Por: Carlos Henríquez Calderón, Secretario Ejecutivo de la Agencia de Calidad de la Educación Estigmatizar al “mal estudiante” en las escuelas, muchas veces sin querer, perjudica de sobremanera al mismo afectado. La repitencia, en ese sentido, es una herramienta para nivelar los logros de aprendizaje, pero, a la vez, somete a un niño o joven […]

  • 6 diciembre, 2016

Por: Carlos Henríquez Calderón, Secretario Ejecutivo de la Agencia de Calidad de la Educación

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Estigmatizar al “mal estudiante” en las escuelas, muchas veces sin querer, perjudica de sobremanera al mismo afectado. La repitencia, en ese sentido, es una herramienta para nivelar los logros de aprendizaje, pero, a la vez, somete a un niño o joven a una gran reprobación en su círculo social más cercano. No decimos que eliminemos la repitencia de nuestro sistema escolar, pero sí es pertinente debatir sobre ella y su uso.

Según los últimos resultados de los estudios internacionales TIMSS y PISA –prueba en la que Chile obtuvo 447 puntos, por debajo de los 493 que exhibe el promedio de los países OCDE- la repitencia es ineficaz, pues no garantiza un posible mejor rendimiento. De hecho, un estudiante que repite obtiene hasta cincuenta puntos menos en una evaluación en el caso de TIMSS y cuarenta y un puntos inferiores en PISA. Una razón, por lo tanto, que nos obliga a pensar en nuevas fórmulas que refuercen el desempeño de cada estudiante de una manera efectiva.

Repetir de curso tiene una intención positiva: dar segunda oportunidad para que el estudiante se haga cargo de su aprendizaje. Pero, lamentablemente, está logrando exactamente lo contrario. Debemos ser conscientes, por lo tanto, que cuando un niño fracasa, lo hace una comunidad entera.

Como alternativa a la repitencia, sería bueno revisar otras medidas, como lo son el apoyo al niño durante todo el curso escolar, y no sólo al final; y los exámenes a plazo, es decir, los que se puedan dar en el verano o a comienzos de marzo, entre otras.

Es básico asumir que un niño que se queda atrás en el aprendizaje, difícilmente podrá desarrollarse en el trascurso de su etapa escolar. Pensar lo contrario, es desentenderse del problema.

Para desarrollar los aprendizajes, la comunidad educativa debe fomentar la seguridad respecto del aprendizaje, reforzando y felicitando logros, retroalimentando oportunamente y erradicando estereotipos negativos (al hablar del flojo, el porro, entre otros). Debemos ser enfáticos en transmitir que todos son capaces de alcanzar grandes logros educativos. TIMSS, en ese aspecto, señaló que las expectativas de los logros educacionales basadas en la confianza –por parte el mismo estudiante y sus padres–- acerca las asignaturas son totalmente beneficiosas en los resultados en las distintas materias

A la hora de buscar culpables, la díada víctima (estudiante) y victimario (profesor), es la forma más reduccionista de mirar el fenómeno. Se entiende que un profesor debe acompañar y aferrarse a las particularidades de cada alumno para potenciar el aprendizaje. Sin embargo, eso llevado a la práctica significa decir, y perdón por la exageración, que en un curso de cuarenta estudiantes, un profesor o profesora debe hacer cuarenta clases distintas a la vez. Imposible en cualquier contexto.

La discusión, claro, debe llevarse a cómo atajamos el atraso de los estudiantes. La evidencia dice que hay muchos alumnos en cursos superiores con la mínima capacidad de comprensión lectora y lo mismo pasa con las bases de los conocimientos matemáticos. De ahí la importancia, por ejemplo, de Evaluación Progresiva, que refuerza la lectura desde los inicios, de segundo básico, con un monitoreo individual para ver su progreso, para así poder actuar con anticipación a los problemas de la trayectoria de aprendizaje de cada uno de los estudiantes.

¿Repitencia o no? El debate debe continuar, ya que es fácil proponerlo, aunque, difícil de implementar alternativas.Mientras tanto, la urgencia debe estar focalizada en indagar en soluciones pedagógicas, en que toda la comunidad educativa esté involucrada para que los estudiantes con dificultades en el aprendizaje –insisto, sin estigmatizar al que le va peor– puedan asimilar de forma natural que todos son capaces de aprender, con curiosidad por el saber, como algo vital. Y, sobre todo, sin olvidar a los profesores, muchas veces con una tarea ingrata a su pesar; quienes deben tener todo nuestro apoyo e instancias de desarrollo para que en este tema, que tiene mucho más aristas, ellos puedan trabajar con los diferentes niños y sus oportunidades de aprendizaje para la vida. Eso es, en definitiva, lo que hay que salvaguardar.