas y hay pérdidas anuales monumentales. Subsidiamos los viajes de las minorías más ricas de Argentina, confiscamos los fondos previsionales para dar préstamos a los capitalistas amigos del gobierno…

-La confiscación de los fondos previsionales fue un duro golpe a la credibilidad internacional de Argentina.

-Sin duda. Tiene consecuencias catastróficas en términos del ahorro para la vejez y la confianza en el mercado de capitales, pero además implica una quiebra actuarial del sistema. Se ha producido un aumento de la deuda pública enorme y eso parece que no lo ve nadie. La gente no se da cuenta. No se comprende a cabalidad que esa reforma se hizo por el colapso del régimen anterior. Entonces, volvemos a probar con algo que ya vimos cómo colapsaba.

-¿Qué motivó una iniciativa tan poco feliz?

-Creo que la idea central era poder dar pensiones y jubilaciones sin aportes. Cuando usted divorcia el retiro de las contribuciones, lo que puede hacer es vivir en una sociedad en que nadie sabe qué es lo que le corresponde ni de qué es propietario. Es decir, no se internalizan las conductas de cada uno de nosotros. O sea, lo que nos toca en la vejez está totalmente divorciado de los esfuerzos que hicimos. Cuando usted llega a ese extremo, es claro que la sociedad se vuelve extremadamente dependiente del paternalismo público.

Una presidenta y un desgaste

-La caída de la popularidad de Cristina Fernández ha sido estrepitosa. Empezó su mandato con un 56% de apreciación favorable. Hoy sólo un 14% cree que es ella quien realmente gobierna.

-Ella ganó las elecciones trucando las estadísticas, con episodios gravísimos de corrupción, como la valija de Antonini Wilson, la bolsa de dinero en el baño del ministro, las facturas falsas, los fondos fugados del exterior. ¡Hubo cosas increíbles que no son propias de una democracia digna! Ahora bien, lo que le ha bajado la popularidad ha sido la crisis económica, cuando se produjo la caída en la actividad económica y el gobierno ya no estuvo en condiciones de alimentar ese monumental aparato clientelista. La popularidad no cayó por nuestra cultura cívica. Yo sé que es políticamente incorrecto decirlo, pero es así. Esa popularidad cayó porque se derrumbó el bienestar económico asociado a la prosperidad internacional. Y es que la gente creía que la prosperidad internacional se debía al gobierno de Kirchner. ¡Todo lo contrario! Nosotros crecimos en los años pasados a un ritmo alto no gracias a los Kirchner, sino a pesar de los Kirchner.

-¿Qué tan diseminada esta la idea de que Cristina Fernández reina, pero no gobierna?

-Eso ya lo sabe toda Argentina. Dejó de ser un secreto a voces. ¿Qué otro caso en el mundo conoce usted en que el marido le regala a la esposa la Presidencia de la República? No es habitual que la Presidencia sea un bien ganancial. Eso yo lo dije hasta el hartazgo en la campaña presidencial. Yo dije eso y otras cosas que molestan, pero que son verdad. Nuestra gente sabe que hay corrupción en este país, nuestra gente conoce muchos episodios grotescamente escandalosos. Y déjeme agregar que el equipo de gobierno actual es el mismo de siempre. La pareja ha gobernado con ella explicando y él maquinando.

-¿Qué espera de las próximas elecciones? ¿Cómo hará crecer su Movimiento de Convergencia Federal?

-El Movimiento ha sido una forma de no permitir que la adversidad nos rinda o nos obligue a desaparecer. No es un movimiento que tiene una finalidad de participación en la política activa. En todo caso, algunos de sus miembros participarán apoyando a la Coalición que lleva a Elisa Carrió y los radicales. Pero no es un partido político para participar en elecciones. No está organizado para eso.