Claudio Huepe terminó renunciando a la embajada en Caracas luego del impasse producido por sus declaraciones al canal Telesur-TV de Caracas, donde afirmó que la presidenta le había señalado privadamente que su decisión de abstenerse de apoyar a Venezuela para el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas la tomó en vista del debate político […]

  • 23 marzo, 2007

Claudio Huepe terminó renunciando a la embajada en Caracas luego del impasse producido por sus declaraciones al canal Telesur-TV de Caracas, donde afirmó que la presidenta le había señalado privadamente que su decisión de abstenerse de apoyar a Venezuela para el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas la tomó en vista del debate político interno que el voto chileno había provocado.

Su renuncia fue un desenlace inevitable. Sin embargo, hay un tema de fondo que no se ha discutido y que apunta a cuáles fueron las verdaderas razones del voto chileno. Se ha dicho mucho que a Huepe le costó caro decir la verdad y el propio canciller Foxley no ha escatimado elegios para él en estos días, destacando su calidad profesional, humana y la gran altura demostrada con su renuncia. Pero ni el canciller ni el vocero de gobierno se han detenido un minuto a decir que lo que Huepe dijo es falso.

Quizás no lo sea. Siendo así, entonces ¿significaría eso que la presidenta no dijo la verdad? Aunque el cinismo diga que en el servicio exterior hay que incluso mentir o callar para defender la posición de un país, el gobierno en esta pasada de todos modos debería haber reafirmado las razones que adujo en su momento la presidenta Bachelet para abstenerse en la votación en la ONU. De lo contrario solo queda pensar que “el que calla otorga”.

Otra cosa: la presidenta se evitaría complicaciones manejando sus “conversaciones privadas” con gente que realmente le haga honor a la palabra. Ahora el infidente fue Huepe. Antes lo fue el senador Flores, cuando divulgó en televisión la conversación que había tenido con la mandataria.