• 30 noviembre, 2010


Por diferentes razones, ni autoridades ni trabajadores darán el primer paso en la búsqueda de soluciones reales a la mejoría del clima laboral. Son los empleadores de este país los que tiene que emprender el “negocio” de generar un mejor clima.


El presidente John Kennedy solicitó a los estadounidenses que no pensaran en lo que su país podía hacer por ellos, sino en lo que ellos podían hacer por su país. Analizando la realidad laboral de Chile, la necesidad de que este notable concepto se propague entre empleadores y trabajadores aparece como una necesidad casi indispensable.

Cuántas quejas se escuchan de los empleadores, en términos de la falta de flexibilidad de las normas laborales, de lo sesgados y pocos ecuánimes que son las fiscalizaciones y los fallos judiciales, de los escasos incentivos que se generan para aumentar el empleo, de lo lamentable que resulta convivir con normas que se modifican casi diariamente, etc. Esta situación laboral de contrastes, confrontaciones y hasta violencia lleva decenios sin que se vea un atisbo de mejoramiento real. ¿Cuál es la causa? ¿Adónde nos lleva todo esto?

La primera causa está en la politización del tema. Las iniciativas de índole laboral son un probado caballito de batalla para parlamentarios y autoridades, de cualquier tendencia, que pretenden por esa vía una mayor popularidad. Las materias laborales no deben ni siquiera explicarse a los votantes, pues es un campo en el que todos conviven a diario y, por ende, fácil de digerir. Al decir de muchos, la natural protección legal que debe darse a los trabajadores se ha transformado en sobreprotección y, a veces, hasta en impunidad, generando con ello anticuerpos en aquellos que generan empleo. Así, vamos en la dirección contraria si de verdad se quiere mejorar el clima laboral y la competividad.

Otra causa de esta realidad, tal vez la de mayor efecto práctico y diario, radica en los abusos que la relación laboral genera; sobre todo, por parte de los empleadores. El que desconozca esto es ciego o, en el mejor de los casos, miope. Tomen ustedes cualquier artículo del Código del Trabajo, estudien cuál es la causa basal de la norma y llegarán a la conclusión de que nació porque un empleador abusó. ¿Por qué se generó la ley de subcontratación? Por los “palos blancos” que permitían contratar mano de obra directa encubierta más barata. ¿Por qué nació la ley del sueldo base dictada recientemente y que obliga a que éste no sea inferior a un ingreso mínimo mensual? Porque, con el objeto de abaratar el costo de las horas extras, se fijaban sueldos bases irrisorios. Así, podemos recorrer toda la normativa laboral y apreciaremos que en su gran mayoría son reacciones legales a abusos.

Es cierto que los abusadores son los menos y por ellos pagan los más, lo que agrava aún más el problema. Pero nadie hace nada. No veo a los gremios empresariales en una campaña de incentivo y control del cumplimiento laboral o en una campaña de auto fiscalización. Eso sería una señal poderosa de voluntad real de mejorar y que iría en la dirección correcta.

Pero los abusos no sólo vienen del empleador, sino también de trabajadores. Y, sobre todo, de ciertas organizaciones sindicales en extremo politizadas que abusan de la ley a vista y paciencia de fiscalizadores y jueces. Así nacieron los “sindicatos del día después”, herramienta cuyo único objetivo es enervar despidos en forma fraudulenta. Así nacen las licencias médicas fraudulentas con la complicidad de médicos, etc.

De los tres actores –autoridades, trabajadores y empleadores– los dos primeros nada harán por buscar soluciones reales a la mejoría del clima laboral, ya sea porque políticamente no conviene perder el caballito de batalla, ya sea porque no se le puede pedir a un trabajador que dé un primer paso antes que su empleador. Son los empleadores de este país los que tiene que emprender el “negocio” de generar un mejor clima laboral. Si no lo impulsan ellos, nos pasaremos otros 200 años sin generar confianzas. Y no esperen nada a cambio en un inicio, pues las confianzas no nacen por generación espontánea sino que se cultivan con convencimiento.

Los empleadores chilenos tienen la fantástica posibilidad, durante este gobierno, de demostrar al país que no se necesitan regímenes de una cierta tendencia para apoyar a los trabajadores y generar un clima laboral de entendimiento, sino que sólo se requiere un gobierno serio y que dé confianza a unos y a otros. Un gobierno al que sólo se le pide que sea ecuánime y haga respetar las leyes, evitando abusos, vengan de donde vengan.

Valdría la pena un intento de compromiso nacional de cara al país entre las organizaciones de trabajadores y empresariales, teniendo al gobierno como garante de ecuanimidad, para así dar a este esfuerzo un marco dentro del cual los empleadores puedan demostrar que son capaces de dar el primer paso.