Por: María José López Fotos: Verónica Ortiz -¿Qué nota le pone al gobierno de Michelle Bachelet? El director del Centro para el Desarrollo Internacional y profesor de Economía del desarrollo en la Kennedy School of Government de la Universidad de Harvard no se demora en contestar. -Una “B” o una “B menos”. Eso, en jerga […]

  • 25 mayo, 2017

Por: María José López
Fotos: Verónica Ortiz

-¿Qué nota le pone al gobierno de Michelle Bachelet?

El director del Centro para el Desarrollo Internacional y profesor de Economía del desarrollo en la Kennedy School of Government de la Universidad de Harvard no se demora en contestar.

-Una “B” o una “B menos”.

Eso, en jerga chilena equivale a un 4,5, o un 4. No es buena nota, pero la presidenta pasa de curso. Ricardo Hausmann Goldfarb explica la baja calificación porque, a su juicio, hizo pocos y “tímidos” esfuerzos en materia económica y productiva. “El gobierno no sumó una estrategia económica alternativa. Se metió en temas de diversificación productiva con Lucho (Luis Felipe) Céspedes (ministro de Economía) y Joe (Joseph) Ramos (presidente de la Comisión Nacional de Productividad), pero de manera tímida. El desierto de Atacama sigue siendo el mejor lugar del planeta para producir energía solar, pero no hicieron ningún esfuerzo tecnológico significativo por meterse ahí.

Al teléfono desde su oficina en Boston, el venezolano agrega: “Ustedes se podrían convertir en exportadores de tecnología solar. Así es como los países crecen, resolviendo los problemas que son más acuciantes y convirtiéndolos en ventajas comparativas en industrias futuras. Pero no se han tomado las decisiones con el nivel de audacia que se requería. Y no se llega a ser líder en energía solar a pura gratuidad de la educación superior”.

-¿Cómo ve el panorama electoral? ¿Qué opinión tiene de los candidatos?

-Sé que hay primarias ahora en julio, y no conozco al que lidera las encuestas por la izquierda, pero sé que es un presentador de televisión… Claramente, la gente está pidiendo un cambio. Chile es una sociedad que ha perdido los consensos que tenía en el pasado porque ha perdido el dinamismo económico. Y lo cierto es que el gobierno de Piñera hubiera crecido mucho menos si no hubiese sido por el terremoto. El statu quo es ahora insatisfactorio. Antes había una economía dinámica y había que hacer cambios manteniendo la gallina de los huevos de oro. Ahora, hay que despertar a la gallina.

-¿Y cómo debiéramos hacerlo?

-En Chile el apego a una cierta ortodoxia en materia de políticas de desarrollo productivo llevó al país a no priorizar la diversificación, y a quedarse con un paquete exportador muy estancado en su composición, y nadie pareció molestarse demasiado porque el precio del cobre estaba altísimo. Chile tenía que incursionar en otras áreas. El problema es que cuando las economías se estancan hay un fenómeno: la gente piensa que la llanta está plana porque tiene un hueco en la parte de abajo, pero el agujero puede estar en otro lado.

-¿Dónde está ese vacío en Chile?

-No necesariamente donde creen. Mucha de la frustración de los jóvenes la quieren resolver como si el problema fuese juvenil. Que como la economía no creció, entonces tampoco están los retornos de la educación universitaria que esperábamos. Lo difícil en momentos de elecciones es generar compromisos que permitan resolver la enfermedad y no sólo atender los síntomas.

Colo Colo y la Roja

-Ian Bremmer dijo que se avecinan tiempos sombríos para las economías emergentes en los próximos 10 años. ¿Comparte esa visión negativa?

-Primero, hablar de economías emergentes es una categoría muy poco precisa. De todas formas, no soy terriblemente pesimista ni catastrofista para los próximos 10 años. Veo un debilitamiento de EE.UU. y un aumento relativo de la presencia de China. Ese país se está volviendo un agente dinamizador importante de estas economías. En todo caso, lo crucial para Chile no es tanto lo que pasa en el mundo, sino su capacidad de transformarse internamente.

-¿De qué depende esa transformación?

-De la capacidad que tenga la sociedad de cooperar. Los empresarios y emprendedores tienen que ser los creadores de las nuevas compañías que van a liderar el crecimiento. Esas empresas van a depender de que los bienes públicos que sus actividades requieren sean provistos por el Estado, que tengan el apoyo necesario de las instituciones de ciencia y tecnología, de educación, que tengan el acompañamiento de la sociedad, que sean percibidas como la selección nacional, más que como el Colo Colo.

-¿Nos falta “ponernos la camiseta” por nuestras empresas?

-En Chile hay unos que son fanáticos del Colo Colo y otros que no, pero todos sí lo son de la selección. Asimismo, hay ciertas empresas que son cruciales para insertar a Chile en la economía internacional. Ellas debieran ser respaldadas generalizadamente, y aquellos aspectos del ecosistema que afecten su éxito, deben ser mejorados por los distintos estamentos de la sociedad. Que haya la capacidad de mantener diálogo para que esas actividades puedan ser vistas como favorables por la sociedad.

-Aquí hay actividades cuestionadas por la opinión pública, sobre todo en materia energética, debido a sus consecuencias ambientales. Y como el empresario no goza de buena reputación, se rechazan los proyectos.

-Primero, déjame criticar la palabra empresario, que está muy cargada. Érase una vez que Milton Friedman decía que la responsabilidad de una empresa era maximizar los retornos a los accionistas. Eso no es lo que se enseña en Harvard Business School. Ni creo que se enseñe en las escuelas modernas de negocios. La empresa es una coalición de stakeholders; que es un grupo de trabajadores, suplidores, distribuidores, vecinos, consumidores. Liderarla significa representarlos. O cambiamos el concepto de empresario, o lo dejamos de usar. Los CEO de Chile se deben sentir incómodos de que los llamen empresarios en el sentido tradicional de la palabra. Eso no es lo que un líder empresarial moderno debe hacer…

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